domingo, 21 de febrero de 2016

La patota


Mi primera reseña cinematográfica del día se la voy a dedicar a la producción argentina La patota. Dirigida por Santiago Mitre –que también coescribió el guión– y basada en la cinta de igual nombre de 1960 de Daniel Tinayre, este remake tiene como principal baza la presencia y la fuerza interpretativa de Dolores Fonzi, en la que recae el peso de toda la película. El argumento, ligeramente distinto al de la original, nos cuenta como Paulina, una abogada comprometida con los trabajos sociales, hija de un juez progresista cuyas ambiciones políticas hacen que se relacione con las facciones más conservadoras de la sociedad, abandona su prometedora carrera para instalarse en la selva de la provincia de Misiones, arrinconada al norte del país entre Brasil y Paraguay. Su objetivo es impartir un taller semestral sobre formación política y derechos humanos a los alumnos de un instituto de la zona. Sin embargo, estos –la mayoría de los cuales hablan en guaraní sin importarles si Paulina los entiende o no– ni la respetan ni responden a sus preguntas. Aún así, la determinación de la joven es férrea. Una noche, mientras regresa a casa en moto a través de un camino solitario, será abordada por un grupo de jóvenes –patota significa pandilla, en el sentido negativo de la palabra– y violada. Como resultado, se quedará embarazada. Sin embargo, sin que lo comprenda ni su familia, ni sus amigos, ni –me atrevería a decir– la mayoría de los espectadores entre los que me incluyo, Paulina decide seguir adelante con la gestación y no denunciar a sus agresores. 


Lo cierto, amiguitos, es que me decidí por ver La patota por varias razones. La primera fue que se trataba de una película argentina, cinematografía que me ha dado muchas alegrías y de la que en este blog podéis encontrar un buen número de cintas, desde Picado fino a Carancho, pasando por Desnuda en la arena o No moriré sola. Entre eso y que la cinta venía precedida por premios en Cannes o San Sebastián, me lancé de cabeza a su disfrute. Pero ya sabéis que acostumbro a ser muy sincero con vosotros y debo admitir que, pese a la gran interpretación de la Fonzi y una fotografía estupenda que retrata de manera admirable el entorno misionero, la falta de empatía con la decisión de la protagonista ha lastrado en gran manera mi valoración. Y sí, las razones que expone Paulina para aceptar su destino serán todo lo respetables que queráis. La violada es ella y es libre de decidir lo que quiere hacer. Pero, por un lado está la ley, y los delitos lo son en base a ésta y no a lo que opine la víctima sobre ello. Y, por otra parte, aún no sé qué clase de pretendida coherencia con sus inquietudes sociales es la que provoca su comportamiento. Así pues, La patota es una de esas películas a las que no se puede negar calidad pero que, desde el punto de vista del entretenimiento o del mensaje, no os puedo recomendar. Ahora bien, vosotros tenéis la última palabra.