Nuestro segundo día en Venezia amaneció de nuevo con la niebla como protagonista, aunque quizás un poco menos densa que en la jornada anterior. El objetivo de la mañana era dirigirnos nuevamente hacia los muelles ante el Palazzo Ducale para coger un vaporetto que nos trasladase a la isla de San Giorgio Maggiore para visitar su basílica.
Sin demasiada ornamentación interior, el principal atractivo del templo son las tres obras de Tintoretto que posee, La última cena, La recogida del maná y La deposición. Sin embargo, los cuadros estaban en plena fase de restauración ocultos al público. Así que aprovechamos para visitar una interesante exposición de material de la colección y archivos de la Fondazione Giorgio Cini, anexa al templo.
Y de nuevo, regresamos a la Riva degli Schiavoni para buscar la estación de la línea de vaporetto que debía llevarnos a Murano pasando por delante de la Isola di San Michele, que alberga el cementerio de la ciudad por lo que también recibe el nombre oficioso de isla de los muertos. Murano es una cercana isla de la Laguna di Venezia dedicada por completo a la industria de su famoso vidrio y actualmente, a la explotación turística del mismo, llena de tiendas, talleres y museos con el cristal como protagonista.
Y sin poder evitar hacer algunas compras –mi suegra, por ejemplo, colecciona figuritas de cristal por lo que no podíamos abandonar la isla sin adquirir algún pequeño recuerdo para ella–, ocupamos parte del mediodía a recorrer algunos de sus rincones. Así, podéis ver imágenes del edificio histórico del Palazzo da Mula –también un taller/museo dedicado al vidrio–, el ruinoso pero aún con encanto Palazzo Trevisan o la Basilica dei Santi Maria e Donato. Desde ahí, decidimos dirigirnos al faro para coger un nuevo vaporetto, esta vez en dirección a la isla de Burano –una hora de cola nos costó (en el primer barco que llegó no pudimos entrar por bien poco)– donde comer y pasear.



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