martes, 23 de agosto de 2016

Cedric Viollet


Hola a todos, hoy nos visita Cedric Viollet, un fotógrafo parisino de formación autodidacta que tuvo una adolescencia artísticamente marcada por el dibujo y la pintura y que, después de dedicarse durante años a realizar fotografías para publicaciones relacionadas con su gran pasión –el skateboard– decidió dar el salto a un mundo con más glamour. Así, tras residir en Londres por un tiempo y colaborar con firmas como Kenzo, actualmente su carrera está enfocada a la moda y los retratos y cuenta entre sus clientes con marcas o publicaciones como GQ, Figaro Madame, Interview, Renault, Lacoste o L’Oreal.

lunes, 22 de agosto de 2016

Marco Ortolan


Inicio la semana con el bonaerense Marco Ortolan, un pintor formado entre su ciudad natal y Venecia, autor de unas obras de gran realismo en las que la luz tiene una importancia capital.

domingo, 21 de agosto de 2016

Christian Rex Van Minnen


Pongo la guinda al domingo con el interesante y sorprendente trabajo de Christian Rex Van Minnen, un artista inspirado en los grandes maestros de la pintura holandeses –y por el milanés Arcimboldo, añadiría yo– que inició su carrera como paisajista hasta que descubrió su pasión como pintor figurativo neoclásico... o algo así.

Money Monster


Y ahora, amiguitos, os comentaré Money Monster, una película que a punto estuve de ir a ver a una sala de cine y que –por suerte– acabé no haciéndolo. Dirigida por Jodie Foster, lo que la cinta nos cuenta es el mal trago por el que pasa Lee Gates, el presentador estrella de un programa de televisión dedicado a la bolsa. Con un gran sentido del espectáculo –lo que incluye surreales bailes–, habla de Wall Street, índices bursátiles y anima a sus fieles espectadores a comprar acciones de diversas empresas o fondos de inversión. Sin embargo, Kyle Budwell pierde los ahorros de su familia por seguir uno de sus consejos y decide secuestrar a Gates con el fin de obtener respuestas. ¿Cómo una empresa que –según el presentador– era un valor seguro pudo perder de golpe 800 millones de dólares? 


Protagonizada por George Clooney –también es uno de los productores–, Julia Roberts, Jack O’Connell y con la aparición de Dominic West, a quien muchos conoceréis por ser el McNulty de la serie de culto The wire, Money Monster tiene a su favor el endiablado montaje de Matt Chesse, las interpretaciones de Roberts y Clooney y ciertos toques de humor que aligeran de tensión la historia aunque el desenlace de la historia sea previsible y obvio. Lo malo es que el argumento se explicaba en diez minutos y resulta artificial el metraje de poco más de hora y media para comunicarlo. Eso no hace más que otorgar a la cinta una manifiesta falta de profundidad, utilizando para transmitir su mensaje precisamente el mismo canal que se critica en la película. A lo mejor esa era la intención de Foster, demostrar la banalidad de un negocio que ni cuando pretende ser serio puede dejar de seguir las pautas propias del espectáculo de masas. Total, que de ninguna manera es una mala película, pero a mi me ha parecido que no tenía enjundia suficiente. Entretenida y bien hecha, sí, pero ¿era sólo eso lo que Foster pretendía?

Angels die hard


Piltrafillas, a mediados de los años 70, se estrenó en televisión la serie Hombre rico, hombre pobre. Sus protagonistas principales fueron Peter Strauss y Nick Nolte, pero quién acaparó más atención del público –sobre todo en España– fue William Smith en su papel del canalla Anthony Falconetti, un personaje tan carismático a la par que execrable que en el vocabulario popular se introdujo el apelativo falconeti para designar a personas de manifiesta maldad. Pues bien amiguitos, os cuento esto porque en esta Angels die hard de la que os quiero hablar hoy aparece William –no confundir con el príncipe de Bel Air– en un papel anterior pero igual de infame. Dirigida y escrita por Richard Compton, esta cinta de género bikesploitation nos cuenta como una pandilla de moteros llamados Angels llegan a Whiskey Flats, una pequeña localidad californiana a orillas del lago Isabella, a medio camino entre el mar y el Valle de la Muerte –en realidad el lugar se llama Kernville desde que a mediados del siglo XIX cambió su nombre– y empiezan a liarla propiciando una batalla campal con algunos habitantes del pueblo. El sheriff sólo realiza una detención, pero hace un trato con Blair –el jefe del grupo– y le dice que si cogen sus motos y se van, en un par de días soltará a su compañero. Vemos que en el pueblo, típica morada de palurdos, están en fiestas –se nos muestra, por ejemplo, cómo los zagales persiguen a un cochinillo dentro de un cercado a modo de ejemplo del tipo de actividades que se llevan a cabo en los festejos– y nosotros conocemos a la joven Nancy y su pretendiente galán. Total, que el sheriff se ve obligado a cumplir su palabra y dejar libre al motero. En los momentos previos a que este abandone Whiskey Flats vemos como la inocente Nancy observa embelesada la Harley-Davidson del pandillero, fascinada por lo que representa, esa metáfora de libertad, excitación y peligro como contrapunto a su vida en ese agujero de rednecks


Pero el motorista nunca se reunirá con sus compañeros de la banda porque fallecerá en extrañas circunstancias al abandonar los límites del condado de Kern. Así que, cuando los Angels se enteran, regresan con el cadáver de su amigo a Whiskey Flats para oficiar un funeral e intentar averiguar lo ocurrido. Amiguitos, pese a que ya hemos visto que se trata de unos tipejos pendencieros y misóginos y el realizador nos los presenta con una imagen de zopencos, verdaderos mastuerzos con nivel intelectual limitado y escasa concentración neuronal en el cerebro, lo primero que hacen los Angels –por cierto, a estas alturas ya hemos podido advertir el carisma de William Smith como lugarteniente de Blair, el típico hombre que está tras el jefe, asesorándole, conteniéndole y en definitiva, dirigiendo el grupo en la sombra– es ayudar a la población en la salvación de un crío. Por otra parte, lejos de lo que cualquiera esperaría –recordad Mad Max–, los moteros no se han dedicado a arrasar el pueblo. Por eso, cuando Nancy desaparece y acusan a la banda, nuestras simpatías están con Tim, Blair y compañía. En fin, piltrafillas, si os digo la verdad, la película es bastante mala. El guión es de pena, la historia no tiene profundidad y sobran escenitas de choppers por la carretera –por cierto, el triciclo customizado que remolca el féretro es de lo más cutre–, pero es un pequeño exponente del género que me ha parecido bien presentaros.