domingo, 10 de abril de 2016

Las adolescentes


Piltrafillas, hoy mi última reseña va para la española Las adolescentes, un drama dirigido y coescrito por Pedro Masó. Con la falsa apariencia de una historia erótica cargada de colegialas proclives a mostrarnos sus cuerpos lozanos –corrían los años 70, la época del destape–, el argumento nos cuenta la historia de Ana, la joven hija de los propietarios de un hotel de la costa murciana, a la que sus padres han matriculado en una prestigiosa escuela de chicas británica. Apocada y tímida, Ana no tiene ningunas ganas de marchar al extranjero y alejarse de su entorno. Sin embargo, sus padres han tomado esta determinación para hacerle un bien y que aprenda a relacionarse con el resto de la gente, alejada del eterno amparo de las paredes de su hogar. Así es como Ana acaba en el internado femenino de Regent School, un estricto colegio en los alrededores de Londres. Pronto vemos como las rígidas normas que rigen la institución –personificadas en la inquietante gobernanta Ms. Larson– chocan con el carácter de algunas de las adolescentes que allí residen. Ana conocerá a Carla y Rosana, las chicas con las que compartirá habitación y que la acogerán en el seno de su grupo de amigas. Un día, para hacer un favor a sus compañeras, se vale de una pareja de ancianas londinenses a las que conoce por ser clientas del hotel de sus padres para que estas la inviten a pasar en la capital el fin de semana. De esta manera, las tres pueden dejar el internado y desplazarse hasta Londres. Allí, mientras sus dos amigas se quitan el uniforme y se van de marcha a darse el lote con unos veinteañeros de dudosa ralea, la reservada Ana pasa el día dejando correr las horas vestida con su uniforme rojo con capa y sombrero, cual caperucita roja de instituto. Cuando, al caer la noche, se presenta en el pub en el que han quedado para reunirse, conoce a Andrés, un madrileño que se encuentra en la ciudad trabajando como camarero y a un fotógrafo al que le ha fallado su modelo. Carla y Rosana no tardan en presentarse con sus parejas y acaban yendo todos a casa del fotógrafo, que resulta trabajar como proveedor de imágenes para una red de pornografía dirigida por un tal Hanson, papel interpretado por Jack Taylor, el mítico actor estadounidense aún en activo que desde los años 60 ha participado en numerosas cintas españolas, la mayoría de serie B. En un momento dado, uno de los chicos intentará abusar de Ana, por lo que esta se enemistará con sus compañeras. Pero eso no es todo. Jimmy, el chico que hasta el momento salía con Rosana, comenzará a cortejar a Ana a partir de esa noche. La historia, como podéis imaginar, no acabará nada bien. A destacar la presencia de Anthony Andrews, que años después se haría mundialmente conocido al coprotagonizar Retorno a Brideshead junto a Jeremy Irons


En fin, amiguitos, que como os he avanzado antes, con esta Las adolescentes de sinopsis morbosa poblada por adolescentes atractivas que daba la falsa impresión de tratarse de una película de destape, Masó nos cuela inteligentemente un pasquín con la defensa de los valores familiares y patrios como bandera. Y es que la verdad es que uno ya duda de si lo que el realizador quería era presentar una historia sexy disfrazada de fábula moralista para evitar a los censores o, por el contrario, utilizaba el reclamo del erotismo para adoctrinar al espectador con una moraleja casposa. Porque, sea por una razón o por la otra, lo que encontramos en Las adolescentes es un bajo nivel de erotismo y mucho mensaje entre líneas. Sólo hay que ver el cartel de la cinta, con ese texto que versa “¡Todo ocurrió cuando fueron a estudiar a Londres!”, que viene a decir que, si las niñas se hubiesen quedado en casita, no les hubiese ocurrido nada. Vamos, que me recuerda a eso de “es que van provocando” como justificación de las violaciones. Luego tenemos al pobre Andrés, ese camarero que afirma vivir peor en el Londres de mediados de los 70 que en España –muy verosímil, sí, sobre todo si recordamos que en ese momento aún vivíamos en una dictadura– pero que está obligado a permanecer allí por orgullo, para no regresar como un fracasado. Y por si eso fuera poco, una de las casquivanas compañeras de Ana le dice “Te admiro, parece que me como el mundo y no soy más que una inconsciente que hace tonterías”. En fin, para meterse los dedos hasta la glotis y vomitar. Para terminar, La gaviota, infame canción de Mocedades de la banda sonora que dice cosas como “Una gaviota sin plumar, quiso en la niebla navegar. Llegó la noche y no supo regresar” o “Adolescente, adolescente, gaviota torpe y sin plumar, vuelve a tu nido, vuelve a tu gente, gaviota vuelve ya”. En resumen, que es mejor quedarse en España y no emigrar y que es mejor estudiar en Murcia que en Londres. Viva la España cañí del maestro Marquina. Pese a todo, las interpretaciones son correctas y quizás precisamente por su cutrez, el resultado es entretenido.


Como bonus os acompaño algunos retratos de la norteamericana Koo Stark, protagonista principal de la película que en los años 80 alcanzaría notoriedad internacional a causa de su noviazgo con el príncipe Andrés de Inglaterra, de la austríaca Maria Perschy –la pérfida gobernanta de Regent School–, la estadounidense Susan Player en una escena de la italiana Cugini carnali y la madrileña Victoria Vera, todo un símbolo sexual para el españolito medio de finales de los 70.