Mostrando entradas con la etiqueta Viaje a Japón. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Viaje a Japón. Mostrar todas las entradas

sábado, 29 de abril de 2017

Viaje a Japón: Bonus


Pues eso ha sido todo, amiguitos. Con esta entrada pongo fin al diario de viaje ilustrado correspondiente a mi reciente viaje a Japón y aprovecho para dejaros el índice de cada día por si alguno de vosotros se anima y quiere coger ideas. 

Día 0: Vuelo y llegada a Ikebukuro 
Día 1: Shibuya, Harajaku, Shinjuku y Ginza 
Día 2: Asakusa, Ueno y Akihabara 
Día 3: Ikebukuro, Marunoichi, Ginza y Odaiba 
Día 4: Nakano... y lluvia 
Día 5: Kyôto 
Día 6: Nijo, Kiyomizu-dera y Gion 
Día 7: Kinkakuji, Ryôanji y Tôji 
Día 8: Nara 
Día 9: Hachiko, Gojira y regreso a Barcelona 

No quiero despedirme sin dedicar un espacio a los dos souvenirs que en forma de figurita de 5cm me he traído desde Nakano Broadway, los míticos Ultraman y Gojira. En cuanto a mis adquisiciones en vinilo, encontraréis referencias cada quince días en el estupendo blog FFVINILO


Ahora sí, さようなら... y ありがとうございます por estar ahí.

Día 9

viernes, 28 de abril de 2017

Viaje a Japón, día 9: Hachiko, Gojira y regreso a Barcelona

 
 
 
Con el convencimiento de que existen infinitas probabilidades de que no regrese a Japón –mi hija aún tiene una vida por delante pero en mi caso, después de tres visitas, no creo que vaya a volver nunca más– y estando obligado a dejar la habitación del hotel antes de las 11 de la mañana cuando nuestro vuelo está programado para las 22 horas, decidimos dedicar el día a aprovechar que la vida en ocasiones proporciona segundas e incluso terceras oportunidades. Así pues nos trasladamos a Tôkyô en Shinkansen –por cierto, que nos ofrece unas impagables vistas del Fuji-san que apenas pudimos atisbar bajo un mar de nubes desde el avión en nuestro vuelo de llegada– y dejamos nuestras maletas en la estación con la intención de pasar de nuevo unas horas en la capital, esa vez ligeros de peso al ni tan solo llevar nuestras mochilas, bajo un cielo primaveral. 

 
 
 
 
 
 
 
 

Nos trasladamos de nuevo hasta Shibuya, en donde mi mujer y mi hija recorren algunos comercios de ropa y yo pongo remedio a la desazón que me quedó tras mi última visita a Disk Union (ver Día 4). Antes me paso por Tower Records para buscar vinilos. La decepción es absoluta. En heavy metal, las novedades están en cedé –formato que hace años que no compro– pero los vinilos, relegados a un rincón de la quinta planta, son reediciones en su mayoría de las que podemos conseguir en cualquier FNAC o por internet. Además, ni se trata de ediciones japonesas. Así que regreso a ese paraíso llamado Disk Union –apuntadlo, amigos– y descubro una cubeta en la que no había reparado aún, dedicada al metal nipón en la que encuentro unos vinilos que no estaban mezclados en las que ya llevaba días removiendo y escogiendo material. En total me llevaré de Tôkyô 11 vinilos por menos de 50 euros al cambio. Alucinante. 


Otra de las segundas oportunidades que el día nos brinda es poder hacer la foto al perro Hachiko, que en la primera ocasión estaba acordonado a causa de una ceremonia en su honor y que pudimos ver un una segunda visita a Shibuya del todo deslucida por la lluvia. 

 
 
 
 
 

Dejamos atrás Shibuya y ponemos rumbo a Shinjuku para dirigirnos a la zona de Kabukichô y poder hacer la ansiada foto del Godzilla del Gracery (ver Día 4). 

Después de comer nos vamos hasta Tôkyô eki –a lo tonto, ya eran las 17 horas– y desde allí, con el Narita Express, hasta la terminal 2. 

 
 

Punto final. En este momento ya estamos en Barcelona. Hemos volado 11 horas desde Tôkyô hasta Dubái, en donde hemos pasado casi cuatro horas en tránsito y luego hemos volado casi siete horas más. Esta vez he escuchado playlists de Iron Maiden y Black Sabbath y he visto los dos volúmenes de Kill Bill, La chica del tren y una cinta de abogados con Keanu Reeves titulada Toda la verdad. Llevo 37 horas sin pegar ojo y lo que me queda, porque ya es hora de comer y forzaré no hacer siesta para poder dormir toda la noche. Por suerte tengo fiesta mañana. 

Eso ha sido todo, amiguitos. Espero que –como con ocasión de cada uno de mis viajes– os haya gustado el reportaje fotográfico y mis palabras os hayan podido ayudar para dar ideas de cara a una posible visita a, esta vez, el país del sol naciente. Sayônara.

Día 8

jueves, 27 de abril de 2017

Viaje a Japón, día 8: Nara

 
 
 
 
 
 
 

Hoy me he levantado a las 6:30 a.m. para buscar una pastelería abierta y comprar unos bollos de crema y chocolate en los que poner las velas a mi hija, que cumple dieciocho años en Kyôto. Después de desayunar hemos ido a la estación para coger la la línea D de JR en dirección a Nara, antigua capital del país como también lo fue Kyôto y lugar en el que se encuentra el Tôdai-ji, la construcción de madera más grande del mundo, que alberga un Buda gigante de bronce que sigue siendo impresionante pese a que, al haber sido refundido en varias ocasiones, en la actualidad es un tercio del tamaño original. 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Al llegar al templo nos ha caído un chaparrón que nos ha importunado un rato, pero que se ha ido igual que ha venido. Ójala hubiese sido igual el martes pasado (ver Día 4). Otra de las atracciones del recinto de templos –y negocio para los vendedores de galletas– son los cientos de ciervos sika que campan a sus anchas y que son considerados por el sintoismo como mensajeros divinos. No son en absoluto peligrosos, pero hay que tener cuidado porque han perdido el miedo y la vergüenza y en ocasiones mordisquean la ropa de los turistas si sospechan que en los bolsillos llevan alimento. 


Tras dejar atrás la zona del Tôdai-ji, hemos paseado por Nara, caminando por el distrito de Naramachi y por las galerías comerciales de Higashimuki, antes de regresar a Kyôto. Después de aprovechar para hacer ya la compra de los billetes de Shinkansen de mañana y darnos una ducha, nos hemos dirigido a un local de la cadena Musashi en los bajos de las galerías de la estación para darnos un festín de sushi a modo de celebración por la mayoría de edad de mi hija.

Día 7

miércoles, 26 de abril de 2017

Viaje a Japón, día 7: Kinkakuji, Ryôanji y Tôji

 
 
 
 
 
 

Se inicia un nuevo y soleado día indicado para el paseo por los rincones de Kyôto. Después del desayuno, cogemos el autobús 205 que nos lleva hasta el Kinkakuji, o Pabellón Dorado, por el que caminamos un buen rato admirando su belleza. 

 
 
 
 
 
 
 
 

Desde ahí, damos un corto paseo de unos veinte minutos hasta el templo zen Ryôanji, que alberga el mundialmente conocido jardín de rocas. Con quince piedras dispuestas en varios grupos sobre un rectángulo de grava, nadie sabe a ciencia cierta lo que representa –algunas universidades han realizado estudios, incluso con ordenadores– pero todo indica a que la disposición no es para nada aleatoria y está diseñada para incidir en el subconsciente buscando la relajación del observador, algo difícil de conseguir a no ser que se madrugue. 

 
 
 

La siguiente visita ha sido al no muy lejano templo budista Ninna-ji, que no hemos visitado porque no teníamos ganas de pagar 1500 yenes por ver un jardín de cerezos, árbol que en estas fechas se encuentra florido por todo Japón. 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 Este extraño edificio de estilo europeo con un torreón que parece imitar una iglesia de Florencia, por ejemplo, no sé lo que pudo ser en su origen pero en la actualidad es un restaurante chino de los caros.

 
 
 
 
 
 
 
 

Justo en la puerta hemos cogido el autobús 59 que nos ha acercado a la bulliciosa zona del centro de Kyôto por Kawaramachi-dori con sus centros comerciales, en la que hemos paseado por las típicas galerías cubiertas japonesas de Shinkyogoku y Teramachi antes de ir a Pontocho y buscar algo para comer por la zona a orillas del canal de Kiya-machi

 
 
  
El Coronel Sanders está en Kujo-dori.

 
 
 
 
 
 
 A destacar los protectores de los reposacabezas, imitando la cara de Hello Kitty.

 
 Por unos 10 euros, una gamba rebozada, cerdo a la brasa, hamburguesa con cebollino, unas patatitas, ensalada, sopa miso y tanto arroz blanco como uno quiera. La jarra de cerveza aparte.

Tras un descanso en el hotel, paseamos por Kujo-dori hasta el templo budista Tôji, con su pagoda de cinco pisos –la estructura de madera más alta de Japón– que es uno de los símbolos de Kyôto más queridos y respetados por sus habitantes. Por supuesto, al atardecer ya estaba cerrado el recinto por lo que nos hemos limitado a disfrutar de las vistas y nos ha servido como excusa para pasear por la parte sur de la ciudad, poco conocida, antes de cenar y retirarnos a descansar.

Día 6
Día 8