skip to main |
skip to sidebar
La entrada de hoy comienza con una vista desde el ventanal de la salita de nuestra habitación e imágenes tomadas durante el paseo por Dorsoduro que nos llevó hasta la Fondamente delle Zattere, límite sur de la ciudad que recorre la casi totalidad del Canale della Giudecca.
Podéis ver vistas de la Parrochia di Santa Maria dei Gesuati, el canal y las islas de Giudecca o el Rio de la Fornace hasta llegar a la Punta della Dogana, donde el canal se une a la cuenca de San Marco y desde donde se pueden ver tanto la isla de San Giorgio Maggiore como las edificaciones de la zona de la Piazza di San Marco. Y es que nuestro objetivo de esa mañana era visitar la basílica barroca de Santa Maria della Salute.
Y después, vía Ponte dell’Accademia y con la pertinente parada para tomar un Negroni, esta vez de aperitivo, cruzamos Venezzia de sur a norte dispuestos a recorrer –y comer un plato de pescado frito– en el sestiere de Cannaregio, con el Ghetto Ebraico en nuestro punto de mira.
En el día en que recordamos la triste muerte de Jason Voorhees, la primera víctima de bullying que protagonizó una saga cinematográfica, os traigo al belga Harry Gruyaert, un fotógrafo de Amberes afincado en París cuyo primer sueño fue convertirse en realizador de cine y acabó viajando por medio mundo inmortalizando sus diversos rincones en unas instantáneas rebosantes de color.
Tras la llegada a Burano, nos dispusimos a buscar un sitio para comer antes de dedicarnos a deambular por sus calles y canales. Famosa por sus casas de colores y la producción de encaje de hilo de gran calidad, la isla es más coqueta e indicada para el paseo relajado que Murano, aunque está mucho más alejada.
De regreso a Venezia, dejamos el vaporetto en la parada de la Fondamenta Nove, en el sestiere de Cannaregio. Era la hora de tomar un buen Negroni y lo hicimos a lo grande regresando a la Piazza di San Marco y entrando en el Caffé Lavena, un establecimiento del siglo XVIII que aún atesora su esencia y entre cuyas mesas Richard Wagner compuso partes de Parsifal y el dueto de Tristán e Isolda.
Ilustro la entrada con varias instantáneas fantasmagóricas de la zona, como los gigantes –se les conoce popularmente como Moros– que tocan la campana de la Torre dell’Orologio cada hora y la piazzetta, donde destaca la vista nocturna de la Porta della Carta, portal de mármol original del siglo XV ubicado entre la basílica y el palacio ducal que recibe su nombre por ser la entrada al patio en el que se podían encontrar las oficinas de los magnacarta, escribanos públicos que redactaban cartas y contratos para ciudadanos particulares, la mayor parte analfabetos.
Y finalizo la serie con imágenes de algunas galerías de arte que encontramos en nuestro camino de regreso al sestiere de San Polo.