domingo, 17 de enero de 2016

R100


En Japón, las películas para mayores de 15 años se clasifican como R15. Así mismo, las no recomendadas para menores de 18 años tienen la clasificación R18. Pues bien, eso os da una idea de lo que significa el título de la que os voy a comentar ahora, R100. ¿Raro, verdad?, pues aún no habéis visto nada. Dirigida por Hitoshi Matsumoto, el argumento de la película nos cuenta como un vendedor en unos grandes almacenes –sección de muebles, para ser exactos– tiene una existencia gris y anodina al cuidado de su hijo pequeño y con una esposa en coma. En un intento por darle algo de emoción a su vida ingresa en un club de sadomasoquismo en el que existe una regla: no se puede cancelar la inscripción en un año. R100 comienza con el protagonista acompañado de una joven enfundada en una gabardina que le pega un patadón en la cara que ni Jean-Claude van Damme. Luego, ya en la calle, le tira escaleras abajo antes de mostrarnos la ropa interior de cuero que viste bajo la gabardina. Y es entonces cuando vemos como la cara del protagonista se distorsiona y nos damos cuenta de que, si pensábamos que R100 era extraña, lo puede ser mucho más. De hecho, esa distorsión facial se produce cada vez que nuestro amigo disfruta con el dolor... y la verdad es que ignoro su significado aún ahora. ¿Es un reflejo de felicidad infantil o un chiste privado de realizador?, ni idea amiguitos. Más tarde llegará una segunda humillación consistente en que una buenorra en ropa de cuero y cara de amargada le chafa los nigiri que se está comiendo en un restaurante. Total, que al principio el tipo está encantado con estas cosas que le pasan y que le hacen olvidar la triste vida que lleva, pero luego, cuando las chicas se le presentan en casa o en el trabajo, comienza a pensar que ya ha tenido bastante. 


Piltrafillas, cuando las películas tienen argumentos claros, en general no ofrecen problemas de comprensión a no ser que uno sea lerdo. Hay una historia que se cuenta y ya está. Te gusta o no. Sin embargo, cuando el argumento es críptico, la dificultad es mayor. Uno no sabe si lo que el director ha querido decir es lo que ha captado o no se ha enterado de la misa la mitad. Y es que, además de tener un desarrollo poco claro, R100 está llena de momentos surrealistas, como la escena de los escupitajos a ritmo de música disco y rodada como un vídeoclip, con inesperado final, el asedio de las dominatrix del club enfundadas en monos de cuero, cual ninjas bajo el mando de su enorme jefa a los sones de la sinfonía número 9 en Re menor de Beethoven o esas tomas en las que se nos muestra que lo que estamos viendo es, a su vez, una película que están visionando otros espectadores. En fin, que cuando un director rueda una película bélica de argumento enrevesado, lo fácil es decir que se trata de una crítica a la guerra. Así pues, aqui es obligado decir que esta cinta es un retrato descarnado de la soledad de la sociedad nipona. Pero lo cierto es que no estoy nada seguro de tal análisis. Quién sabe, a lo mejor es que, como deja claro el director en la ultima escena, solo encontraremos explicación a la historia cuando seamos ancianos. Sea como sea, recomendada.