viernes, 16 de octubre de 2026

Saxon – Saxon (Carrere, 1979)


Tras una involuntaria ausencia causada por la definitiva defunción largamente anunciada de mi ordenador, regreso al blog con mi entrada quincenal, en esta ocasión dedicada a Saxon, unos chicos de Barnsley que el año próximo cumplirán medio siglo como banda aunque comenzaron su andadura con el poco edificante nombre de Son of a Bitch. Mi primer vinilo del grupo fue Crusader, que corrí a comprar tras ver en televisión el vídeo de Just let me rock. A partir de ahí me dediqué a adquirir los que salieron a continuación y a completar la colección con los anteriores... aunque sólo de la década de los 80, un TOC como cualquier otro. Sin embargo, uno lo supera (casi) todo y este verano he puesto remedio a tal despropósito trayéndome a casa como recuerdo de Frankfurt una edición francesa del disco homónimo de la banda, su debut de 1979, la obra seminal de una de las bandas estandarte de la NWOBHM –a estas alturas ya tiene poco de New– que en menos de media hora, con una producción algo tosca y con una horrorosa portada perpetrada por unos tal Grafix, nos mostraba una primeriza versión de lo que estaban llamados a ser a partir de la siguiente década. 
 
Así, los Saxon –al conseguir un contrato con el sello francés Carrere tuvieron que olvidarse de su nombre original ya que los responsables de la discográfica en Inglaterra sabían que de otra forma no podrían obtener minutos en la radio– con el line up formado por Biff Byford a las voces, Graham Oliver y Paul Quinn a las guitarras, Steve Dawson al bajo y Pete Gill a la batería, se metieron en los londinenses Livingstone studios con John Verity a la producción, guitarrista con banda propia que también había pasado por Argent o Phoenix y a quien habían teloneado los Son of a Bitch. Y pese a la mediocre producción –aun así, mucho mejor que la de muchas obras ochenteras de nuestro país, ojo– y la falta de himnos, la verdad es que el resultado supone un más que aceptable debut. O quizás es mi amor por el grupo, que todo lo suaviza. 
 

En la lista de canciones, la primera que encontramos es Rainbow theme/Frozen rainbow con un sonido muy parecido al de los temas más inspirados en el prog de los iniciales Maiden –aquí también tiene mucha presencia el bajo de Dawson y los solos de guitarra son largos y elaborados–, aunque con una voz totalmente diferente a la de Di’Anno, aquí más melódica y bluesera. La banda se acelera con el siguiente tema, una Big teaser con alegría pero poco metálica, si acaso un hard rock con unos arreglos con coros y cierto regusto a glam rock setentero a lo The Sweet, muy pegadiza. Judgement day es otro tema con gran presencia de bajo, también lleno de ritmo pero con más carga hard rockera que el anterior, con un interludio melódico en el centro de la canción en el que bajan las revoluciones. Es un tema con varios ambientes ya que en la parte final cambian el ritmo hacia una especie de hard blues que finaliza con un solo lleno de distorsión. 
 

La cara B se inaugura con Stallions of the higway, todo un exponente de tema motero de heavy metal tardosetentero que es la simiente del sonido que desarrollarían en sus siguientes obras, puramente Saxoniano. Le sigue Back to the wall, otro ejemplo del metal de la nueva ola, con arreglos que igual que el tema anterior sientan las bases de lo que la banda grabaría en futuras obras. En cierta manera, creo que este disco es de unos proto-Saxon previos a los definitivos tal como en la década posterior los conoceríamos la mayoría. Still fit to boogie tiene una melodía que en algunos momentos me recuerda a 20.000 ft del SAOTL y es un tema de hard rock potente y enérgico, aunque sin nada que lo haga especial para mi gusto. Y para finalizar, llega Militia guard, con ese inicio de marcha militar que parece que va a coger un acelerón.... y de pronto, gracias a una guitarra acústica, se convierte en una especie de hard folk rock con una producción algo embarullada que a lo largo de su desarrollo nos trae diversos cambios de ritmo. 
 

Lo dicho, un debut demasiado primerizo, con una producción que no le ayuda a brillar precisamente, pero más que digno y todo un documento que finalmente completa mi humilde colección con los primeros 10 vinilos de los Saxon. 
 
¡Feliz viernes! 
@KingPiltrafilla

Entrada publicada simultáneamente en ffvinilo@blogspot.com

domingo, 13 de septiembre de 2026

Chiara Dondi


Despide la semana otra italiana, esta vez la fotógrafa Chiara Dondi. Afincada en Bolonia, se formó en diseño y arquitectura por la Università di Firenze. Sin embargo, tras descubrir una vieja cámara de 35mm de su padre, se aficionó a la fotografía e inició un camino de expresión artística que combina el uso de película y el coloreado con acuarelas.

Necrophagous (1971)


Es momento de agenciarse un bol de palomitas y un copazo de ron añejo y afrontar la visión de esta Necrophagous, también conocida como The butcher of Binbrook entre otros títulos. Escrita y dirigida por Miguel Madrid que en algunas versiones aparece bajo el seudónimo de Michael Skaife, cuenta con la participación de Bill Curran, Catherine Ellison, John Clark y los carismáticos Frank Braña y Víctor Israel, además de María Paz Madrid, Beatriz Elorrieta o Inés Morales junto a otros actores y actrices. Su argumento nos cuenta como Michael Sherrington regresa al castillo familiar para reencontrarse con su mujer embarazada para descubrir horrorizado que esta falleció en el parto y que su hija también nació muerta. Por si eso fuera poco, su hermano –el conde Sir Robert Binbrook– ha desaparecido. A Michael le asaltan los interrogantes pero sus preguntas no obtienen respuesta alguna. Lady Anne, la mujer de su hermano, dice no saber nada y le recomienda que pregunte a la madre de su mujer y a sus cuñadas. Pero su suegra le echa en cara su ausencia y culpa a su prolongado silencio de la muerte de su hija. Michael no entiende nada porque asegura que escribía a su mujer cada día –vaya, ¿no había teléfonos en el castillo?–, algo que ni la afligida Barbara ni sus hijas Pamela y Lilith corroboran. Le recomiendan hablar con Dr. Kinberg que es quien firmó el certificado de defunción y este le emplaza a preguntar al Dr. Lexter, el médico personal de la familia. Vamos, que unos y otros se quitan de encima al pobre Michael, que comienza a perder los nervios. Mientras todo a su alrededor se desmorona –Lady Anne incluso ha tenido que despedir al servicio por la falta de medios económicos que sufre la familia–, el joven viudo se empeña en hablar con el sepulturero del pueblo y le propone abrir el ataúd de su esposa. Como este se niega, una noche salta la verja del cementerio y lo hace él mismo, encontrándose con que la tumba está vacía justo antes de ser atacado por dos enmascarados y ser encerrado en una mazmorra junto a un extraño ser monstruoso. 
 

A partir de ese momento –por cierto, la escena del encuentro con la criatura es de lo más lamentable que he visto nunca– nos enteraremos de algunos secretos familiares y finalmente del desenlace de la historia, que pondrá la nota de horror gótico al argumento. La verdad es que tengo mucha simpatía por estas obras de lo que se dio en llamar fantaterror hispano, algunas rodadas con pocos medios, mucha voluntad y desigual talento –poco en esta ocasión– que en esta Necrophagous no goza ni de imágenes impactantes con sangre y vísceras ni –quizás era aún demasiado pronto– de las consabidas escenas de jovencitas asustadas sin ropa. Y aunque la idea general es buena e interesante, el resultado es un poco patético. Con exteriores rodados en la provincia de Segovia, la acción simula tener lugar en un lugar indeterminado de Inglaterra pero desde el tren en el que Michael se dirige al castillo familiar se ve un tráiler Pegaso circular sobre un puente, algo más español que el toro de Osborne. También vemos armas que disparan sin que salga un solo fogonazo de sus cañones, asistimos a flashbacks sin sentido, abruptos y mal resueltos, interpretaciones poco naturales y en varias ocasiones mostrando incluso cierta desidia por parte de los miembros de la escena, montaje caótico, fotografía y encuadres poco cuidados... en fin, un despropósito. Sin embargo, consigue mantener una atmósfera tensa y enrarecida en buena parte del metraje y está dotada de un extraño encanto que me obliga a recomendaros su visión. En resumen, una cinta no especialmente remarcable pero que tiene su atractivo. O a lo mejor soy yo, que lo veo donde no lo hay.

Paolo Puck


Es momento de hablaros del italiano Paolo Puck, un artista formado como ilustrador que en los últimos años se ha volcado en la escultura, a la que accedió de forma totalmente autodidacta. Juguetes, cascos, trajes o motivos puramente artísticos centran actualmente su trabajo que ya consta en numerosas colecciones.

sábado, 12 de septiembre de 2026

Jelle Stokhof

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