miércoles, 27 de abril de 2016

Megadeth – Killing is my business... and business is good! (Combat-1985)


Amigos, en los años del vinilo –los de verdad, no este renacimiento comercial al que asistimos ahora y que nos vende los discos a precio de platino, como en su momento pasó con los cedés– uno se hizo con el Peace sells, el So far o el Rust... pero fue reticente en primera instancia a comprarse el primer álbum de Megadeth. Y no me decidía porque había leído que la producción era basura. Sin embargo, al final me compre el cedé –edición de Music For Nations de 1987, hecho en Francia– y pude constatar dos cosas: la primera es que sí, que el sonido era una mierda –he intentado utilizar un eufemismo pero no expresaba con suficiente crudeza la realidad– y la segunda es que, pese a todo, el álbum fue un debut de alto nivel y de lo más reivindicable. Y es que con el dinero que Combat records dio a Dave Mustaine, este contrató a un productor que acabó convirtiéndose en su camello. Así, no solamente no avanzaban en la grabación del disco sino que además de estar gran parte del tiempo drogándose, veían como pasaban a deberle dinero a quien tenía que ayudarles a presentar a la compañía un disco para poner en las tiendas. Eran los ochenta, amigos, y las discográficas eran los mayores benefactores del P.I.B. de Colombia. Total, que cuando estaban a punto de echar de su apartamento a unos Mustaine y Dave Ellefson llenos de deudas, Karat Faye –un ingeniero de sonido en los Crystal sound labs de Hollywood que también trabajaba en The Record Plant– conoció a Dave y se lo llevó a casa. Allí, Mustaine se puso las pilas y –además de trabajar en el diseño de la portada de su debut, que por cierto no fue aceptado por Combat– pidió a Faye que les ayudase a producir este seminal Killing is my business... and business is good! 

Así es como con una infame producción de Dave Mustaine y Karat Faye llevada a cabo entre los Indigo Ranch studios de Malibú y los Crystal sound, Megadeth grabaron su opera prima con Dave a las voces, guitarra y piano, Chris Poland a la guitarra, David Ellefson al bajo y coros y Gar Samuelson a la batería. La portada –una interpretación de los tres monos sabios de Nikko pasados por el cedazo de la mente de Mustaine– no fue, como ya os he dicho, la ilustración que Dave había ideado en un principio. Por contra, Combat prefirió escoger un diseño de Donald J. Munz que fotografió Dan Rizzi y salió mucho más barato. 


El track list fue: 

Last rites/Loved to death 
Killing is my business... and business is good! 
The skull beneath the skin 
These boots 
Rattlehead 
Chosen ones 
Looking down the cross 
Mechanix 

Pasemos ahora a analizar someramente los temas del disco. Last Rites/Loved to death es la toma de contacto con la primera canción editada por el Mustaine post-Metallica y, tras esa intro inspirada en Bach que encuentro muy original, llega Loved to death, un tema que –pese a la infame producción del álbum– nos enseña que estamos ante un grupo estupendo. Mucho más speed que thrash como el resto del álbum, la batería y los atisbos de bajo aparecen imaginativos e incluso con tintes jazzísticos, los riffs son alucinantes y la voz de Mustaine... bueno, eso es lo único que chirría un poco en mi opinión. Killing is my business... and business is good! –el tema título y primera de las tres veces en las que Mustaine puso tres puntitos en el nombre de un álbum– es una canción cortita a la que en mi opinión se hubiese podido sacar mucho más jugo. Sin embargo, Dave no estaba por la labor de grabar temas largos. Aquí –excepto un par–, todos rondan los tres minutos y medio. Y uno, ni eso. Skull beneath the skin es un temazo con diversos cambios de ritmo, mi preferido del disco. La siguiente es These boots, una fantástica versión de la canción que hizo famosa Nancy Sinatra, con melodía espídica y la letra algo cambiada que por motivos legales, en las reediciones del álbum de los años 90 no se incluyó. Es otro ejemplo de lo que a Mustaine le gustaban los cambios de ritmo. Rattlehead, canción que sienta las bases de lo que un fan de Megadeth debe esperar de la banda y que a partir de entonces dio nombre a la mascota del grupo, Vic Ratthhead, es otro gran tema espídico con un buen trabajo musical totalmente echado a perder por la producción. 

Le sigue la canción más corta del disco, Chosen ones, con una melodía muy NWOBHM –llamadme loco, pero me recuerda a los Maiden de Di’Anno–, otro de esos temas escondidos en la vasta discografía de Megadeth a los que pocos recordamos, y que sin embargo es más que recomendable. Looking down the cross es lo más épico que podemos encontrar en este cedé y es el preámbulo de míticas obras futuras de Mustaine, un tipo que si no hubiese estado bebido o drogado la mayor parte del tiempo que no estaba lloriqueando por la manera en que le habían echado de Metallica, quien sabe si no hubiese superado en fama e importancia a sus excompañeros. No en vano, no son pocos los que opinan que Megadeth ha sido a lo largo de su carrera superior a Metallica. Enorme canción. El broche final llega con Mechanix, que no es otra –como sabréis– que la versión del tema que Mustaine compuso con Hetfield para Metallica con el título de The four horsemen. Aporta poco porque no difiere demasiado de la original, pero tampoco desentona que digamos y tiene un regalo para sus antiguos colegas en modo de Fuck you! insertado en uno de los estribillos. 


Hay que decir que para su siguiente trabajo, ni Poland ni Samuelson siguieron en la banda. Sin embargo, Mustaine siempre ha alabado su trabajo como músicos y su valía como personas, siendo la razón de la no continuidad de ambos la falta de compromiso con la banda. Vosotros diréis lo que queráis, pero imagino aquellos años, el carácter del resentido Mustaine y el trasiego de sustancias que no cesó ni tras su fichaje por Capitol records y entiendo perfectamente que ese par abandonase el barco a la carrera. 







Y eso es todo. A modo ilustrativo, os he acompañado una breve selección de temas. Los fans de Megadeth, seguramente ya tendréis el vinilo o el cedé. Al resto, supongo que la producción os echará para atrás, aunque siempre podéis haceros con la reedición remezclada y remasterizada que en 2002 editó Loud records

¡Feliz fin de semana!
©King Piltrafilla

Entrada publicada el pasado viernes en zeppelinrockon.com

martes, 26 de abril de 2016

Zee Nunes Re-visited


Piltrafillas, una vez más –la verdad es que en los últimos días ya ha pasado en varias ocasiones– vuelve a visitarnos uno de los protagonistas de anteriores entradas más o menos lejanas en el tiempo que ya alegraron nuestro espíritu en el pasado. En concreto, hoy le toca al brasileño Zee Nunes, que ya se pasó por aquí un otoñal 14.11.15 y este martes regresa al blog.

lunes, 25 de abril de 2016

Anna Dyszkiewicz


Afronto la última semana de abril con una selección de retratos de Anna Dyszkiewicz, una fotógrafa de Poznan que trabaja para numerosas agencias de modelos de su país.

domingo, 24 de abril de 2016

Marton Perlaki


Hoy me despido del blog con Marton Perlaki, un fotógrafo de Budapest que estudió fotoperiodismo y cinematografía. Todo un valor en alza establecido desde hace poco en Nueva York que en la actualidad trabaja para clientes como Dior, Nike, Another o Muse.

Maggie


Mi segunda reseña de hoy va para Maggie, debut en la realización de largometrajes de Henry Hobson, un tipo que ha dedicado su carrera a la dirección y diseño de titulos de crédito. Protagonizada por Arnold Schwarzenegger y la joven Abigail Breslin –fantástica su participación en la genial Little Miss Sunshine, a la que ya dediqué una brevísima entrada en este espacio, o Zombieland, que también pasó por aquí–, este guión de John Scott 3, otro debutante en el mundo del séptimo arte, nos cuenta la historia de Wade Vogel y su hija Maggie, infectada por el necroambulis, un devastador virus que se extiende en un mundo en estado de sitio que se está yendo al carajo. Como en The Walking Dead, aunque sin el tremendismo gore ni la violencia de esta, el virus se contrae si un infectado muerde a su víctima, convirtiéndola en una especie de muerto en vida que, cual animal salvaje, es incapaz de reconocer a sus congéneres y los ataca para satisfacer su hambre. Tan pronto como alguien resulta contagiado, las autoridades inician un seguimiento que en todos los casos, más pronto que tarde, acaban con el enfermo llevado a lo que eufemística y oficiamente se conoce como Cuarentena, que no es otra cosa que centros en los que se apilan los infectados, en ocasiones devorándose entre ellos, hasta que se les administra un cóctel químico que acaba con ellos. Pero, aunque la enfermedad está muy avanzada en Maggie, gracias al doctor Kaplan –en la película no se explica la razón, supongo que tiene que ver con el pasado y la muerte de la primera mujer de Wade– consigue eludir el protocolo y evitar su ingreso en Cuarentena. Wade está decidido a permanecer con su amada hija en su granja en medio de un devastado Missouri hasta que se produzca lo inevitable. 


Amiguitos, no os quedéis en lo anecdótico –el sobado tema zombi– y tomad conciencia del verdadero argumento de la cinta. Maggie es la historia de un padre asistiendo a la enfermedad terminal de una hija, incapaz de curarla, corriendo el riesgo de contagiarse y teniendo que decidir si al final será capaz de poner fin a su sufrimiento de manera drástica. Es decir, que el argumento es mucho más serio y profundo de lo que parecía en un principio, quizás demasiado como para ventilar la historia en poco más de hora y media con Schwarzenegger como protagonista. No me entendáis mal, en realidad Arnold está muy convincente en esta ocasión y transmite bien la angustia por la que está pasando. Pero no ahonda en los matices que las distintas caras de esa desgracia provocan en su vida y en la de los que le rodean. Además, no olvidemos que la enferma es Maggie, y parece que esta acepta su destino mucho más serena que su padre, más asustado quizás por el acto extremo al que se ve abocado que por la enfermedad de la chica en si. En resumen, que Maggie tiene una fotografía estéticamente atractiva aunque grisácea, lúgubre y llena de penumbras y anocheceres, que junto al acompañamiento de la triste música de David Wingo y el propio argumento, no resulta precisamente un divertimento palomitero. Pese a todo, os la recomiendo. Y llamadme blando, nenaza o que me hago mayor... pero cuando he acabado de verla, he sentido una necesidad irrefrenable de darle un fuerte y prolongado abrazo a mi hija, que tiene aproximadamente la misma edad que Maggie.

Tromeo & Juliet


Piltrafillas, este domingo toca hablaros de una película casposa inspirada en una obra imperecedera de la literatura universal. Me estoy refiriendo a Tromeo & Juliet, la mamarrachada de Lloyd Kaufman y James Gunn para Troma que –como habréis imaginado– basa su argumento en una puesta al día sui generis de la shakespeariana Romeo & Juliet. Estrenada en 1996, la acción transcurre en el Manhattan contemporáneo y se centra en dos familias neoyorquinas enemistadas desde tiempo atrás, los Que y los Capulets. Tromeo es un chico pobre que vive con Monty, su padre alcohólico –la primera escena de la película es una ardilla ahorcada en medio del comedor, con un letrero que dice “Monty Q apesta”– y trabaja con su primo y un amigo en un negocio de piercings. Por su parte, la desgraciada Juliet es una chica de clase acomodada a la que su padre Cappy y su violento primo Tyrone tienen recluida en la mansión familiar. Ambos, Tromeo y Juliet, son desafortunados sentimentalmente. El primero –que se masturba con juegos de ordenador eróticos– por que su novia, Rosie, es un putón verbenero y la joven –que se consuela sexualmente con una criada de su mansión– porque su padre, que abusa de ella, la ha prometido a un rico empresario cárnico. Para resumir: Tromeo descubrirá que Rosie le engaña, conocerá a Juliet y se enamorará de ella. 


La violencia de los Capulet a punto estará de dar al traste con la relación, pero al final –gracias a la ayuda de Fu Chang y su brebaje mágico, que convertirá a Juliet en una vaca con un pene descomunal– la pareja podrá ser feliz y, por fin, conoceremos el origen de las rencillas entre familias. Amiguitos, como es normal en una producción de Troma, Tromeo & Juliet se caracteriza por una violencia de cartón piedra, un gore de feria, unos efectos de maquillaje patéticos, softcore pueril, unas interpretaciones infames, unos diálogos de pena y un guión de lo más lisérgico. Para muestra, las pesadillas de Juliet, con escenas como el pene dentado o el vientre relleno de palomitas de maíz y ratones, algo que sólo puede disfrutarse con algunas cervezas en el cuerpo y ausencia de temor a perder varias neuronas en la aventura. A destacar la presencia de San Lemmy como narrador de la historia. Para consumir y olvidar, la verdad... a no ser que uno sea un friki de esos que somos capaces de recordar con una sonrisa a cosas como este enorme montón de guano. 

Y como un año después de su estreno, Oglio Records lanzó en cedé la banda sonora de la cinta, aprovecho la ocasión para añadir a modo de bonus el clip de Sacrifice, el tema de Motörhead que suena en el infame club nocturno, cuando Sammy y Murray se enzarzan en una pelea a raíz de la cual el primero pierde algunos dedos en una guillotina para papel. Cutre de cojones... but I like it.