domingo, 19 de junio de 2022

Peppermint Frappé (1967)


Piltrafillas, este domingo os traigo un clásico del cine español del siglo pasado, Peppermint Frappé de Carlos Saura, que se llevó por ella el Oso de Plata al mejor director en la Berlinale de 1968. Protagonizada por José Luis López Vázquez, Geraldine Chaplin –por entonces musa y pareja sentimental del realizador– y Alfredo Mayo, nos cuenta cómo cambia la anodina existencia de Julián –un médico radiólogo en Cuenca– cuando su amigo Pablo –un exitoso hombre de negocios– regresa a España junto con la joven Elena, con quien se ha casado durante su estancia en África. Cuando Julián conoce a la mujer, cree reconocer en ella a una misteriosa joven que había visto un Viernes Santo tocando el tambor en Calanda y se siente inmediatamente atraído por ella. Durante los días siguientes, mientras Pablo está ocupado realizando gestiones, Julián hace de cicerone de Elena por la ciudad de Cuenca y sus alrededores, mostrándose cada vez más obsesionado con ella, que se resiste a sus insinuaciones y le rechaza sintiéndose cada vez más molesta. Mientras, Julián, inicia una relación con su joven enfermera –una chica tímida y apocada que está enmorada secretamente de él– aunque en realidad su interés por hacer que ella se muestre más moderna esconde su deseo por convertirla en una especie de sosias de Elena. 
 

En fin, amiguitos, a saber lo que Saura tenía en mente cuando ideó el argumento de esta Peppermint Frappé –por cierto, una bebida que intenté degustar en mis años mozos y no soportaba– pero lo cierto es que funciona en varios planos. Por un lado, tenemos la película de terror psicológico con protagonista rarito traumado, a lo giallo pero hispano, con Cuenca de fondo y sin iluminación de sombras o colores saturados. Por otra parte, puede leerse como analogía del oscurantismo social español de la época ante el aire fresco del resto de Europa. Julián es retrógrado, triste, gris, reprimido y ultracatólico –tiene un altar en casa y se pone en el tocadiscos la música del Misterio de Elche, drama religioso que representa la Asunción y Coronación de la Virgen María– mientras que el objeto de su deseo es una Elena alegre, vestida con colores vivos y liberada sexualmente, amante de un hombre bastante mayor que ella y que declara no sentir necesidad alguna de tener hijos. 
 

También es un buen detalle que Julián tenga un SEAT 850 de color apagado mientras Pablo conduce un Corvette de 1961 de flamante color rojo. Y como anécdota, que desconcierta más que otra cosa, el toque surrealista de la evocación de la mujer del tambor de Calanda. No hay que olvidar que Calanda es la localidad natal de Luis Buñuel, a quien Saura dedicó esta obra. En fin, una película muy bien hecha, con unas estupendas interpretaciones y todo un clásico –aunque raruno, eso sí– que no os podéis perder.

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