domingo, 16 de agosto de 2015

Vacances à Paris (sixième partie)


El miércoles se levantó soleado y caluroso, demasiado para una ciudad que parece no conocer el aire acondicionado. Nuestro objetivo de la mañana era visitar la basílica del Sacré-Coeur, en Montmartre. Sin embargo, no accedimos a ella por las escalinatas o en funicular como hace la mayoría de mortales, sino por detrás. Tras dirigirnos en metro hasta la parada de Jules Joffrin, iniciamos el ascenso a la colina por calles y escaleras empinadas que nos condujeron a la Place du Tertre, en donde antaño había muchos más artistas en un espacio que ahora ocupan en gran parte las terrazas de los restaurantes. Esta visto que a la gente le gusta más comer y beber que comprar pinturas o dejarse caricaturizar. Por suerte, en una de las esquinas puede visitarse una interesante galería. De la basílica, poco hay que decir si no es que es impresionante por fuera y por dentro. Tras adentrarnos en las callejuelas de Montmartre –después de discutir sin éxito y regatear con unos senegaleses que, con mucha labia, colocaron sendas pulseritas de hilos de colores en las muñecas de mi mujer e hija– acabamos paseando por los bulevares de Rochechouart y Clichy, con sus sex shops y locales de strip-tease rancios, en donde hacer la típica foto del Moulin Rouge. Bajando por la Rue de Clichy llegamos a la iglesia de la Trinité y desde allí, a través del bulevar Haussmann y la Rue de Montmartre, nos plantamos en el Forum Les Halles dispuestos a buscar un sitio para comer.

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