domingo, 10 de julio de 2016

X-Men: Apocalipsis


Complemento mis reseñas de hoy con X-Men: Apocalipsis, película de superhéroes que como es preceptivo –los habituales ya sabréis de la tradición familiar que con gran placer me obliga a ello– vi ayer en una sala comercial junto a mi hija en el transcurso de una noche con cena incluida. Por cierto, aunque no venga a cuento, deciros que en toda la sala sólo éramos nueve personas. Total, que como os digo, ayer tocó meterme entre pecho y espalda una nueva ración de universo Marvel. Vaya por delante que me llama mucho más la atención la vertiente Iron Man, Thor, Vengadores o Capitán América que las aventuras de Charles Xavier, Magneto o Lobezno. Vamos, que exceptuando Deadpool –enorme y agradable sorpresa–, en mi opinión Paramount se come con patatas a 20th Century Fox. Por eso quizás no sea todo lo objetivo que debiera con esta nueva entrega dedicada a lo que en mi infancia se daba en llamar Patrulla X, pero debo deciros que el resultado es pasable y poco más. Dirigida por Bryan Singer, X-Men: Apocalipsis nos cuenta como un dios egipcio regresa a la vida dispuesto a aniquilar a la humanidad volcada en una adoración de falsas deidades que la ha hecho débil para así comenzar desde cero bajo su dominio. Para ello, además de tener la ayuda de algunos mutantes, pretenderá hacerse con el control de la prodigiosa mente del profesor Xavier


Y ya está, amiguitos. Dejando de lado el trabajo de Michael Fassbender destacando entre sus compañeros de reparto y la presentación de nuevos personajes o de actores que los interpretarán a partir de ahora en su etapa juvenil, la verdad es que la cinta nos deja algunas imágenes espléndidas –la aparición de Quicksilver en la escuela para jóvenes talentos– al lado de otras infames –todas las correspondientes al puerto de contenedores, por ejemplo– cuya factura digital es más que evidente. El preguntar en plenos años 80 a Xavier si ha buscado en internet datos de Moira MacTaggert tampoco ayuda a la hora de puntuar los aciertos de la cinta. En fin, que lo mejor es la aparición de Nightcrawler, la transformación de Ángel a los sones de The four horsemen de Metallica y la sensualidad de Olivia Munn como Psylocke y Alexandra Shipp como la Storm adolescente. Por supuesto, también apareció Stan Lee y hubo escena post-créditos. Bueno, todo eso y la noche que pasé con mi hija, que no tiene precio.


Así que, mientras espero los estrenos de Suicide Squad y Doctor Strange, no puedo pedir nada más. Eso sí, esta nueva entrega no ha hecho más que corroborar lo que os he dicho al principio: donde estén la Viuda Negra o Tony Stark, que se quiten Bestia y Mística.