lunes, 28 de marzo de 2011

Cheyco Leidmann


Acabo con otro fotógrafo provocativo cuya obra surrealista, llena de colorido y sensualidad obtuvo renombre internacionalmente a partir de los años 80. Luces de neón, coches, vivos colores y sexo son algunas de las características que determinan el trabajo de este profesional llamado Cheyco Leidmann, que reparte su tiempo entre París y los Estados Unidos y se beneficia de la inestimable ayuda de su colaboradora Ypsitylla von Nazareth.


Actualización. Amiguitos, he recibido esta notificación y me veo obligado a retirar las imágenes que ilustraban la entrada.

Cellina Von Mannstein Re-visited









Regresa al blog la alemana Cellina Von Mannstein, fotógrafa sensual y provocativa que un lejano 25.10.08 ya se pasó por aquí para orgullo mío. Hoy os traigo una nueva tanda de imágenes de su trabajo.

domingo, 27 de marzo de 2011

King Piltrafilla

Drive angry







Por último os traigo un estreno -de nada piltrafillas-, ni más ni menos que la última cinta de Nicolas Cage, una película de acción en 3D titulada Drive angry. En ella se cuenta la historia de John Milton, un tipo violento que busca a un tal Jonah King, el líder de una secta satánica que mató a la hija del primero cuando esta quiso abandonarle y que en un par de días pretende sacrificar a su nieta. En la búsqueda le acompaña Piper, una camarera que tras dejar su trabajo sorprende a su novio en la cama con otra y a quien Milton rescata de ser apaleada por el tipo cuando ella decide cobrarse la afrenta llevándose su Dodge Charger. Ah amiguitos, pero eso no es todo. La historia tiene un toque sobrenatural ya que resulta que Milton se ha escapado del infierno para llevar a cabo su venganza y la muerte –personificada en un hombre que se hace llamar el contable- también se ha presentado en nuestro mundo, dispuesta a llevarse de nuevo a Milton hasta el averno.




Piltrafillas, preparaos para una acción trepidante, música cañera, algo de sexo, coches rápidos, humor, explosiones, una protagonista guapa y rubia – Amber Heard, la de All the boys love Mandy Lane, de la que ya os di cuenta en su día- aunque con personalidad e inteligencia además de un Cage cínico y duro en su papel de Milton, en un plan Bruce Willis pero sin su socarronería. Drive angry es un comic en imágenes típicamente concebido para el público masculino –persecuciones, disparos y bellezones, ya sean de dos piernas o cuatro ruedas- de argumento inverosímil y cargado de violencia gratuita, en resumen, puro divertimento palomitero que seguramente gane con el formato 3D en el que se ha visto en las pantallas de los Estados Unidos y que tiene previsto llegar a nuestro país el próximo 8 de Abril. Estad atentos, será una buena ocasión para pasar un rato divertido en el cine.

Confessions









Mi segunda reseña es una recomendación con todas mis fuerzas, un thriller psicológico japonés poco convencional titulado Confessions ubicado en un instituto que se inicia el último día del primer trimestre de curso, un 25 de Marzo a la hora del desayuno -mientras los alumnos treceañeros beben unos tetrabriks de leche- en el que ante la alegría de algunos, la sorpresa de otros y la indiferencia insolente de la mayoría, la profesora Moriguchi les confiesa que nunca se ha fiado de ellos –la primera de las confesiones que dan título a la cinta- y les anuncia que les va a dar una última lección. Entonces les habla de Manami, su pequeña hija fruto de su amor con otro profesor con el que no se casó porque a él le habían diagnosticado SIDA y –de común acuerdo- habían decidido que ella cuidaría al bebé en solitario para evitar que se supiese quien era su padre y que la enfermedad de este la estigmatizase de por vida. Entonces la profesora les recuerda con emoción contenida como su hija falleció a los cuatro añitos ahogada en la piscina del colegio y –llega el primer mazazo de la película- les asegura que el suceso no fue un accidente, sino que a la criatura la mataron unos estudiantes de esa misma clase. La frialdad con la que Moriguchi habla de la ley del menor y de cómo esta provoca que horribles asesinatos cometidos por adolescentes queden impunes es muy impactante. El monólogo poco a poco va captando el interés de los alumnos –y del hipnotizado espectador- y prosigue con la historia de los asesinos de su hija, unos adolescentes a los que se refiere como A y B pero que rápidamente son identificados por sus compañeros. Es entonces cuando llega el anuncio de la cruel venganza que la aparentemente impasible profesora ha ideado y el fin de la primera parte de la cinta.



La segunda parte de Confessions prosigue con el inicio del segundo trimestre del curso, la ausencia de la profesora Moriguchi y la llegada de un nuevo maestro que provocará una nueva confesión, la de Mizuki Miyahara –una alumna a la que desde pequeña han despreciado sus compañeros-, y luego otra confesión y otra y otra... Confessions es el retrato descarnado de una sociedad sin amor que cultiva la soledad de sus miembros creando monstruos, la foto de una juventud deshumanizada y sin valores que convive con la violencia de una manera despreocupada, irresponsable y aterradora en el marco de la sociedad tecnológica. Prueba de la maldad de los adolescentes son los puntos de castigo que van consiguiendo, actualizados en tiempo real en sus teléfonos móviles, o el mensaje subliminal que consiguen enviar al torturado Naoki. La historia original en su desarrollo se apoya en un guión bien construido, una fotografía preciosa y fría –como la actitud de la profesora, que confiesa sus sentimientos sin levantar la voz ni expresar ira ni enfado, con la determinación de quien lleva a cabo un plan minuciosamente trazado- llena de difuminados, una banda sonora muy lograda, profusión de escenas a cámara lenta y ritmo pausado al principio y en la mayor parte del metraje pero trepidante en su fase final... En resumen piltrafillas, Confessions es una cinta de estética delicada que envuelve un mensaje oscuro con forma de mosaico del que se nos muestran diversas porciones y que hasta el final no observamos en su totalidad. Después de cosechar un gran éxito de crítica y público en su país y en diversos festivales internacionales por los que ha pasado, definitivamente no es del tipo de cintas gore niponas que últimamente disfruto, por lo que os pido que no os dejéis llevar por los prejuicios y me hagáis caso. No os la podéis perder.

Caza a la espía








Inauguro la tanda de reseñas cinematográficas de hoy con Caza a la espía, el relato de un escándalo –uno más- que salpicó al gabinete de George W. Bush durante la invasión de Irak llegando a provocar la dimisión de un alto cargo de la administración. El argumento se centra en la historia real de Valerie Plame y Joe Wilson, un diplomático que es enviado a Níger para recabar datos sobre una posible trama de tráfico de componentes nucleares con destino a Irak. El informe que presenta –así como los análisis sobre el terreno que la CIA está llevando a cabo- parecen demostrar que no existe ni esa trama ni programa nuclear alguno en Irak. Aún así, la Casa Blanca interpreta los informes a su gusto y justifica la invasión de dicho país. Cuando Wilson hace públicas sus conclusiones y acusa a la administración Bush de llevar a los Estados Unidos a la guerra a causa de oscuros intereses, la oficina de la vicepresidencia filtra a la prensa que la esposa de Wilson, Valerie Plame, es en realidad una agente de la CIA.




En Caza a la espía nos encontramos a unos espléndidos Naomi Watts y Sean Penn encarnando a ese matrimonio de patriotas –sí amiguitos, durante la película hay diversas dosis de esa moralina que tanto gusta a los norteamericanos- que tras servir a su país durante años, son presentados ante la opinión pública como traidores, comunistas –ya sabemos que para el norteamericano medio, sea demórata o republicano, ese apelativo es como la peste- y poco menos que un par de advenedizos aprovechados a la búsqueda de notoriedad. La película no gustará a los papanatas que se creyeron las mentiras de Bush, Blair y Aznar, pero expone de una manera clara –basándose en el hecho puntual del escándalo Plame- lo que muchos imaginábamos en su momento. Distraída y muy interesante, Caza a la espía es, más que un thriller político, una especie de documental teatralizado, una historia que –pese a estar basada en los libros que escribieron los protagonistas de este suceso, por lo que es bastante subjetiva- pone otra pieza en la explicación de la aparentemente gran mentira que supuso la invasión de Irak, un tema del que estoy convencido que aún no conocemos en toda su totalidad y quizás nunca lleguemos a conocer. Recomendada.

Calvato








Este es el alemán Kai Warszus, un fotógrafo establecido en la localidad alemana de Remscheid –muy cerca de donde vive mi hermana- conocido profesionalmente por el pseudónimo de Calvato y que se dedica al erotismo en sus variadas vertientes.

Philippe Halsman










Ayer ya os hablé de uno y hoy os traigo a otro maestro clásico de la fotografía del siglo XX, esta vez el norteamericano de origen letón Philippe Halsman. En los inicios de su carrera colaboró con Vogue como freelance establecido en París, pero ante la inminente entrada de los nazis en la capital francesa se marchó a los Estados Unidos con la ayuda de su amigo Albert Einstein, en donde –como habitual colaborador de Life- alcanzó la fama. Actores, políticos y artistas desfilaron ante su cámara y a casi todos ellos les hizo saltar ante ella, una característica de la obra de Halsman por la que es reconocido.