Es momento de volver a comentar una peliculilla en este blog abierto a quien lo quiera visitar. A estas alturas ya llevo publicadas más de mil quinientas reseñas, muchas de ellas con diversos niveles de erotismo aunque también encontraréis terror, gore, exploitation, acción, giallo, thriller, cine policíaco y de superhéroes e incluso animación. Sin embargo, hace ya más de dos años que no os traigo una obra que contenga sexo explícito, siempre con alguna característica que le otorgue un plus que la aleje de las cintas meramente onanistas. Eso no significa forzosamente que rebosen calidad pero al menos ha existido un departamento artístico que se ha ocupado de dar colorido al envoltorio que cubre lo que al final no es otra cosa que una sucesión de actos sexuales con el objetivo de excitar al espectador. Y hoy le toca a Sex Wars, una película dirigida por el californiano Bob Vosse y protagonizada entre otros por Laurie Smith, Robin Cannes, Paul Thomas y Richard Pacheco. El argumento nos cuenta que la princessa Layme ha aterrizado en Plutón y busca una tripulación que la acompañe a los confines de la galaxia hasta el planeta Tyros, donde el malvado Lord Balthazar tiene cautiva a su hermana –la princesa Orgasma– como esclava sexual. Cuando consigue los servicios de Brinker Duo y Mark Starkiller, a los que convence a cambio de sexo, inicia su peligroso viaje.
Y por si no lo habéis notado por el nombre, Sex Wars es uno más de los títulos de géneros diversos que se rodó a rebufo de Star Wars. El logo es copia descarada del de la película de George Lucas, la música de los créditos iniciales está –con mucho cuidado, para no ser acusada de plagio– libre pero claramente inspirada en la de John Williams, la nave en la que la princesa Layme aterriza en Plutón es una copia del Halcón Milenario, la taberna cutre con mesas de mantelitos a cuadros llena de frikis con maquillaje y disfraces de mercadillo es un remedo low cost de la cantina de Mos Eisley y el robot 4Q, algo así como una papelera con luces, es el hermano discapacitado de R2D2. Por otra parte, no me digáis que –con imaginación– no es Balthazar un sosias de Jabba. Y sí, los efectos especiales son patéticos, como esa nave surcando el espacio que se ve que es una maqueta colgada de unos hilos moviéndose por delante de una fotografía, pero todo está hecho con mucha voluntad y cierto gusto –aunque el resultado no lo indique– que otorgan a Sex Wars esos puntos extra por los que me he decidido a hablaros de ella. En fin, es lo que es y tampoco quiere ser más, pero me ha resultado simpática.















No hay comentarios:
Publicar un comentario