viernes, 16 de septiembre de 2016

W.A.S.P. – The headless children (Capitol 1989)


Amigos del vinilo, después de un parón en el estudio de tres años en el que aprovechan para editar su directo Live... in the raw, los W.A.S.P. maduran y –ya sin Steve Riley, que se había unido a los L.A. Guns– graban su cuarto The headless children con la pretendida voluntad de alejarse de su imagen disoluta –complicado para un grupo que contaba con Chris Holmes en sus filas– y adentrarse en el terreno de las composiciones comprometidas social y políticamente. Vamos, los desvaríos a los que Lawless se abandonaría en su época de introspección y renacimiento espiritual. Y nos podemos reír mucho, pero resulta que finalizaron la década con el mejor álbum de su historia, al menos en términos de ventas y crítica. Eso sí, el precio fue perder al carismático Holmes (quién, como sabréis, regresaría a la banda casi diez años más tarde para grabar dos álbumes bastante anodinos). 

Total, que Blackie Lawless como innegable timonel de la nave coge las canciones que tenía compuestas, alquila los Baby O studios y se lanza a grabar y producir este The headless children con la ayuda de su fiel –al menos hasta el momento– Chris Holmes y el asalariado Johnny Rod, teniendo que echar mano de Frankie Banali de Quiot Riot para la batería y de Ken Hensley de Uriah Heep –de quien la banda ya había versioneado su Easy livin’ en el anterior disco de estudio– para los teclados. Y, cuando lo tienen todo, lo editan con una impactante portada en la que –por primera vez– no aparece Blackie en ella. Esta es un diseño de John Kosh –del que, por cierto, hablé aquí– que muestra un mundo devastado por la violencia y la maldad y en la que aparecen infames figuras de la historia de la humanidad como Mussolini, Charles Manson o Idi Amin. Precisamente junto a estos últimos, creo advertir la cara del senador Joseph McCarthy, artífice de la caza de brujas política que tuvo lugar en Estados Unidos en los años 50 y que afectó especialmente a los sectores intelectuales y artísticos de Hollywood. Acaso sea un guiño de Lawless al PMRC de Tipper Gore, que le tuvo en el punto de mira durante años. 


El track list fue: 

A 
The heretic (The lost child) 
The real me 
The headless children 
Thunderhead 

B 
Mean man 
The neutron bomber 
Mephisto waltz 
Forever free 
Maneater 
Rebel in the F.D.G. 

The heretic, el primer tema, es típicamente W.A.S.P. Y es que, si bien es cierto que Blackie intentó que las letras fuesen algo más profundas de lo habitual –tampoco es que eso tenga nada de malo–, el sonido de la banda continuaba siendo el que esperábamos, con algo más de solvencia quizás, pero sin olvidar que Chris Holmes –pese a estar algo infravalorado injustamente–, tampoco es Eddie Van Halen. En The real me se atreven a versionear a The Who dando como resultado un tema que, si por una parte apenas recuerda a Daltrey y compañía, resulta que parece ser que fue del agrado de Townshend. Nos demuestra que Banali fue una buena elección y que Rod era más que un pelo teñido crepado. Le sigue el tema homónimo, una más que aceptable The headless children en la que desde su inicio podemos escuchar a Henley aportando sus teclados a una canción donde destacan Holmes y Banali. La última de ese lado del vinilo es una estupenda Thunderhead en la que abundan los coros y vuelve a lucirse Holmes

La segunda cara comienza con Mean man, uno de los singles del álbum y la más W.A.S.P. old style de las canciones que contiene el disco. Con eso está todo dicho. La siguiente es The neutron bomber –su inicio me recuerda al de The zoo de Scorpions–, que sigue la tónica del álbum sin destacar demasiado pero cumpliendo en el sonido general de la obra. Mephisto waltz es una pequeña instrumental acústica que aporta bien poco, aunque sirve de preámbulo al baladón Forever free. Tras la calma, llega la tormenta con Maneater, otro tema rápidito de tradición waspera que tiene continuidad en una Rebel in the F.D.G. que remite a sonidos habituales y pone fin a un álbum redondo que hubiese quedado de maravilla como colofón a la época ochentera del grupo y hubiera servido de verdadero canto del cisne para W.A.S.P. si Lawless no hubiese cedido a las presiones de la discográfica y –con Holmes abandonando la nave– hubiera dado carpetazo al proyecto para comenzar su carrera en solitario. 


Pero llegó The crimson idol, que ya me compré en cedé y es una obra con la que mantengo una relación de amor/odio y que creo que, pese a ser la obra magna de Lawless –nunca superada–, musicalmente es un autoplagio repetitivo en el que melodías, riffs y coros marca de la casa se iteran hasta la saciedad. Pero esa es ya otra historia, amigos. 

Total, que aquí tenéis la grabación completa para que la podáis disfrutar. 

¡Feliz viernes! 
@KingPiltrafilla


Entrada publicada simultáneamente en ffvinilo.blogspot.com