domingo, 14 de agosto de 2016

King of New York


Ahora es el momento de hablaros de una estupenda cinta titulada King of New York. Dirigida por Abel Ferrara y escrita por su guionista habitual Nicholas St. John –el mismo dueto que seis años después rodaría El Funeral, también con Walken de protagonista–, estamos ante una película que ha alcanzado el estatus de culto. Protagonizada por el gran Christopher Walken en el registro que más domina –el de lunático violento–, un visceral David Caruso, los principiantes Wesley Snipes, Steve Buscemi y un Laurence Fishburne en la época en la que se hacía llamar Larry, el argumento de la película nos cuenta como el gángster Frank White sale de la cárcel –por cierto, muy fan de sus dos guardaespalas– y se le mete en la cabeza dedicar su dinero e influencia a proyectos sociales para Harlem tales como construir un hospital para familias necesitadas. 


Pese a ello, el sanguinario White no abandona la violencia sino que la utiliza como medio para sus fines. El tipo se ve a si mismo como un simple comerciante que, además, al eliminar a sus comptidores está impartiendo justicia limpiando la ciudad de delincuentes que sólo piensan en ellos mismos y sus ganancias. Mientras, la policía estrecha el cerco para detenerle a él y a su banda. 


Amiguitos, King of New York es una película oscura, extraña, bella –tanto en la poesía de la puesta en escena del mensaje que transmite como estéticamente– y muy violenta. Walken, en su creación de un impredecible y chalado White –casi sin levantar la voz–, infunde temor con su sola presencia, dando incluso más miedo cuando nos muestra esa sonrisa forzada que al actor le sale tan bien que cuendo se muestra enfadado. No falta el momento denuncia cuando Dennis Gilley se queja de lo poco que cobran los policías por jugarse la vida cada noche mientras delincuentes como White se codean con la alta sociedad política y eluden la justicia costeándose abogados caros. En fin, un título que ningún amante de las cintas de traficantes y bajos fondos debe perderse. 


Y ya que os he hablado de las guardaespaldas de White, dejad que os presente a una de ellas, Carrie Nygren, una modelo sueca que tres años antes de rodar la película había llegado a Nueva York de la mano de la prestigiosa agencia Elite. Después de aparecer en portadas para Harper's Bazaar, Elle, Cosmopolitan o Vogue, alternó su trabajo con clases en el Lee Strasberg Institute. Sin embargo, Carrie no consiguió hacer carrera en la pantalla. Una lástima.