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domingo, 30 de agosto de 2026

Frankfurt am Main und andere Städte (XI)


Y bajo un sol de justicia, ascendimos –por suerte existe la posibilidad de hacerlo en funicular– al impresionante Schloss parcialmente en ruinas. De origen medieval, con añadidos góticos y renacentistas, fue residencia de los condes palatinos renanos y de los electores, que lo transformaron en un verdadero centro de poder. Con majestuosos edificios como el Ottheinrichbau y el mejor conservado Friedrichsbau, desde su mirador ofrece unas vistas fantásticas de la ciudad en la que finaliza el grueso de mi reportaje fotográfico, que no mi estancia en Alemania. 
 

Eso es porque del sábado no tengo imágenes ya que fue el día escogido para reunirnos con mi hermana y mi cuñado, una jornada fantástica en la que disfrutamos de su compañía y dejé descansar la cámara. Y el domingo era el día destinado en principio a trasladarnos hasta Stuttgart para visitar el Mercedes-Benz Museum y dar un paseo por la capital de Baden-Württemberg. Sin embargo, vamos teniendo una edad y el calor y las caminatas de la semana habían hecho mella en nosotros por lo que dedicamos el día a relajarnos, paseando sin prisa y disfrutando más de lo habitual del aire acondicionado del hotel antes del viaje de vuelta. Así, concluyo las entradas de nuestras vacaciones estivales con imágenes de los exteriores del cementerio judío de Battonnstrasse y su muro exterior con bloques de metal con los nombres y fechas de vida de los judíos deportados de Frankfurt, el río, la Alte Oper y sus alrededores, la zona de Römerberg al atardecer 
–donde cené una fantástica Schwäbisches Haschee vom Kalb, plato bávaro de salsa de carne acompañada de Kartoffelpüree– y de nuestra última copa a orillas del Meno. 
 
Y eso es todo. Como siempre, espero que a los que no conozcáis las ciudades de las que he hablado, os entren ganas de visitarlas y que a aquellos que ya las hayáis recorrido os haya traído buenos recuerdos.
 

sábado, 29 de agosto de 2026

Frankfurt am Main und andere Städte (X)


Hoy toca hablar de nuestra visita a Heidelberg, localidad situada en el valle del río Neckar que, como el Meno, también es un afluente del Rin. Así, después de llegar a la ciudad en tren y desplazarnos en tranvía –el calor hacía inviable el recorrido a pie– hasta la Bismarckplatz, iniciamos nuestro paseo por la Hauptstrasse, desde donde se accede a la iglesia de los Jesuítas de Heiliger Geist und St. Ignatius, que nos pareció muy bonita con sus paredes blancas, quizás porque antes habíamos entrado en la protestante Providenzkirche que no nos emocionó especialmente. La Hauptstrasse, vamos, lo que en nuestro país se llamaría Calle Mayor, desemboca en la Marktplatz, la plaza más importante de la ciudad, rodeada de restaurantes, con la Herkulesbrunnen en el centro, el Ayuntamiento a un lado y la enorme Heiliggeistkirche al otro. 
 

La iglesia, de estilo gótico tardío y construida con arenisca, ha sido reformada en numerosas ocasiones a lo largo de su historia –la última en el siglo XX– y tiene numerosas vidrieras contemporáneas. La que os muestro, por ejemplo, es de la artista de Düsseldorf Hella Santarossa. Y después de la visita obligada al viejo puente, la puerta Stadttor, el Brückenaffe (literalmente mono del puente, escultura en bronce que replica la anterior en piedra destruida en el siglo XVII) y sus ratoncitos vecinos, decidimos visitar el monumento más importante de la ciudad, el Heidelberger Schloss que ya íbamos divisando tanto desde el Alte Brücke como desde la plaza Kornmarkt en su imponente ubicación en la ladera de la colina Königstuhl.
 

viernes, 28 de agosto de 2026

Frankfurt am Main und andere Städte (IX)


Y después de comer, continuamos con nuestro paseo por Mainz que nos condujo a orillas del Rin, no sin antes admirar el interior de la Pfarrkirche St. Ignaz. De estilo neoclásico, alberga un órgano de principios del siglo XIX del que más del 80% de sus tubos son los originales construidos por Bernhard Dreymann. Una vez junto al río, ni la proximidad del agua rebajaba la sensación de ahogo que el sol y el calor de esas horas nos provocaba. Aún así –si se tiene que hacer se hace, turismo obliga– dimos un largo paseo por el parque de esculturas Rheinufergalerie, entre las que destacaban para mi gusto Raubkatze de Philipp Harth y esa bailarina de la que desconozco el autor. Y desde el río regresamos a la estación por la Kaiserstrasse, avenida en la que destaca la cúpula –no entramos, estábamos demasiado acalorados– de la Evangelische Christuskirche. 
 

Ya en Frankfurt, tras un corto descanso en el hotel, dimos un nuevo paseo al atardecer por la ciudad que nos llevó a la denominada orilla de los museos en Sachsenhausen, en ese momento que los fotógrafos denominan la golden hour y que me ofreció esa luz especial con la que tomar unas fotografías entre las que destaca para mi gusto la del edificio del Banco Central Europeo. Completo las imágenes del día con la de un pequeño utilitario que me encontré antes de cenar.