domingo, 15 de mayo de 2016

The witch


Mi última reseña de este domingo va para The witch, que vi ayer con mi esposa en el cine antes de cenar unos frankfurts aprovechando que la niña se había ido a casa de una amiga a pasar una noche eurovisiva. Escrita y dirigida por Robert Eggers, supone su debut en el largometraje y creedme que el tipo ha cumplido con creces. La historia que nos cuenta tiene lugar a mediados del siglo XVII y nos cuenta como una familia cristiana de Nueva Inglaterra es expulsada de la colonia en la que reside y sus integrantes se ven obligados a establecerse en los aledaños de un frondoso y misterioso bosque. Allí, el matrimonio, unos mellizos pequeños, un chaval preadolescente y una muchacha en plena pubertad, construirán su hogar, cultivando maíz junto a algunas gallinas, una cabra, un perro, un caballo y el Negro Phillip, un misterioso chivo. Un día llega a la familia un nuevo integrante, Samuel. Pero cuando al poco de nacer desaparece, el triste suceso supone la primera losa en el sendero hacia la total destrucción de la familia. 


Amiguitos, The witch se presenta como una película de terror aunque yo no la calificaría como tal, pese a que lo que cuenta aterre. También se puede creer obviamente que, por su título, habla de brujería. Pero tampoco estaría del todo de acuerdo. Y es que The witch –de la que Pablo González de Cinemanía ha dicho que se trata de una mezcla de El bosque y La cinta blanca, con lo que no puedo estar más de acuerdo– es mucho más, habla de la opresión religiosa y nos muestra como el islamismo político, social y radicalmente ideológico que hoy tememos no se diferencia demasiado del cristianismo que regía la sociedad de las colonias puritanas de Nueva Inglaterra. Gracias a una atmósfera inquietante y angustiosa a la que no es ajena la estupenda fotografía de Jarin Blaschke, en mi opinión estamos ante una alegoría fascinante sobre la liberación espiritual, mostrando que la pretendida tiniebla satánica alimentada por el fundamentalismo y la ignorancia puritana tenía mucha más luz que su cristianismo opresivo del temor a dios. Y ese camino traumático en el que una familia entera se desmorona lo encarna la joven Thomasin, una estupenda Anya Taylor-Joy cuya interpretación destaca junto a la de Ralph Ineson como el recto y bueno padre de familia que, sin embargo, es el verdadero culpable de la desgracia familiar. 


En fin, piltrafillas, una muy recomendable cinta, atractiva pese al horror que desprende y más profunda de lo que parece. Los que busquéis una película de terror palomitero, ya os podéis ir marchando.