domingo, 24 de abril de 2016

Tromeo & Juliet


Piltrafillas, este domingo toca hablaros de una película casposa inspirada en una obra imperecedera de la literatura universal. Me estoy refiriendo a Tromeo & Juliet, la mamarrachada de Lloyd Kaufman y James Gunn para Troma que –como habréis imaginado– basa su argumento en una puesta al día sui generis de la shakespeariana Romeo & Juliet. Estrenada en 1996, la acción transcurre en el Manhattan contemporáneo y se centra en dos familias neoyorquinas enemistadas desde tiempo atrás, los Que y los Capulets. Tromeo es un chico pobre que vive con Monty, su padre alcohólico –la primera escena de la película es una ardilla ahorcada en medio del comedor, con un letrero que dice “Monty Q apesta”– y trabaja con su primo y un amigo en un negocio de piercings. Por su parte, la desgraciada Juliet es una chica de clase acomodada a la que su padre Cappy y su violento primo Tyrone tienen recluida en la mansión familiar. Ambos, Tromeo y Juliet, son desafortunados sentimentalmente. El primero –que se masturba con juegos de ordenador eróticos– por que su novia, Rosie, es un putón verbenero y la joven –que se consuela sexualmente con una criada de su mansión– porque su padre, que abusa de ella, la ha prometido a un rico empresario cárnico. Para resumir: Tromeo descubrirá que Rosie le engaña, conocerá a Juliet y se enamorará de ella. 


La violencia de los Capulet a punto estará de dar al traste con la relación, pero al final –gracias a la ayuda de Fu Chang y su brebaje mágico, que convertirá a Juliet en una vaca con un pene descomunal– la pareja podrá ser feliz y, por fin, conoceremos el origen de las rencillas entre familias. Amiguitos, como es normal en una producción de Troma, Tromeo & Juliet se caracteriza por una violencia de cartón piedra, un gore de feria, unos efectos de maquillaje patéticos, softcore pueril, unas interpretaciones infames, unos diálogos de pena y un guión de lo más lisérgico. Para muestra, las pesadillas de Juliet, con escenas como el pene dentado o el vientre relleno de palomitas de maíz y ratones, algo que sólo puede disfrutarse con algunas cervezas en el cuerpo y ausencia de temor a perder varias neuronas en la aventura. A destacar la presencia de San Lemmy como narrador de la historia. Para consumir y olvidar, la verdad... a no ser que uno sea un friki de esos que somos capaces de recordar con una sonrisa a cosas como este enorme montón de guano. 

Y como un año después de su estreno, Oglio Records lanzó en cedé la banda sonora de la cinta, aprovecho la ocasión para añadir a modo de bonus el clip de Sacrifice, el tema de Motörhead que suena en el infame club nocturno, cuando Sammy y Murray se enzarzan en una pelea a raíz de la cual el primero pierde algunos dedos en una guillotina para papel. Cutre de cojones... but I like it.