jueves, 12 de marzo de 2026

Visita a una Venezia avvolta nella nebbia (V)


Tras la llegada a Burano, nos dispusimos a buscar un sitio para comer antes de dedicarnos a deambular por sus calles y canales. Famosa por sus casas de colores y la producción de encaje de hilo de gran calidad, la isla es más coqueta e indicada para el paseo relajado que Murano, aunque está mucho más alejada. 
 

De regreso a Venezia, dejamos el vaporetto en la parada de la Fondamenta Nove, en el sestiere de Cannaregio. Era la hora de tomar un buen Negroni y lo hicimos a lo grande regresando a la Piazza di San Marco y entrando en el Caffé Lavena, un establecimiento del siglo XVIII que aún atesora su esencia y entre cuyas mesas Richard Wagner compuso partes de Parsifal y el dueto de Tristán e Isolda. Ilustro la entrada con varias instantáneas fantasmagóricas de la zona, como los gigantes –se les conoce popularmente como Moros– que tocan la campana de la Torre dell’Orologio cada hora y la piazzetta, donde destaca la vista nocturna de la Porta della Carta, portal de mármol original del siglo XV ubicado entre la basílica y el palacio ducal que recibe su nombre por ser la entrada al patio en el que se podían encontrar las oficinas de los magnacarta, escribanos públicos que redactaban cartas y contratos para ciudadanos particulares, la mayor parte analfabetos.
 

Y finalizo la serie con imágenes de algunas galerías de arte que encontramos en nuestro camino de regreso al sestiere de San Polo
 
 

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