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Con la visita a Nürnberg del día anterior en el recuerdo, atravesamos el ecuador de nuestra semana de vacaciones por Alemania dirigiéndonos nuevamente a la estación dispuestos a trasladarnos a Mainz –mi padre tiene una edad y le llama Maguncia–, ciudad a orillas del Rin con un importante puerto fluvial. Y lo primero que llamó nuestra atención al poco de llegar fue la figura de muchos de sus semáforos. Si en Berlín encontramos a los Ampelmännchen, en la capital del Land de Rheinland-Pfalz encontramos a Det, uno de los personajes de la serie de dibujos animados Mainzelmännchen que se emite en el canal ZDF desde principios de los años 60. Nuestro paseo por lugares de interés comenzó en Schillerplatz. Siendo una ciudad conocida por sus fiestas de carnaval que duran seis días y seis noches, no es de extrañar la presencia en la plaza de la enorme Fastnachtsbrunnen, fuente de bronce con más de 200 personajes alegóricos de la festividad. Y no muy lejos se puede encontrar la Fischweiberbrunnen, que si ya resulta interesante en si misma, mientras la fotografiaba recibió la visita de una invitada que se integró perfectamente en el conjunto.
Tras un ascenso por la Gaustrasse, se llega a la iglesia católica de Stephanskirche, de estilo gótico tardío y cuyo principal atractivo es su especial atmósfera interior con el azul como protagonista gracias a unas vidrieras diseñadas por el artista Marc Chagall. Y completo las imágenes de hoy con la Mädchenbrunnen o fuente de las niñas en la Ballplatz, una escultura de bronce titulada Mutanten obra del artista de la ciudad Johannes Metten y la Leichhofbrunnen, fuente con cinco figuras que representan la historia de la ciudad y su creación, desde donde desembocamos en la enorme Marktplatz ante la Catedral. Pero de esta ya os hablaré mañana.
Y si ayer os hablé del Alexander Lavrentyev fotógrafo, hoy os quiero presentar al artista en el que –quién sabe si inspirado por los cuadros con los que pasaba tanto tiempo– se convirtió tras dejar su trabajo en el Hermitage en 2022, volcando en la pintura todo su talento y creatividad.
De regreso a la plaza del mercado, pudimos visitar la Frauenkirche –por la mañana estaba cerrada–, un templo gótico en el que destaca el bonito reloj mecánico de su fachada principal. Dedicada al culto católico, su interior no era tan impresionante como el de las iglesias visitadas ese mismo día pero contenía algunos rincones muy bonitos. Y buscando algo de sombra paseamos junto al río por los alrededores del antiguo Spital zum Heiligen Geist, aunque al no conseguir mitigar nuestro calor acabamos en un Starbucks al abrigo de su aire acondicionado.
Tras recuperar el aliento, hidratarnos, bajar la temperatura corporal y comentar diversos aspectos de la variopinta clientela –la mayoría muy joven–, regresamos a la calle sin un destino marcado, lo que nos llevó hasta la Weisserturm y la recargada e impactante fuente Ehekarussell, llena de esculturas de bronce obra de Jürgen Weber que representan una visión satírica del matrimonio basada en un poema de Hans Sachs, poeta ilustre de Nürnberg. Justo al otro lado de la torre visitamos la iglesia católica dedicada a Santa Elisabeth, que destaca por su planta circular y enorme cúpula, sin nada que ver con los templos del resto de la ciudad. Y sin prisa pero con decisión, decidimos emprender camino de regreso a la estación para así poner fin a nuestra visita a la más que interesante y muy recomendable Nürnberg. De regreso en Frankfurt y después de pasar por el hotel, cenaríamos en el O’Reilly’s –en mi caso algo tan poco alemán como una refrescante Guinness con fish & chips–, un pub irlándés que visitaríamos más de una vez en nuestra estancia en la ciudad del Meno.