Seguramente ya os lo he comentado con anterioridad, pero quiero reafirmarme en mi decisión desde hace años de no comprar cedés –para tener las canciones en formato digital ocupando sitio en casa ya las escucho online cuantas veces quiera– y de casi no comprar caros vinilos nuevos, exceptuando en la actualidad los de Ghost o algún álbum que puntualmente decida adquirir por que es de colorines, reluce en la oscuridad o cualquier chorradica por el estilo. Los discos que en su día dejé pasar, o no se encuentran fácilmente o están caros. Y las reediciones no me gustan, prefiero tirar de segunda mano pese a lo arriesgado de adquirir cosas usadas. Por eso sigo buscando en cada feria de discos o tienda que visito lo que llamo mis unicornios. Respecto a mi participación en este blog reseñando vinilos –algo que me genera trabajo pero también mucha satisfacción, pareja a los descubrimientos que hago gracias a las publicaciones del resto de colaboradores–, los antiguos de mi colección que aún no han pasado por aquí –cada vez menos– son los imprescindibles de los que cuesta decir nada porque no hay nada que se pueda contar de ellos que no sepa todo el mundo. Aún y así acostumbro a traer alguno por este espacio de tanto en tanto, aunque ya hace tiempo que estoy focalizado en hacerme principalmente con rarezas que en muchas ocasiones me llevo a casa sin tener idea ni tan siquiera del estilo de música que tocan sus autores.
Un claro ejemplo de ello es este vinilo de Bastard, el grupo que hoy os
traigo y que toca presentar. Los Bastard fueron una banda formada a finales
de los 70 en Hannover, la misma localidad que vio nacer a los Scorpions,
aunque a estos de hoy no los encontraréis en las listas de éxitos de ningún
año. Sus referentes declarados eran Free y Bad Company y sus integrantes un
tal Günther Gruschkuhn alias Keith Kosoff por razones obvias a la guitarra
rítmica, Hans-Ulrich ‘Uli’ Meissner a las guitarras, Karl-Heinz Rothert al
bajo y voz y Thomas ‘Toto’ Korn a la batería y percusión. El álbum que os
presento –y que escogí en base a esa imagen tardosetentera, mezcla de
hardrockera y psicodélica– es su segunda obra, un disco titulado Tearing
nights, grabado y producido en los Teldec studios de Hamburgo por Klaus
Bohlmann y del que sin dilación paso a comentaros su track list.
Comienzo la escucha sin saber lo que me voy a encontrar y me doy de bruces –o de oídos, mejor dicho– con una Tearing nights de riff acedeciano y solo schenkeriano en la que sí, se advierten influencias del hard blues rock con pinceladas space rock de los primeros Free pero no soy tan conocedor de la obra de Rodgers & co. –habré escuchado varias veces en mi vida el Fire and water y poco más– para poder opinar demasiado sobre ello. Con más ritmillo le sigue Make my life a dream, un tema enérgico que cuenta con la colaboración de Eckart Hofmann al saxo y al que sigue Burning heart, con el mismo mood –como se le llama ahora– que caracteriza los temas predecesores. Más hardrockera –seventies style, ojo– es Move on, con una base rítmica más marcada y muchos guitarrazos aquí y allá que me vuelven a traer ecos de Michael Schenker y UFO. La cara finaliza con una Lover’s grief en la que el grupo baja las revoluciones exageradamente para regalarnos un hard blues de lo más emotivo que creo que podría haber sido un buen final de álbum.
Sin embargo aún falta dar la vuelta al vinilo y la cara B comienza con fuerza con una Rock ‘n’ roll is the winner que supone toda una declaración de intenciones tanto en el título como en su sonido. Simple pero efectiva, igual que la siguiente Dust on the roof, aunque esta baja un poco el tempo con respecto a la anterior. Le sigue Faithfool love, aún más pausada y de la que –de ser este un álbum ochentero– diríamos que es la power ballad del disco. Vamos, que hace años que dejé el tabaco pero perfectamente podría haberle el robado el encendedor a mi esposa y haberme plantado en medio del comedor a ondearlo en el aire. Daddy was a rock’n’roller es un rock and roll clásico con mucho boogie y un solo muy logrado y enérgico. Al tema incluso le meten palmas. El disco finaliza con Get up, wake up, un medio tiempo con mucha presencia del bajo de Rothert con –salvando las distancias– ecos lejanos al Joker de la Steve Miller Band.
Y poco más os puedo contar. Como podéis constatar por la foto de la
portada, el grupo tenía una imagen infecta aunque resulta que también una
sorprendente e inesperada calidad musical, lo que convierte la compra a
ciegas de este vinilo en un acierto. Gracias a este álbum, los Bastard
llegaron a telonear a AC/DC en la parte alemana de su gira Powerage y un par
de años después –tras la edición de un álbum en directo– compartieron
escenarios con los Judas Priest, ahí es nada. Poco después comenzaron a
producirse cambios en el line up de la banda, de la que salieron ‘Toto’ Korn
y Uli Meissner, aunque la nueva formación con Ullus Steinvorth a las
guitarras y Fritz Randow a la batería –este último pasaría luego por
Victory, Sinner o los mismísimos Saxon– no daría como fruto la edición de
disco alguno.
No obstante, aún quedaba algo por hacer: como último trabajo
conjunto, el grupo se acabó reuniendo en Roma a finales de 1983 para grabar dos
temas de la banda sonora de la cinta de ciencia ficción She antes –ahora sí–
de desaparecer para siempre.
Eso es todo por este viernes. Lo dicho, dadles una oportunidad que valen
más de lo que muestran.
¡Feliz viernes!
@KingPiltrafilla
Entrada publicada simultáneamente en ffvinilo.blogspot.com



No hay comentarios:
Publicar un comentario