martes, 26 de mayo de 2009

Champions League


Bueno piltrafillas, ya hace días que está ocurriendo pero hoy –y mañana ya será el acabose- parece que el único tema del que vale la pena discutir, debatir o pontificar es la final de la Liga de Campeones de fútbol que mañana tendrá lugar en Roma y que –como supongo que sabéis todos- enfrentará al Barcelona y al Manchester United, ambos campeones de liga de sus respectivos países. A mi –aunque soy de Barcelona- me es igual quien gane. Sin embargo me temo que la noche del miércoles tendré que sufrir bocinazos, petardos, gritos y cánticos hasta la madrugada. Además, tanto si es para celebrar un resultado positivo como si es para dar salida a la frustración, aventuro que el centro de la ciudad quedará arrasado por las hordas asalvajadas. Algunos, cuando digo esto, me tildan de demagogo pero –lo siento- sigo creyendo que la sociedad actual tiene demasiados problemas como para darle tanta importancia a un partido de fútbol. Lo sé, lo sé, quizás y precisamente por ello, la gente necesita de válvulas de escape, de momentos de ilusión en los que cualquier cosa les distraiga del día a día gris. Y estoy de acuerdo en que –individualmente- cada uno haga o sienta o se ilusione con lo que quiera. Lo que no aguanto es que la prensa, tanto la escrita como la televisión, colabore en extender esa venda sobre ojos y neuronas de la población. Aspiro a que se me informe para que luego –yo mismo- decida si desoigo lo que me cuentan y me evado soñando con lo que ocurrirá en un campo de fútbol del país de Berlusconi. Pero estos días es imposible. Yo mismo he acabado dedicando una entrada a este partido. ¿Os habéis dado cuenta?, si nos aborregamos en un tren camino del Festival de Sitges o ante un estreno de la última de la saga Star Wars se nos llama frikis. En cambio, con esto del fútbol, los frikis somos los que nos negamos a seguir a la manada. Qué raro es el ser humano.

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