domingo, 8 de noviembre de 2015

Deathgasm


Piltrafillas, llega el momento de comentaros una comedia gore y metalhead, la entretenidísima Deathgasm. Escrita y dirigida por Jason Lei Howden –un cineasta que cuenta con una carrera como especialista en efectos visuales y ha trabajado para Peter Jackson o producciones de Marvel–, en su opera prima nos cuenta unos hechos sangrientos que tienen lugar en Greypoint, localidad perdida en algún lugar de Nueva Zelanda. Después de que su madre sea ingresada en una institución psiquiátrica por intentar hacer una felación al Santa Claus de un centro comercial totalmente drogada de metanfetaminas, Brodie –un metalhead que toca la guitarra– es enviado a vivir con sus tíos Albert y Mary –fanáticos de la Biblia– y su primo David. En el instituto, Brodie defiende a Dion –un pardillo al que David y sus amigos atormentan-, cuya idea de hacer algo excitante es pasar la tarde jugando a rol con su colega Giles. Lo único interesante que Brodie encuentra en Greypoint es Alien Records una pequeña tienda regentada por Byron y su novia Abigail, una vidente que lee los posos de café. Allí, Brodie conoce a Zakk, otro metalhead. Y como el tipo –una buena pieza que le enseña a preparar napalm– toca el bajo, a Brodie se le ocurre formar con él una banda. Bueno, con él y con los perdedores Dion y Giles (teclados y batería respectivamente), formándose los DEATHGASM (“con mayúsculas, las minúsculas son para nenazas”). En esas que Zakk lleva a su amigo a una casa solitaria en las afueras del pueblo. En ella se esconde del mundo Rikki Daggers de los Haxan Sword, una leyenda del metal satánico, ahora acabada y mentalmente perturbada. Sin embargo, al igual que ellos, un misterioso asesino también ha seguido la pista de Rikki y se presenta en su casa dispuesto a acabar con él. Antes de morir, Daggers entrega a los chicos una partitura con la que huyen dejándole atrás. Lo malo de todo ello es que el asesino es un enviado de Aeon, el oscuro líder de una secta demoníaca que pretende hacerse con el Himno Negro, la poderosa melodía que esconde esa vieja partitura. 


Así, mientras los DEATHGASM se dedican a ensayar y grabar videoclips caseros –hilarante el maquillaje pretendidamente blackmetalero de Giles, copiado del Catman de Peter Criss– y seguir con sus vidas en Greypoint, Brodie –cual moderno Danny Zuko– se prenda de la guapa del instituto, Medina Darcy, que sale con David. Eso le reporta una paliza por parte de David, por lo que humillado y dolorido decide olvidar a la joven. Pero una tarde, DEATHGASM deciden tocar la partitura de Daggers y abren sin querer las puertas del averno, convocando a un demonio llamado Aeloth, the Blind One que provoca que medio Greypoint reviente vomitando sangre y asesine a los que no han sido poseídos por la entidad. Y no os cuento más, amiguitos. Deathgasm es decapitaciones, ojos arrancados, hachazos, penes cercenados, canibalismo, sangre y más sangre –recordad que Howden es especialista en efectos visuales por lo que ese aspecto está bien cubierto, sobre todo en la segunda mitad de la película que es todo un festival gore–, mucho humor... y death metal. En ese sentido, hay quien ha querido ver en el argumento una parodia burlesca del mundo de los metalheads. Sin embargo, al igual que ocurre en la música con los valencianos Gigatron o los californianos Steel Panther, esa pretendida ridiculización esconde una visión irónica del género hecha desde dentro con mucho respeto –el guión está lleno de guiños que sólo haría un metalhead auténtico–, un verdadero homenaje en clave humorística que da una bofetada a los detractores de está música y les demuestra que los jebis somos los primeros que sabemos reírnos de nosotros mismos. Si el padre Karras hubiese sabido que se puede matar a los endemoniados con un arsenal de consoladores, otro gallo nos hubiese cantado. Las interpretaciones son otro de los puntos a favor de la cinta, frescas y creíbles. Ah, y banda sonora de Skull Fist, Emperor, Bulletbelt, Elm Street, Pathology o Axeslasher entre otros, ¿qué más se puede pedir? 

Y cuidado, no os perdáis la última escena tras los títulos de crédito.