martes, 27 de abril de 2010

Stephanie Vovas









Y siguiendo con las féminas, esta es Stephanie Vovas, autora de unas instantáneas impresionantes que me han llamado la atención. Habitual de diversas galerías de Los Angeles, para construir sus sensuales obras Stephanie se inspira en el pop art, los hoteles kitsch, la estética Polaroid y su familia. En resumen piltrafillas, que me ha gustado mucho descubrirla.

Calethia DeConto







Os presento ahora el trabajo de Calethia DeConto, joven fotógrafa freelance nacida en Enid –una población de Oklahoma- y que en la actualidad reside en Los Angeles después de haber pasado por más de una decena de ciudades según los destinos de su padre militar por todos los Estados Unidos. Le gusta considerarse algo así como una antropóloga que toma sus apuntes sobre el ser humano utilizando una cámara. Así, en sus obras pretende estudiar conceptos como la sensualidad, la identidad o el existencialismo, ahí es nada.

Be a Piltrafilla


lunes, 26 de abril de 2010

Jacques Soum






Y este es un pintor francés llamado Jacques Soum, nacido en Beziers, en 1972 vive en el Congo antes de regresar a Francia y estudiar Bellas Artes en Montpellier. Es autor de una obra colorista y muy relacionada con el pop art, cuadros en los que se unen pintura y collages, caleidoscopio de imágenes alteradas que me han llamado la atención agradablemente.

Glen Luchford Re-visited







A quien tampoco le falta talento es al realizador y fotógrafo de moda británico Glen Luchford, un impresionante artista al que os presenté el 02.09.09 y que hoy también he querido recordar ampliando la parte gráfica de su obra.

Cari Ann Wayman







Comienzo la semana con Cari Ann Wayman, una fotógrafa amateur a la que le encanta tomar instantáneas pero teme que su pasión se convierta en algo demasiado serio. Por eso inició estudios de arte pero los abandonó, por eso realiza algunas exposiciones en el área de influencia de Chicago –ciudad en la que reside- pero niega dedicarse profesionalmente a la fotografía. En fin, esperemos que con la edad se le clarifiquen las ideas porque lo cierto –al menos en mi opinión- es que la chica tiene talento.

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domingo, 25 de abril de 2010

Hospital de Sant Pau











Amiguitos, finalizo con una serie dedicada al Hospital de Sant Pau. ¿Sabéis?, hasta hace poco este hospital –hoy relevado por un edificio de nueva creación- era el que por suerte o por desgracia dependiendo de la ocasión me ha tocado visitar a menudo al encontrarse próximo a mi hogar. Así, en sus dependencias de urgencias he pasado minutos de nerviosismo e incertidumbre en diversos episodios relacionados con los miembros de la familia, han intervenido en varias ocasiones a mi esposa y falleció mi suegro. Por otra parte –no todo van a ser momentos malos- en él nació mi hija. Es por eso que en los diversos pabellones del recinto del que es el mayor conjunto modernista de Europa -una zona frecuentada por turistas de todo el mundo que han deambulado durante años por sus jardines sin reparar en las miles de historias de tristeza y desamparo que se daban tras las fachadas de los edificios proyectados por Domènech i Montaner- ha pasado muchas horas este que os escribe. Por todo ello, cuando el sábado se abrieron de nuevo sus puertas –ya os he dicho que el hospital como centro médico ha sido trasladado a una ubicación anexa- pensé que sería una buena idea pasarme por ahí a hacer de turista, a fijarme en la parte artística únicamente. Sin embargo no pude. Por un lado, la jornada de puertas abiertas tenía un tufo a acto de propaganda política que tiraba de espaldas. Sólo cuatro de la totalidad de pabellones estaban abiertos al público, dos de ellos ofrecían un audiovisual y el resto estaban por remodelar. Además, los subterráneos del complejo, una de las zonas características del hospital, no se podían visitar. Por otra parte, cualquiera de los que durante años hemos estado en las salas de espera del Hospital de Sant Pau hemos podido admirar mucho más los detalles de las edificaciones que la enorme cantidad de conciudadanos y turistas que este fin de semana hemos hecho cola para entrar en un sitio que –al menos para mi- era y sigue siendo sinónimo de mal rollo, de desazón y angustia. Aún así, ya que estaba, me dediqué a tomar algunas instantáneas que hoy quiero compartir con vosotros. Hasta mañana piltrafillas.

La cinta blanca





Y mi siguiente y última reseña es toda una recomendación dirigida a los amantes del cine y la fotografía. Se trata de la multigalardonada película alemana La cinta blanca, una reflexión bastante cruda sobre –al menos es lo que se dice en la práctica totalidad de críticas que he leído hasta la fecha- los orígenes del fuerte arraigo del nazismo en la sociedad germana. La película se inicia con el accidente de un médico que cae de su caballo a la entrada de su casa por culpa de un cable que alguien ha atado de lado a lado a pocos centímetros del suelo. Más tarde, una empleada en una granja cae al interior de un pozo. De esta manera, La cinta blanca nos cuenta en más de dos horas que no se hacen en absoluto pesadas cómo afectan estos sucesos en la vida cotidiana de los aldeanos, la comadrona, el maestro –narrador de la historia-, la niñera de los gemelos del Barón, los trabajos en el campo y celebraciones como la fiesta de la cosecha de verano, multitudinaria y alegre en la superfície aunque escondiendo rencores y envidias soterradamente. Es precisamente durante esa celebración cuando Max, el hijo de la difunta mujer que había perdido la vida en la propiedad del Barón, destroza a golpes de guadaña el huerto de coliflores de la baronesa. Horas más tarde desaparece el hijo del Barón y cuando le encuentran alguien le ha dado una buena cantidad de azotes en las nalgas con una vara hasta hacerle sangrar. El Barón está convencido de que lo ocurrido, así como el intento de asesinato del doctor, son hechos relacionados. Sin embargo no tiene ni una sóla pista sobre el particular. Desgraciadamente este no será el último suceso que golpee a la aldea y a sus habitantes pues pasado el invierno el hijo deficiente mental de la comadrona será torturado sin piedad. La cinta blanca es el retrato de unas gentes y de su vida en una pequeña aldea en la ilusión de que todo cuanto ocurre es un designio de Diós, a quien se debe honrar siguiendo una existencia pulcra, respetuosa y recta, una vida tan gris como la preciosa fotografía en blanco y negro de la película, con padres que atemorizan a sus hijos con la sóla presencia. Impagable la escena en la que el pobre Martin, castigado con la cinta blanca del título –ved la película para saber lo que significa ese símbolo- permanece inmóvil ante su severo y autoritario padre cuando este, preocupado por su delgadez y las marcadas ojeras que rodean su mirada llena de terror, le interroga sobre los motivos de su estado físico y le pregunta si la causa de ello es la masturbación, algo que en el pueblo vecino llevó a la muerte –después de llenar su cuerpo de úlceras y hacerle perder la razón- a otro chaval de su edad. Total amiguitos, vidas que en su apariencia son rectas y que en muchos casos de puertas para adentro están corrompidas incluyendo castigos físicos extremos e incluso abusos sexuales. La culpa, el temor al castigo, no sólo paterno sino divino, son el leit motiv de la película, la simiente –según el realizador- del comportamiento aborregado que años después tendría buena parte de la población del país.




Ya he dicho al principio que al parecer Haneke ha querido ahondar en el origen de esa especie de pretendida semilla maligna que se extendió por Alemania durante la primera mitd del siglo pasado. Sin embargo tal teoría tendría dos lecturas, una que liberaría de toda culpa al pueblo alemán en cuanto a permitir la barbarie que sus dirigentes perpetraron siguiéndoles con devoción o mirando para otro lado simplemente porque formaba parte de la educación que la sociedad había recibido tras siglos de doctrina luterana. Por otra parte podría tomarse tal idea como la demostración de que la mayor parte del pueblo alemán estaba contaminado por una maldad inherente en su personalidad, algo del todo inverosímil a mi entender. Así pues, ignoro realmente cual es la lectura filosófica correcta que debe hacerse de una película que si nos tomamos como tal únicamente y nos dejamos de dobles lecturas -que a veces es lo mejor que se puede hacer para disfrutar realmente del cine- es una obra artística impresionante en el aspecto visual e interpretativo y en el del desarrollo de una historia que no deja de ser inquietante. Recomendada piltrafillas, y si es en versión original subtitulada como la he visto yo, muchísimo mejor.