domingo, 14 de febrero de 2016

EBRO Serie B: Fordson Thames Trader


Amiguitos, cuando uno se pone a rememorar las calles de su infancia, además de los utilitarios que circulaban por ellas, es imposible que no acudan a la memoria imágenes de los camiones ligeros que, ya fuese como repartidores de butano, bebidas, cristales, mercancías varias o como soporte para grúas, rivalizaban con los Dauphine, SEAT 1500, Austin MG o Simca 1000 en circular sobre los pavimentos adoquinados de las grandes ciudades. Y si en los 60 y principios de los 70 había una marca que monopolizaba el panorama –obviando los menos numerosos Mercedes-Benz L319 o Citroën HV–, esta era EBRO. El origen de esta marca se encuentra en Cádiz y en la creación en 1920 de Ford Motor Co. S.A.E. con objeto de fabricar Ford T, camionetas con su bastidor y maquinaria agrícola Fordson, una submarca de Ford UK. Tan solo tres años más tarde, la sede se trasladó a Barcelona y a finales de la década pasó a denominarse Ford Motor Ibérica S.A. Finalizada la Guerra Civil y años después de que la empresa atravesase serios contratiempos, fue nacionalizada y pasó a llamarse Motor Ibérica S.A., registrándose la marca EBRO para la fabricación de camiones y tractores. Corrían los años 50 cuando, basándose en el Fordson Thames Trader de Ford UK, nuestras calles se llenaron de los camiones que hoy os presento a modo de homenaje. Y es que, si en la construcción o el transporte reinaban los Pegaso, en el día a día del barrio, nos rodeaban los EBRO. Y eso es todo. Deciros que, hasta que a mediados de los 60 se trunca la alianza con Ford y la marca compra Fadisa, Avia, Perkins o Aisa, a lo largo de su existencia, EBRO fabrica numerosos modelos de camiones. Sin embargo, es su serie B, redondeada y elegante, la que más me gusta. Quizás sea mucho más conocida la C, pero su diseño chato siempre me pareció menos atractivo.