Y bajo un sol de justicia, ascendimos –por suerte existe la posibilidad de hacerlo en funicular– al impresionante Schloss parcialmente en ruinas. De origen medieval, con añadidos góticos y renacentistas, fue residencia de los condes palatinos renanos y de los electores, que lo transformaron en un verdadero centro de poder. Con majestuosos edificios como el Ottheinrichbau y el mejor conservado Friedrichsbau, desde su mirador ofrece unas vistas fantásticas de la ciudad en la que finaliza el grueso de mi reportaje fotográfico, que no mi estancia en Alemania.
Eso es porque del sábado no tengo imágenes ya que fue el día escogido para reunirnos con mi hermana y mi cuñado, una jornada fantástica en la que disfrutamos de su compañía y dejé descansar la cámara. Y el domingo era el día destinado en principio a trasladarnos hasta Stuttgart para visitar el Mercedes-Benz Museum y dar un paseo por la capital de Baden-Württemberg. Sin embargo, vamos teniendo una edad y el calor y las caminatas de la semana habían hecho mella en nosotros por lo que dedicamos el día a relajarnos, paseando sin prisa y disfrutando más de lo habitual del aire acondicionado del hotel antes del viaje de vuelta. Así, concluyo las entradas de nuestras vacaciones estivales con imágenes de los exteriores del cementerio judío de Battonnstrasse y su muro exterior con bloques de metal con los nombres y fechas de vida de los judíos deportados de Frankfurt, el río, la Alte Oper y sus alrededores, la zona de Römerberg al atardecer –donde cené una fantástica Schwäbisches Haschee vom Kalb, plato bávaro de salsa de carne acompañada de Kartoffelpüree– y de nuestra última copa a orillas del Meno.
Y eso es todo. Como siempre, espero que a los que no conozcáis las ciudades de las que he hablado, os entren ganas de visitarlas y que a aquellos que ya las hayáis recorrido os haya traído buenos recuerdos.


No hay comentarios:
Publicar un comentario