Y aquí tenéis más y más gnomos. Al principio no dejas de hacerles fotos pero llega un momento –al menos en mi caso– en el que ni te paras a verlos. Aún así, no penséis que se han acabado. En las instantáneas de hoy os muestro los que encontré por la calle Swidnicka donde precisamente está Papa Krasnal, el más grande y menos resultón de todos ellos –aquí de espaldas– pero aún así todo un símbolo de la ciudad. Y en una esquina de la plaza del Mercado, junto a la iglesia de Santa Isabel, podéis ver las que la tradición breslava definen como las casitas de Hansel y Gretel –o Jas y Malgosia, sus nombres en polaco– unidas por un arco.
Siguiendo hacia el río, llegamos a la Universidad de Breslavia –decidimos no hacer la visita por lo que nos perdimos entrar en la impresionante Aula Leopoldina–, un conjunto de varios edificios entre los que destaca la iglesia del Muy Santo Nombre de Jesús y la fuente con la estatua de un espadachín desnudo que decora su plaza. Sin embargo, no nos perdimos entrar en el jardín barroco del la biblioteca académica del Instituto Ossolineum, un remanso de paz con varios espacios preciosos en los que naturaleza y arquitectura se unen y en el que reina la escultura de Angelus Silesius –sobrenombre del poeta alemán Johan Schleffer–, un teólogo y pensador que donó toda su fortuna a los necesitados y falleció en la más absoluta pobreza.
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