domingo, 29 de enero de 2017

Múltiple


Pues sí, amiguitos, como ayer ya os anuncié en Twitter, tuvimos sesión cinematográfica familiar en sala comercial –la única manera de compartir la visión de una película porque en casa es difícil que coincidamos los tres mirando la misma– asistiendo al estreno de la última de M. Night Shyamalan, aquí titulada Múltiple. Escrita, dirigida y coproducida por el realizador indio, el argumento que nos cuenta es el del pobre Kevin, un tipo que posee 23 personalidades diferentes –en realidad ellas le poseen a él– y que es obligado a raptar a tres adolescentes, una de las cuales tiene un oscuro pasado que se nos va contando paralelamente al desarrollo de la historia principal. La única persona que ayuda a Kevin es su psiquiatra, que asiste angustiada a la aparición de una nueva personalidad que ella creía que era producto de la imaginación de su paciente y que sin embargo pugna por aflorar atrayendo hacia si a otras identidades que comparten el cuerpo de Kevin. 


Piltrafillas, vaya por delante que ignoro lo que la crítica ha dicho de Múltiple pero desde ya mismo os recomiendo que vayáis a verla. La historia es interesante, el desarrollo mantiene la tensión admirablemente y el trabajo de James McAvoy es estupendo, algo a lo que ayuda la gran cantidad de primeros planos que Shyamalan rueda durante toda la cinta. Eso sirve también para la jovencísima Anya Taylor-Joy, una estupenda actriz que con la mirada transmite mucho más que con las palabras (algo que ya quedaba claro en la fantástica The witch que os comenté aquí). Desconozco si el número 23 significa algo en el particular universo shyamalano, pero –contando con que al final sólo llegamos a conocer a siete u ocho personalidades de Kevin– creo que era innecesario poner ese número tan exagerado. La historia hubiese quedado igual con menos alter egos del protagonista. Sin embargo, eso no resta mácula al trabajo de McAvoy, que con un personaje así tenía el peligro de caer en el histrionismo y se mantiene perfecto al límite de la raya. El desenlace quizás descoloca un poco, pero –en mi caso al menos– no desmerece el resultado general. En fin, lo dicho, una de las películas del año sin duda, que no os podéis perder. Y atención al sorprendente guiño para connoisseurs de la ultimísima escena de la película, que no os desvelaré. La guinda a un pastel esponjoso y bien horneado.

1 comentario:

Atticus Brewster dijo...

¿23?
Pocas son.
Pregunte a Jim Carrey...