Pese a mi ateísmo militante, soy un enamorado de la arquitectura religiosa y sus ornamentos con predilección por el arte barroco, gótico y bizantino por lo que no podía dejar pasar la oportunidad de visitar la basílica catedral de San Marcos. Como tontos, buscamos la bliglietteria para adquirir las entradas hasta que nos enteramos de que la venta se hace únicamente en su web. Así que, tras pasar un buen rato peleándonos con la taquilla virtual, conseguimos nuestros pases al interior. Y qué interior, amigos. Original del siglo IX, erigida para albergar los restos del evangelista San Marco –a saber–, fue reconstruida en el siglo XI por arquitectos de Constantinopla.
La decoración de sus tres naves es impresionante, lo más bonito de Venezia seguido a corta distancia por otro lugar del que ya os hablaré y que descubrimos la última tarde, veinte minutos antes de su cierre. En su interior, aunque destaca todo aquello que uno mira desde los mosaicos del suelo hasta la decoración de las bóvedas, llama la atención la Pala d’Oro del altar mayor, una obra de orfebrería bizantina en oro, plata, esmaltes y piedras preciosas que quita el hipo y que al parecer se construyó en varias fases entre los siglos X y XIV.
Al salir de la basílica seguimos deambulando por lo que podéis ver imágenes de la zona como nuevamente la Piazzetta di San Marco la fachada de la Chiesa di San Moisè, la del teatro de La Fenice, diversas vistas de los canales del sestiere de San Marco, el Campanile di Santo Stefano –uno de los campanili pendenti de la ciudad a causa del desigual hundimiento de los pilotes de madera sobre el fango que suponen sus cimientos y los de toda la ciudad–, el Gran Canal visto desde el Ponte dell’Accademia y ya en el sestiere de Dorsoduro la Chiesa di San Barnaba, iglesia neoclásica convertida en un museo dedicado a Leonardo Da Vinci cuya fachada aparece en la película Indiana Jones y la Última Cruzada. Completa la serie un rincón de realismo costumbrista en el Campo Santa Margherita.



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