domingo, 13 de marzo de 2016

Spotlight


Mi segunda reseña dominical va para Spotlight, flamante ganadora del Oscar a la mejor película de 2015. Su estreno ha coincidido con el escándalo de las denuncias por abusos sexuales en un colegio de Barcelona gestionado por Hermanos Maristas y por la salida a la luz de informes internos del Vaticano que recogen las cerca de 6.000 denuncias de pederastia que ha recibido la Iglesias Católica a lo largo de la última década. Tan sólo la mitad de esos casos han llegado a juicio. Así pues, la visión de esta película no puede provocar otra cosa que un extraña sensación de disfrute mezclado con rabia e indignación. Y es que yo soy uno de esos que a principios de los 80 no se perdían ni un capítulo de Lou Grant, serie televisiva que mostraba los entresijos de la redacción del periódico Los Angeles Tribune. Por eso, las películas de investigaciones periodísticas me encantan. Con esa base, no es de extrañar que Spotlight no haya sido una excepción, aunque al final –como ya os he avanzado– me haya provocado un gran enfado. Dirigida por Tom McCarthy y escrita por él mismo y Josh Singer –guionista bregado en la televisión–, Spotlight cuenta con la participación principal de Mark Ruffalo, Michael Keaton, Rachel McAdams y Liev Schreiber para dar forma a la historia de la investigación que llevaron a cabo un grupo de reporteros del Boston Globe y destapó la trama de ocultación de abusos sexuales que durante décadas habían cometido sacerdotes de la archidiócesis de Boston con la connivencia de algunos abogados y la tolerancia de ciertos círculos de la sociedad que, por no enfrentarse a la Iglesia, miraban hacia otra parte. 


Lo dicho, amiguitos, ni más ni menos que la mayor red criminal de pederastia del mundo occidental, sin penas judiciales –a lo sumo trasladaban a los culpables a otra escuela o parroquia en la que repetían su comportamiento–, con el agravante de que se cometían en el seno de la Iglesia Católica. Como uno de los personajes dice, creciendo en la religiosa Boston, si un sacerdote te escogía, era como si Dios lo hiciese. En fin, piltrafillas. Spotlight, más que por acción o cualidades técnicas –aquí sólo veréis periodistas haciendo investigación, entrevistando y corriendo contrarreloj–, posee la fuerza de las interpretaciones de sus protagonistas –Keaton y Ruffalo, sobre todo– y de la historia en si, pesada como una enorme losa marmórea cuando uno es consciente que lo que ha visto es sólo una muestra centrada en Boston. Pero en los Estados Unidos pasaba lo mismo en muchas otras diócesis... y lo mismo en las de muchos otros países. Para ser justos, hay que decir que no se puede poner en el mismo saco a todos los sacerdotes ni a todas las congregaciones que realizan su trabajo pastoral por el mundo, estamos hablando de un porcentaje pequeño en relación al todo. Sin embargo, ¿qué pasa cuando te toca a ti o a un compañero de colegio... o a un hijo? Total, que esto salió a la luz hace poco más de diez años y ha sido ahora cuando el Papa Francisco –tras crear una secretaría judicial para tratar en exclusiva estos casos– ha aceptado que tienen trabajo para cincuenta años. Tenéis que verla.