Mostrando entradas con la etiqueta música. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta música. Mostrar todas las entradas

viernes, 4 de septiembre de 2026

Whitesnake-Slip of the tongue (EMI, 1989)


Cuando Dani publicó su reseña del 1987 de Whitesnake, me sorprendí tanto como él de que ni ese álbum ni su sucesor estuviesen en el blog. Hubiese apostado a que así era. Luego, en los comentarios explicó que él también se había extrañado y tras investigarlo concienzudamente resultaba que Manu había retirado sus entradas. Tras la pertinente solicitud recibió el permiso para hablar de su copia del 1987 y en mi caso, después de obtener la autorización correspondiente, me he decidido por reseñar este Slip of the tongue
 
Slip of the tongue: Expresión en inglés para el latinismo lapsus linguae, que define un error del lenguaje hablado que se da cuando uno dice una cosa que no era la que quería decir. Por supuesto, ese no es el verdadero sentido de la expresión que da título a este álbum, que se refiere a otro tipo de desliz lingual. Ya me entendéis. 
 

Dicen que un buen líder es el que se rodea de estrellas para hacer más fuerte a su equipo y uno malo el que las aparta para que no le hagan sombra. Total, que estamos en verano de 1988 y tras las ventas multiplatino de 1987, el vocalista David Coverdale despide a John Sykes y afronta la posterior marcha de Neil Murray y Aynsley Dunbarr con la contratación de un nuevo line up con el que defender la obra en un tour internacional. Así, ficha a los para nada desconocidos Vivian Campbell y Adrian Vandenberg como guitarristas, a Rudy Sarzo como bajista y a Tommy Aldridge como batería (los dos últimos ya habían coincidido en tour en la banda de Ozzy Osbourne) con quienes gira por escenarios de medio mundo. Pero a la hora de entrar en el estudio para grabar un nuevo disco –la presión tenía que ser enorme, imaginad– Campbell abandona el grupo (se dice que por el mal rollo que había provocado una pelea de su pareja con Tawny Kitaen, la absorbente novia de Coverdale) y Vandenberg se lesiona la muñeca. Vaya por Dios. Las malas lenguas dicen que simplemente no tenía ni el carisma ni el nivel a las seis cuerdas que Coverdale quería para superar a Sykes por lo que pese a su valía como guitarrista y compositor, se imponía conseguir un guitar hero que diese a la banda un empujón para superar o al menos igualar el éxito de 1987
 
Y ahí estaban el fantástico Steve Vai y su enorme talento. El joven, educado por Frank Zappa, graduado en Alcatrazz y con un master en espectáculo junto a David Lee Roth era reclutado por David Coverdale, no por sus florituras y solos ampulosos sino –según el vocalista– por la presencia escénica que desprendía en Crossroads, la película de Walter Hill protagonizada por Ralph Macchio. Ay David, qué cosas dices. 
 

Coverdale
ofreció a Vai un millón de dólares de 1988 (unos 3 millones actuales) para que le ayudase a grabar el disco y le acompañase en la gira de presentación del mismo y Vai, que necesitaba dinero para dar forma a su propio proyecto personal, aceptó encantado. Además, le dio carta blanca para hacer lo que quisiese. ¿Qué podía salir mal? Adrian Vandenberg había compuesto junto a Coverdale el esqueleto de buena parte de los temas que irían en el álbum, con rítmicas de guía y algunas bases grabadas, pero distaba mucho de tener un material que pudiese superar lo hecho por Sykes. Y al igual que aquel no intentó replicar el sonido de Micky Moody y Mel Galley, Vai tampoco se fijó en Sykes para dar color y brillo a su interpretación. 
 

Así pues, Coverdale, Sarzo, Aldridge y Vai, con la ayuda de los teclistas Don Airey (Colosseum II, Rainbow, Ozzy Osbourne), David Rosenthal (Rainbow y antiguo compañero de Vai en el Berklee College of Music), Alan Pasqua y el candiense Claude Gaudette más la colaboración a los coros del gran Glenn Hughes, Richard Page (Mr. Mister) y el omnipresente Tommy Funderburk, dieron forma en los estudios neoyorquinos The Record Plant con Mike Clink y Keith Olsen a la producción a este Slip of the tongue que hoy os presento y que con portada de Hugh Syme –lo que tienen las modas, no había disco importante en la época que no contase con él para resultar atractivo– llegaría a las tiendas como el hijo tonto de la familia, el hermano torpe del quarterback del instituto, es decir, una decepción en proyecto. Y es que por mucha laca, tinte, lentejuelas y solos rimbombantes que vistiese ¿cómo podía superarse en poco más de un año un disco que había reventado las emisoras y vendido 25 millones de copias? Ni San Steve Vai era capaz de eso. Pero no nos engañemos, Slip of the tongue es un discazo. Vaya si lo es. Veamos. 
 

El discarral comienza de manera grandilocuente con una obertura de teclados a los que no tardan en unirse el resto de los instrumentos. De esa manera se inicia Slip of the tongue, el tema que da título al disco (de mis preferidos y uno de los cuatro que de por si justifican la compra y disfrute de la obra) con un primer riff en el que ya se dejan entrever las filigranas que nos irá regalando Vai en cantidades industriales a lo largo del álbum. La base rítmica es una pasada y Coverdale a las voces desprende chulería y fuerza. Mención aparte merece el solo, de alucine y típicamente Vai. Con una atmósfera más hard bluesera pero con mucha energía y un sonido que recuerda a lo hecho por Vai con David Lee Roth llega Cheap an’ nasty. La verdad es que el trabajo del guitarrista impregna cada surco del disco, pero con protagonismo del resto de intérpretes, sobre todo la voz de Coverdale que es lo suficientemente carismática y potente como para otorgar al álbum de una cohesión como banda, algo que no ocurriría en el estupendo disco que grabaría con Page
 


La versión de Fool for your loving es menos bluesy que la original, pero mantiene su esencia y le aporta un extra de músculo. Now you’re gone es de esos temas resultones, muy radiables, que no tienen nada en particular que destaque especialmente pero que quedan redondos, para qué pedir más. Y termina la cara con Kittens got claws, un potente hard rock con el que es imposible no menear la cabeza. 
 



Damos la vuelta al vinilo y llega otra imprescindible para mi gusto, Wings of the storm, enérgica aunque con teclados que le aportan una atmósfera grandilocuente y guitarras rápidas, con muchas capas de sonidos marca de Steven Siro Vai. El solo –o solos, ya que son varios en uno– es de campeonato. Temarral. Le sigue The deeper the love, segundo single del álbum y de esas power ballads pastelosas que con buenos músicos y producción inmaculada uno no puede decir que sean malas pero que me generan cierto rechazo. Todo lo contrario que la soberbia Judgment day y su potente inicio de batería, un medio tiempo pesado que avanza arrastrándose como un voluminoso reptil mientras Coverdale le imprime sentimiento a sus líneas vocales y Vai hace... bueno, lo que sabe hacer magistralmente. 
 



Luego tenemos Slow poke music, de nuevo un hard rock directo y (casi) sin artificios que tras lo escuchado y antes de lo que está por venir queda un poco infravalorado pero que, por ejemplo, tiene un trabajo de batería estupendo por parte de Aldridge que hay que remarcar. La guinda la pone la cuarta imprescindible de mi lista particular, épica, emotiva, con un inicio suave que va evolucionando hasta ese grand finale que convierte a este disco en una obra maestra, a veces creo que incluso por encima de su predecesor, mirad lo que os digo. Ambos, Vai y Coverdale, se salen en Sailing ships, la mejor del disco para mi gusto. 
 


En fin, un enorme álbum en mi opinión que se vio ensombrecido por un disco de nivel comercial estratosférico que ni sus autores esperaban alcanzar –gracias a Sykes, algo nunca suficientemete reconocido y agradecido por Coverdale– y a veces es tratado injustamente como una rareza que no tiene el sonido de hard blues rock al que se acostumbra a asociar a Whitesnake. La verdad es que, visto el resultado, no me importa en absoluto. 
 
¡Feliz viernes! 
@KingPiltrafilla
 
Entrada publicada simultáneamente en ffvinilo.blogspot.com

viernes, 19 de junio de 2026

Slade – Nobody’s fools (Polydor, 1976)


A modo de preámbulo, ya os conté aquí que una ocasión compré lo que según la funda era un disco de Sammy Hagar y resultó ser otro de Gambler. Con los años me hice con el correcto y –aunque con una carátula que no le corresponde– también conservo el más que aceptable Love and other crimes. Y mirad que, a la hora de comprar vinilos de segunda mano, acostumbro a sacar los discos de la funda para echar una ojeada al estado del plástico, algo que –como me hicieron saber con un tono de voz poco amable en un mercadillo de Tallin– no a todos los vendedores les gusta. Sin embargo, a veces confío en el vendedor, estoy tan concentrado en mirar el vinilo que no miro la galleta o –simplemente– no caigo en hacer más comprobaciones. En la práctica totalidad de las veces eso no supone absolutamente nada grave. Pero la Ley de Murphy provoca en ocasiones contingencias de difícil solución y hubo una segunda vez en la que continente y contenido no cuadraron. Así, después de comprar supuestamente en una tienda del Soho londinense una copia en perfecto estado de Slayed? y de volar de regreso a Barcelona sin abrir el disco... descubrí ya en casa que no había adquirido el tercer álbum de estudio de Slade, sino el tercero de los neerlandeses Focus metido en una funda errónea, con la mala suerte de que Focus 3 se editó como disco doble y sólo tenía el segundo vinilo. Que sí, que también está en buenas condiciones, como la funda, pero es una obra incompleta y no la que pretendidamente pagué. 
 

Total, que –faltándome aún un disco de los británicos– quise repetir con Slade y de mi viaje a Venecia del mes de marzo me traje este álbum, que quizás no sea la mejor elección como muestra de la obra de los de Wolverhampton al suponer un giro estilístico poco valorado en su carrera por la mayoría de sus seguidores iniciales –aunque la banda siempre lo ha defendido–, pero tiene el plus de ser una copia original italiana de su primera edición. Así que, allá voy. 
 

A los Slade los conocí, como supongo que muchos de nosotros, por las versiones que incluyeron en sus discos los californianos Quiet Riot y siempre he querido tener alguno de sus discos, sobre todo si en él aparecían Cum on feel the noize o Mama weer all crazee now, motivo por el que escogí el mencionado Slayed? en Londres con el resultado ya explicado. Y vaya por delante que el Nobody’s fools que hoy os traigo no tiene el punch y la crudeza atractiva del hard glam rock de años anteriores que en mi opinión les representa, pero musicalmente hablando no es un álbum para olvidar o menospreciar, ni mucho menos. 
 

Con portada de Gered Mankowitz a lo Gaby, Fofó, Miliki y Fofito –referencia viejuna, soy consciente–, Nobody’s fools es el sexto álbum de estudio del grupo, producido como sus anteriores obras por Chas Chandler, antiguo bajista de The Animals al que podemos considerar el quinto miembro de Slade y fue grabado por el line up habitual formado por Noddy Holder a la voz y guitarra rítmica, Dave Hill a la guitarra y coros, Jim Lea al bajo y coros y Don Powell a la batería. Sin embargo, como ya os he adelantado, con el nada oculto o disimulado objetivo de hacerse un lugar en el mercado norteamericano, sacrificó algo de la crudeza del sonido glam rockero marca de la casa en aras de acercarse más al soul y el pop que gustaba por aquellos pagos, lo que incluyó hacerse con los servicios de Tasha Thomas, una cantante que había hecho coros para Louis Armstrong, Stevie Wonder o Jim Croce
 

Se establecieron en Nueva York, se foguearon como teloneros para Aerosmith, ZZ Top o Black Sabbath y se metieron en The Record Plant dispuestos a dar forma a un álbum inspirado en su estancia en los Estados Unidos y en la música que escuchaban a todas horas y que se inicia con el tema título, una Nobody’s fools que comienza con un piano que sirve de introducción a una estupenda melodía de guitarra y cuenta con un bajo muy marcado –algo que sirve para todo el álbum–, que parece que vaya a desembocar en el estribillo del Reach out de los Four Tops pero no lo hace, convirtiéndose en algo así como una mezcla de melodía beatleniana, sonido Motown y pop rock. Más cruda y hard rockera es Do the dirty, donde incluso advierto toques funky, muy pegadiza y en mi opinión muy superior a la anterior. 
 


Let’s call it quits es un blues rock cadencioso interesante y bien producido, totalmente al gusto norteamericano pero alejado del glam rock típico de la banda. Y por si quedaban dudas de las intenciones comerciales del grupo en el país de Mickey Mouse, Pack up your troubles parece compuesta por un combo de country del Tennessee profundo, con tintes de boogie-rock y en la que colabora el multiinstrumentista Paul Prestopino tocando el dobro. Casi nada. In for a penny, con sus coros, también me trae recuerdos de Lennon & McCartney aunque tiene una atmósfera como de música de feria, la presencia imponente de Jim Lea y un buen solo de Hill
 



La rockera Get on up inaugura la cara B con energía pero poca atmósfera glam, que sí está algo más presente en la igualmente potente y rockera L.A. Jinx. Did ya mama ever tell ya es un tema que se me hace difícil de clasificar, entre glam, sunshine pop y con algunos rasgueos a lo Peter Tosh, agradable pero para nada de mis favoritos, todo lo contrario que Scratch my back, otra descarga con fuerza de glam hard rockero directo y disfrutable. 
 




Con I’m a talker regresan al ambiente fiestero hillbilly y si en Pack up your troubles te los podías imaginar envueltos en humo en el interior de un bar de madera, aquí no desentonarían en un escenario al aire libre al lado de un granero y balas de paja. El disco finaliza con All the world is a stage, otro tema enérgico y guitarrero con una estupenda melodía al que se han añadido unos teclados que otorgan una capa de elegancia a la canción nada despreciable. 
 


Lo dicho, que este Nobody’s fools a lo mejor no tiene el sonido que encumbró a Slade como adalides del hard glam rock británico y es todo un batiburrillo de estilos –quizás sea lo que le resta brillo– pero es un digno y recomendable álbum con algunos altibajos para mi gusto que, sin embargo, aporta una buena colección de melodías con una estupenda producción y merece su espacio en mi colección y en este blog por méritos propios. 
 
¡Feliz viernes! 
@KingPiltrafilla 
 
Entrada publicada simultáneamente en ffvinilo.blogspot.com 

viernes, 5 de junio de 2026

Nektar – Magic is a child (Bellaphon, 1977)


Pues bien, hoy toca reivindicar un álbum que creo que no obtuvo el reconocimiento merecido a nivel mayoritario. De hecho, lo mismo que sus autores. Como veis, me refiero al Magic is a child de Nektar, el séptimo disco de una banda de la que ya os hablé hace unos años y que se formó en Hamburgo con músicos británicos entre los que se encontraba el vocalista y guitarrista Roye Albrighton. Y precisamente este disco fue el primero que el grupo editó en un sello importante y sin el mencionado miembro fundador. 
 

Producido por la banda y el ingeniero Jeff Kawalek en los estudios House of music de New Jersey, contó con la participación de Allan ‘Taff’ Freeman a los teclados, Derek ‘Mo’ Moore al bajo y voces y Ron Howden a la batería y voces, además de Dave Nelson sustituyendo a Albrighton –quien les dejó poco antes de entrar a grabar– a la guitarra y voces, con la colaboración de Larry Fast a los sintetizadores y Walt Nektroid a la guitarra en uno de los temas. Por cierto, este último no es otro que Robert Fipp de King Crimson. Sobre este particular, deciros que tengo la edición alemana de 1977 –sin la funda interior original, supongo que estaría en mal estado y alguno de los propietarios anteriores del disco la cambió por una blanca– y en su carátula se menciona a Nektroid. Sin embargo, por la red corre la información de que su intervención no se incluyó en la mezcla final por lo que no vio la luz hasta una posterior reedición del álbum en 2005. A saber. 
 

La portada de Chris Callis y Basil Pao, diseñador hongkonés que por entonces era director artístico de Polydor, está protagonizada por Brooke Shields, que por entonces era una modelo infantil y estaba a punto de dar el salto a la gran pantalla en la controvertida Pretty Baby de Louis Malle
 


Y respecto a los temas, el álbum se inicia con una estupenda Away from Asgard que mantiene esa pátina experimental que nos puede remitir a unos Genesis iniciales pero en la que también se advierten toques a lo Styx, entre hard pop rock, AOR y rock progresivo. Le sigue Magic is a child, donde desde el inicio toman protagonismo unos teclados imitando a un clavecín o similar que junto a otros sintetizadores son el único acompañamiento a las delicadas líneas vocales que caracterizan al tema y dotan a esta especie de balada prog de una atmósfera barroca muy atractiva. 
 



Eerie Lackwanna tiene un tempo más alegre, con una base rítmica disfrutona tirando a funky en la que destaca la batería de Howden pero muy simple, sin pasajes enrevesados. Por contra, Midnite lite tiene más cambios de melodía, siendo quizás la más prog de las escuchadas hasta el momento y mi preferida de este lado del vinilo junto con la semibalada Love to share (Keep your worries behind you) con la que finaliza la cara, una composición que me remite a sonidos de space rock en algunos momentos y donde Nelson tiene ocasión de meter algún guitarrazo. 
 


Tras dar la vuelta al disco, Train from nowhere es una muestra clara del cambio de estilo de la banda, que sigue teniendo elementos jazzy y progresivos en su música aunque se aprecia una deriva hacia el hard pop rock y a unos ritmos amables y radiables. Es la canción en la que Fripp metió guitarras tal como os he comentado antes. Listen tiene un inicio estupendo y cargado de emoción y está dominado por la guitarra de Nelson, que también canta. 
 


Le sigue On the run (the trucker), otra incursión en el prog que recupera sensaciones y sonidos de antaño, con unos guitarrazos que convirten a este tema en un firme candidato a ser versionado por unos Dream Theater, por ejemplo. Y la cara finaliza con Spread our wings, un tema difícil de etiquetar, mezcla de hard rock y AOR, resultón y disfrutable y cuyo riff me recuerda lejanamente al de Layla de Derek & the Dominos y que sin ser especialmenmte remarcable aporta un epílogo vivaracho a la obra. 
 
Y eso es todo. Sin abandonar del todo sus raíces, la verdad es que en sus anteriores lanzamientos también resultaban bastante eclécticos en muchos momentos, los Nektar crearon un disco que quizás no es tan progresivo, psicodélico o experimental como obras previas pero que en mi opinión tiene gran calidad y es muy reivindicable. 
 
Un año más tarde, la banda se disolvería y posteriormente el fugado Albrighton reformaría su propia versión de Nektar con otros músicos con los que editaría un nuevo disco antes de volver a desaparecer... aunque en el siglo XXI regresarían a la carretera gracias a Mo Moore, el único miembro original de la banda que actualmente sigue al pie del cañón al haber fallecido Albrighton, Howden y Freeman
 
¡Feliz viernes!
@KingPiltrafilla 
 
Entrada publicada simultáneamente en ffvinilo.blogspot.com 

viernes, 15 de mayo de 2026

King Diamond - Fatal Portrait (Roadrunner Records, 1986)


Fatal Portrait
es uno de esos discos –no me pasa con tantos, no creáis– del que recuerdo perfectamente lo que hacía y la sensación que me inundó la primera vez que lo escuché, algo que no voy a repetir porque ya lo expliqué aquí. Sin embargo, lo que no conté entonces y que ahora –cuarenta años más tarde, se dice pronto– puedo compartir porque ya ha prescrito hasta la vergüenza con la que durante un tiempo recordé mi comportamiento, es que a algunas de las clases de la universidad asistía con un vaso de Martini Bianco en la mano y varios en el cuerpo, en especial a las de análisis matemático de primera hora de la tarde, clases en las que –obnubilado por el alcohol– canturreaba el tema Dressed in white, siendo el punto álgido la llegada del verso She carries a secret and where she must go... You’ll never know con la voz en falsete de King, a lo que mis compañeros asistían con risa nerviosa –lo que por entonces interpretaba erróneamente como un reconocimiento a mi actuación–, entre incrédulos e incómodos. 
 

Sea como sea, aunque no me sienta orgulloso de ello, la anécdota pone de manifiesto lo hondo que caló en mi este álbum, un disco que en general se puede definir como puro Mercyful Fate –obvio ya que se trata de la misma banda en esencia, obligada a cambiar de nombre tras la marcha del batería Kim Ruzz y sobre todo del guitarrista y compositor Hank Sherman, del que os hablé aquí– aunque dando un pasito más allá, gracias a un sonido metalero más definido y a la frescura del nuevo guitarrista Andy LaRocque, sin olvidar la importante contribución del teclista e ingeniero Roberto Falcao al sonido de King Diamond, que seguiría en la banda durante los siguientes álbumes. A modo de anécdota, decir que el verdadero apellido de Roberto –nacido en Brasil aunque de padres daneses– es Johansson, y se puso ese apellido artístico en honor al futbolista Paulo Roberto Falcâo
 

Total, que con King Diamond a las voces, Michael Denner a la guitarra y Timi Hansen al bajo con la adición de los nuevos Andy LaRocque y Mikkey Dee, esta especie de Mercyful Fate 2.0 con el liderato absoluto del alter ego de Kim Bendix Petersen entro en el Sound Track studio de Copenhague con el productor Rune Höyer para dar forma a este Fatal Portrait que hoy os traigo, una obra que como ya os he dicho antes es como un disco de transición desde los más oscuros Mercyful Fate en su camino hacía los King Diamond –la banda– del futuro, más melódicos y teatrales. 
 

Envueltos en una fabulosa cubierta diseñada una vez más por el Studio Dzyan de Malmö con Torbjörn Jörgensen y Thomas Holm a la cabeza –que durante años serían parte del imaginario tanto de Mercyful Fate como de
King Diamond los temas del álbum se inauguran con voces de ultratumba, campanas y un órgano eclesiástico... un inicio acojonante como de película de terror que sirve de introducción a The candle, una canción con sonido de guitarras muy Mercyful Fate a cargo de Denner, una batería brutal, cambios de ritmo y alternancia de agudos y graves por parte de King. Le sigue The Jonah, que comienza también de forma tétrica y en mi opinión vuelve a ser otro tema con gran influencia mercyfulfatera aunque en la parte final, con regusto a NWOBHM y la participación en un solo de LaRocque, deja ver los derroteros por los que en álbumes posteriores discurrirá el sonido de la banda. Luego llega The portrait, con ese inicio de ultratumba que por cuenta de las guitarras de Denner vuelve a recordarnos a los Fate aunque –cuando llega el solo de Andy– suben un peldaño evolutivo, a la que sigue Dressed in white, puro heavy metal al que –como antes ya os he contado– estoy especialmente unido, que en algunos momentos me trae ecos a maidenianos y es todo un temazo con el que finalizar la cara, que al parecer incluye el solo de LaRocque con el que se presentó a la audición para conseguir su puesto. 
 

Dada la vuelta al vinilo, Charon inicia los temas de una nueva cara pero sigue la misma tónica estilística con la que ha concluido la anterior. Y qué decir de Lurking in the dark, un temarral, mi preferido del disco sin duda, no os digo más, con un ritmo endiablado, un Michael Denner que se luce –ojo, que LaRocque es un genio pero este tipo no es moco de pavo– y una exhibición por parte de Dee arropando a los numerosos cambios de voces de King. La siguiente es Halloween, otra imprescindible de la banda y un tema que cada 31 de octubre sin falta debe sonar en casa. La sencilla Voices from the past siempre me ha encantado, por sus arreglos y porque me parecía alucinante que ese riff de guitarra lo hubiese grabado el vocalista, aunque en realidad es una tonada instrumental muy sencillita que sirve como preámbulo a ese grand finale que es Haunted, que le pone la guinda al disco y a la historia conceptual que hilvanan las canciones de la primera parte del álbum. 
 

Y que sí, que luego vinieron los sublimes Abigail, Them, Conspiracy, The Eye... pero este Fatal Portrait es la obra im-pres-cin-di-ble que lo inició todo. Larga vida al King de Dinamarca. 
 
¡Feliz viernes! 
@KingPiltrafilla 
 
Entrada publicada simultáneamente en ffvinilo.blogspot.com 

viernes, 1 de mayo de 2026

Straight Eight – Straight to the heart (Logo, 1981)


Pues ya estoy aquí otro viernes con un nuevo vinilo de mi serie de compras a ciegas, esta vez con Straight to the heart, tercer álbum de los británicos Straight Eight, una banda que no conocía de nada antes de llevarme a casa su disco. La energía de la portada, las Flying V y resto de guitarras de las fotos, la participación del sello Metronome (Scorpions, Accept...) y las pintas hardrockeras tardosetenteras de las fotos del grupo me habían hecho pensar en que me encontraba ante una mezcla de UFO y las bandas alemanas mencionadas. Y aunque (spoiler alert) iba desencaminado, tampoco puedo considerar un traspiés el descubrimiento de estos tipos. 
 
Como nunca habían aparecido por el blog, se impone una pequeña presentación. Los orígenes de la banda se remontan a mediados de los setenta, cuando gracias a un anuncio en Melody Maker entran en contacto el guitarrista Richard ‘Boot’ Kingsman y el vocalista, guitarrista y teclista Rick Cassman, que tenía alquilado un apartamento en unos bajos junto a la casa natal de Roger Daltrey. Ambos músicos dan forma a una banda llamada The End y comienzan a tocar en el circuito de bares del oeste de Londres hasta que cambian su nombre por Straight Eight cuando se unen al grupo el bajista Paul Schofield y el batería Rod Johnson. Es entonces cuando John Burns, un viejo amigo de Cassman que había trabajado con Jethro Tull, Genesis o los Rolling Stones queda impresionado por el talento musical del cuarteto y se los lleva a sus Escape studios de Kent para grabarles las bases de un disco a la vez que les consigue un contrato con Sphere Management. Para estos trabajaba como relaciones públicas el periodista Peter Makowski, que en ese momento estaba ocupado a tiempo parcial para el nuevo sello de Pete Townshend y que al escuchar la cinta, ofreció un contrato a la banda para grabar su debut, justo en el momento en que Steve Cherry entró a substituir a Schofield
 

El primer disco tuvo una buena recepción y el estar apadrinados por Townshend les permitió actuar en numerosos conciertos por toda la Gran Bretaña. Pero Johnson dejó el grupo y Straight Eight contrataron a Paul Turner dispuestos a grabar sin dilación un nuevo disco. El directo de la banda era potente y enérgico, gracias a lo que tocaron por toda Europa como teloneros de Queen y en su país con Robert Palmer o Slade y consiguieron buenas reseñas en las revistas especializadas. Sin embargo, las emisoras de radio les ignoraban por lo que comercialmente resultaban ser un fracaso, algo que les alejaba del sueño de entrar en las listas al otro lado del Atlántico. Así que –con un contrato recién firmado con RCA para Canadá y los Estados Unidos– decidieron dar un giro más pop a su música incorporando a James Compton al piano y con Cassman alternando la guitarra rítmica con los sintetizadores Polymoog y Oberheim en el disco que hoy os presento. 
 

El álbum –del que poseo una copia de la edición alemana– tiene una portada diseñada por Shoot that Tiger! y fotografiada por John Shaw (el mismo del A de Jethro Tull o el Can’t stand the heat de Status Quo, ambos reseñados por el menda en este espacio) es un collage sónico producido por Martin Rushent –que también se ocupó de la programación y algunos coros– en los Genetic sound studios además de cortes producidos por Cassman y Kingsman entre los Eel Pie studios y los Tape one studios
 



Respecto los temas del álbum, voy a desgranaros mis impresiones en un riguroso first listening, tal como iba descubriéndolos yo mismo. La primera canción es Faded stars y comienza como un pop-rock con estribillo pegadizo, batería machacona, coros y un piano omnipresente, aunque conforme avanza el tema, este se ve enriquecido con diversos guitarrazos. Le sigue Tomorrow, en la que leo que Cassman toca también el bajo y que ya es más rockera. Incluso me trae ecos de los KISS setenteros. Eso sí, al llegar al estribillo aparecen de nuevo los coros pop. De todas formas, tras el primer contacto inicial algo desconcertante, parece que la propuesta de estos tipos me va a resultar placentera. Llega entonces Desperation, un pop-rock electrónico, con batería y guitarras pasadas por sintetizador, unos teclados muy de la época con ecos a Foreigner y un estribillo simple, agradable de escuchar pero con fuerza nula. Sorprendentemente se escogió como single... y se comió un mojón. 
 


La siguiente es You are what you are, que no abandona los teclados y ese sonido de batería tan poco orgánico pero al menos tiene gran presencia de guitarras dando como resultado un pop rock en la línea de unos Men at work, por ejemplo. Y Walls can’t keep us apart, para que os hagáis una idea, comienza de tal manera que, si en lugar de Cassman la cantase Joe Elliott, podríamos estar ante una de las power ballads de Def Leppard aunque sin su punch guitarrero. Efectos de sintetizador por aquí y por allá, interpretada con elegancia... pero repetitiva y sin atisbo de energía. 
 



La cara B se inaugura con Straight to the heart, el tema título, en la senda de lo escuchado hasta el momento en su faceta más guitarrera dentro de los límites estilísticos del álbum. La verdad es que, el no esperar nada del disco hace que el descubrimiento de la banda me esté pareciendo de lo más estimulante resultando un pop rock ochentero con sintetizadores y algo de guitarreo que aún careciendo de energía o solos de guitarra, encuentro muy disfrutable. One more chance me trae ecos de los The Cars más rockeros, con buen ritmo, presencia de guitarras, estribillo con coros y pinceladas synth pop, y tras un abrupto final llega otro tema rockero, un I don’t need your lovin’ que bien hubiese podido encajar en un álbum de la escena angelina, mirad lo que os digo. 
 


Le toca a Only the truth hurts, que con poco más de dos minutos es el tema más rockero escuchado hasta el momento, rapidito, con fuerte presencia de guitarras y algo levemente parecido a un solo. No tiene gran complicación, como el resto de las canciones del disco, pero es alegre. Y el álbum finaliza con Next time, otro buen exponente de pop rock new wave con guitarrazos –aquí sí que hay un solo más definido–, batería marcada, estribillos repetitivos y sintetizadores, que le deja a uno buen sabor de boca. Definitivamente, Straight Eight me han resultado a la vista de lo ofrecido en este disco una banda creo que bastante desconocida a nivel masivo pero muy reivindicable. 
 
A estas alturas ya he escuchado el resto de su discografía, un mucho más rockero y crudo No noise from here y el igualmente rockero aunque ya con ramalazos de power pop Shuffle’n’Cut, ambas obras de 1980. En la que hoy os presento, la evolución sonora de la banda aún es más apreciable –aunque quizás demasiado forzada por un interés comercial– y demuestra un vez más que el éxito y el talento no van siempre de la mano. Con todo ello, el resultado de esta nueva compra a ciegas me ha resultado nuevamente muy satisfactorio. 
 
Ahora os toca a vosotros comentarme vuestras impresiones. 
 
¡Feliz viernes! 
@KingPiltrafilla
 
Entrada publicada simultáneamente en ffvinilo.blogspot.com 

viernes, 17 de abril de 2026

Judas Priest - British Steel (CBS, 1980)


Después de varias semanas dedicadas a vinilos cazados a ciegas dispuesto a descubrir (o no) joyas semidesconocidas, hago un paréntesis regresando a la senda de las apuestas sobre seguro y traigo este viernes un álbum mítico e incontestable que ha cumplido años esta semana, otro de esos que he tenido que buscar porque me extrañaba que no hubiese aparecido ya por esto lares. Poneos en pie para recibir a British Steel, el punto de inflexión –uno de ellos, al menos– de la carrera de unos chicos del área de Birmingham. Con una icónica y llamativa portada diseñada por el habitual director artístico de la banda Roslav Szaybo y fotografiada por Bob Elsdale, autor también de la cubierta del anterior disco (un Killing Machine del que ya os hablé aquí), la edición que poseo es la de la primera reedición de 1984 española con la infame contraportada en blanco y negro. 
 
Respecto al disco, decir que a principios de 1980, la banda formada por Rob Halford a las voces, Ian Hill al bajo, los guitarristas K.K. Downing y Glenn Tipton, el nuevo batería Dave Holland y el productor Tom Allom en el que sería su primer disco de estudio con Judas Priest –ya había participado en las mezclas y coproducción del directo Unleashed in the East– se metieron en los Startling studios de Tittenhurst Park, una finca de 7 acres en Ascot que pertenecía a Ringo Starr. Según cuentan, Ringo había puesto algunas normas como no ir en moto por el recinto ni pescar en el lago de la propiedad, cosa que obviamente –eran unos putos rockeros, joder– nuestros amigos no cumplieron. 
 

La manera en que afrontaron la creación de su nuevo álbum fue del todo excepcional. Por primera vez, lo que de ninguna manera era su habitual forma de trabajar, los integrantes de la banda se reunieron con las canciones a medias. Allom, que acababa de grabar allí mismo el On through the night de Def Leppard, afirma que le presentaron varios riffs y estructuras pero ninguna letra y por supuesto ninguna canción terminada. El productor, pianista de formación, aportó a partir de entonces un montón de ideas, lo que fue del agrado de la banda que lo mantuvo como capitán de la nave durante 5 discos de estudio más y un directo, acordándose de él también en pleno siglo XXI para requerir sus servicios como coproductor del magnífico Firepower
 

Sobre el título, nadie parece recordar bien quién se lo dio pero todo indica que fue un aporte de Hill tras ver el diseño presentado por Szaybo a la banda, aunque Halford afirma que la paternidad fue suya tras ver ese nombre en el rótulo de una fábrica. A saber. Total, que el 1 de febrero se inició la grabación de British Steel con una libertad creativa y de acción nunca vista por el grupo. La batería de Holland, por ejemplo, estaba ubicada en un enorme pasillo, Halford grabó las voces en un trastero lleno de productos de limpieza y objetos de memorabilia de los Beatles, Downing grabó sus partes de guitarra en la biblioteca y los ensayos se llevaban a cabo en la estancia en la que John Lennon había grabado el video para Imagine. Para Metal Gods agitaron un cajón de la cocina lleno de cubiertos, para Breaking the law estrellaron botellas de leche contra el suelo del patio trasero y golpearon una tetera, para Rapid fire agitaron en el aire un taco de billar para simular el sonido de un láser... incluso probaron a calentar bombillas en un microondas para ver el resultado por si lo podían utilizar. En fin, una locura que continuó hasta final de mes. 
 
En marzo se editó el primer single, un Living after midnight que llegó al número 12 de UK Chart y que cuando el álbum salió en abril lo aupó al número 4 de los discos más vendidos en la Gran Bretaña, todo un hito para la banda. El segundo single fue Breaking the law, que también llegó al número 12 de la lista. Por cierto, que de ambos temas se filmaron sendos vídeos bajo la dirección de Julien Temple, un realizador de la escena punk que ese mismo año obtendría reconocimiento por The great Rock’n’Roll swindle, un falso documental dedicado al auge de los Sex Pistols
 


Respecto a las canciones, la lista de temas redondos es arrolladora. El disco comienza con Rapid fire, enérgica, rápida, punzante y machacona, una verdadera apisonadora para dejar claro el tono del álbum. Le sigue Metal Gods, pesada y mastodóntica, es más comedida en la velocidad, aunque con un ritmo muy marcado. 
 



Breaking the law, es una de las imprescindibles de la discografía y los conciertos de la banda ¿breaking the what? mítica y con un solo estupendo. Y hablando de solos, otro para enmarcar es el de Grinder, un temazo en el que Holland sigue mostrando esa forma machacona de marcar el ritmo. La cara finaliza con United, el que fue tercer y último single del álbum, un medio tiempo de guitarras gruesas y una batería que en ocasiones se me hace rara, con un estribillo llamado a ser carne de concierto. Nunca fue de mis preferidas del disco, debo admitirlo. 
 


Le damos la vuelta al vinilo y llega otra de mis favoritas, la fantástica You don’t have to be old to be wise, con un solo de campeonato, un estribillo estupendo y un trabajo vocal de Halford memorable (no sé por qué no fue esta el single en lugar de United). Y sin bajar el nivel de calidad, llega otra de las imprescindibles de la banda, Living after midnight y su eterno riff. El solo tampoco es moco de pavo. Una pasada. 
 


Y no menos memorable es The rage, con ese inicio y parte intermedia de tintes entre jazzy y reggae que se torna en un medio tiempo pesado, con unas guitarras alucinantes y una interpretación vocal fabulosa. Y para terminar, Steeler, que cierra el círculo tal como ha comenzado el álbum, con tralla, velocidad, alternancia de riffs y el ritmo insistente de la batería. Me encanta esa especie de coda con guitarrazos distorsionados a un lado y otro del estéreo mientras Holland nos machaca los tímpanos. 
 
Para Ken Downing, British Steel es el álbum más importante de su discografía, en el que todo encajó, encontraron su imagen y sonido distintivos y dieron comienzo a una nueva era, no sólo como banda sino abriendo camino para los grupos de la NWOBHM. Y si esa es su opinión, ¿quiénes somos nosotros para contradecirle?, pues eso. 
 
¡Feliz viernes y a rockear hasta el amanecer! 
@KingPiltrafilla
 
Entrada publicada simultáneamente en ffvinilo.blogspot.com