sábado, 10 de enero de 2009

Stutz Blackhawk




Comienzo el sábado con un coche que en mi cerebro lleva asociada la imagen de un proxeneta negro con sombrero y ostentoso abrigo de pieles acompañado de un par de “amigas” de largas piernas y falda corta. Os hablo del Stutz, un lujoso automóvil que no era extraño ver en las películas de blackspoitation de los años 70, esas que aunaban black pride, chulos, putas, junkies, coches de lujo, sexo y violencia. Pero vamos a lo que importa.

Stutz Motor Co. se creó a pricipios del siglo XX en Indianapolis para participar en la famosa carrera de las 500 millas, pero la falta de dinero obligó a su fundador a dejar la compañía en manos de inversores que convirtieron a la marca en un exponente de lujo y seguridad al volante que les reportó reconocimiento y fama. Sin embargo, a mediados de los años 30 Stutz dejó de fabricar unidades.
Yo os acompaño unas imágenes de la segunda época de la firma –la que me gusta y tengo anclada en la memoria de la manera que os he explicado al principio de la entrada-, cuando a finales de los 60 Virgil Exner –junto al banquero neoyorquino James O’Donnell, que puso el dinero- retomaron la producción y consiguieron lanzar al inicio de la década siguiente el Blackhawk, un impresionante, lujoso –aire acondicionado, elevalunas eléctricos, tapicería de piel, consola para bebidas, cierre centralizado.... cosas que hoy parecen normales pero que, en aquella época no lo eran tanto- y bello vehículo diseñado por Ghia con motor V8 de 6.600cc. Estrellas como Elvis Presley o Frank Sinatra y todo el Rat Pack se enamoraron del coche rápidamente y la rebautizada Stutz Motor Car of America continuó fabricando unidades en diferentes versiones y modelos para satisfacción de jeques, emires y príncipes, convirtiéndose en acreedora del apelativo de marca más cara del mundo.

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