domingo, 13 de octubre de 2013

Dear God No!


Y, al igual que el pasado lunes me salté esa norma no escrita que desde hace años me obliga a hablaros de cine siempre en tardes de domingo, hoy me limitaré a reseñaros una única cinta en lugar del acostumbrado par. Y es que ineludibles compromisos familiares me han apartado del séptimo arte este fin de semana. Así pues, ¿qué obra cumbre de la cinematografía internacional merece hoy mi recomendación, amiguitos? Pues ni más ni menos que Dear God No!, una una película que recoge a lo bestia el espíritu grindhouse, escrita y dirigida por James Anthony Bickert, algo así como el primo degenerado de Quentin Tarantino. La historia que nos cuenta el argumento es la de los Impalers, una banda de asesinos motoristas que después de matar a todo el que se les cruza por delante -lo que incluye al sheriff del condado- llegan hasta una recóndita cabaña en medio del bosque en la que viven un antropólogo y su hija, y en la que se ha guarecido una pareja –mujer embarazada incluida-, los únicos testigos que pueden acusarles. Conociendo de lo que son capaces los motoristas, ya imaginamos que aquello va a derivar rápido en una orgía de sangre, pero a lo mejor esos criminales no van a salir indemnes. En los alrededores de la cabaña parece morar una especie de Bigfoot y –por si fuera poco-, los dueños de la cabaña no son tan normales como podría parecer a primera vista. 


Dear God No! se inicia con los moteros despertando de una noche de drogas y alcohol, rodeados de ensangrentados cadáveres desnudos de monjas a las que han violado y asesinado salvajemente. No llevamos ni dos minutos de película y uno ellos se desahoga dando puntapiés en la entrepierna a una de las desdichadas víctimas. Acto seguido, el jefe de la banda pasa sobre el cadáver de una de las monjas, quemando rueda sobre el vientre desnudo de la misma.  ¿Pero qué clase de cinta depravada es esta?, quiero decir que, después de tanta serie B penosa y pretendidas cintas gore que resultaban aburridas ¿había encontrado por fin la cinta de mis sueños? Sonido pésimo, apariencia de haber sido rodada con cuatro dólares por una panda de amiguetes, cantidad de tetas, violencia gratuita y extrema, humor asqueroso –no hablo de evisceraciones, desmembramientos, cráneos reventados o apuñalamientos, sino de ese bourbon con infusión de tampón usado que el protagonista se bebe sin pestañear-, muscle cars, monstruos, chicas en topless con metralletas, bandas de moteros, toques de nunsploitation, violaciones, strippers con máscaras de Nixon -¿acaso un homenaje a Kathryn Bigelow?-, efectos especiales de baratillo, nazisploitation... lo dicho, piltrafillas, una cinta excesiva a más no poder, una mescolanza de estilos que de tan exagerada resulta hilarante, una muestra de exploitation de serie Z en la que todo cabe y que –of course- os recomiendo disfrutar sin complejos.

1 comentario:

Atticus Brewster dijo...

Lo que me mola de cuanto ve no es el guión ni las actrices ni la fotografía.... tan solo esos culacos y tetorras...
GÑE!