domingo, 3 de mayo de 2015

La nave de los monstruos


Para este fin de semana me he reservado una rara película mexicana en la que la ciencia ficción más cutre que os podáis imaginar, se mezcla con el musical casposo... ¡y el vampirismo! Vamos, piltrafillas, serie Z de la buena. El título de la cinta en cuestión es La nave de los monstruos, una película de 1960 dirigida por Rogelio González que, entre otros, protagonizaron Ana Bertha Lepe –respetada actriz ya fallecida, toda una estrella de la época dorada del cine mexicano de mediados del siglo pasado–, Lorena Velázquez –la reina del cine mexicano de serie B– y Eulalio González “Piporro”, un actor cómico y compositor de música norteña y ranchera que incluso llegó a actuar en el Follies Bergère. El argumento nos cuenta como el hombre sueña con dejar la Tierra y conquistar el universo gracias al dominio que ha adquirido de las fuerzas que rigen el comportamiento del átomo. Sin embargo, en Venus se ultima el lanzamiento de una expedición interplanetaria muy importante cuya misión es la búsqueda a lo largo de los confines de la galaxia de todo tipo de especímenes masculinos ya que todos los venusianos varones han fallecido, precisamente y en palabras de la que parece la mandamás del planeta, a consecuencia del mal atómico. ¡Caramba!, ¿acaso estamos ante una película avanzada a su tiempo que pretende concienciarnos sobre los peligros de la era nuclear? Para nada, amiguitos. Lo que veremos es como dos guapas mujeres, la venusiana Gamma y la uranita Beta, iniciarán su búsqueda a través de las estrellas de machos de diferentes razas para poder seleccionar al perfecto ejemplar que deberá fundar la primera de las nuevas generaciones de Venus. Ya tras los títulos de crédito, nuestras amigas –dos supuestas astronautas embutidas en ceñidos bañadores, con peluquería y maquillaje reciente durante todo el metraje– y el robot que las acompaña, habrán tenido tiempo de llevar a cabo su misión y confinar en las bodegas de la nave a una grotesca selección de las especies más raras que hayáis imaginado. 


Pero un fallo en uno de los motores obligará a las chicas a llevar a cabo un aterrizaje forzoso. Y nunca mejor dicho, porque precisamente en donde recalan es en el planeta Tierra (aunque para ellas se trate de Antarsis 135 sub 2). Es aquí donde conocerán a Lauriano, un charro cargante y graciosillo que a la mínima ocasión se pone a cantar. Sí amiguitos, es como si mezclamos una cinta de Manolo Escobar con una película de ciencia ficción y chistes de Cantinflas. Alucinante ¿a que sí? Total, que Beta se convierte en vampira, el mando de Venus decreta su eliminación y la chica se rebela y libera a todos los monstruos que lleva secuestrados en la nave con el fin de liquidar a Gamma y Lauriano, para después adueñarse del planeta. Pero el charlatán Lauriano presentará pelea y no dudará en luchar contra la uranita vampira –aunque sea cantando en ocasiones– para, al final, como el héroe que es, llevarse a la chica buena con él. Así es piltrafillas, os la he contado toda. Pero es que en realidad eso no es lo que importa. Lo que cuenta en La nave de los monstruos es disfrutar de las hilarantes –por lo absurdas– escenas que nos regala la película. Así que, poneos cómodos, pillad una Negra Modelo bien fría y disfrutad de este despropósito. Un clásico. 


A modo de bonus, os acompaño sendos retratos de la Lepe y la Velázquez en sus años mozos.

1 comentario:

ÁNGEL dijo...

Madre mía, qué miedo, y yo viendo "Ladrón de bicibletas" con mi pimpollo. Eso sí, en la mesita de noche ahora Däniken, que seguro que haría las delicias de sus tardes de aburrimiento. No se prive de echarle un vistazo a este crack.