domingo, 14 de septiembre de 2014

The yakuza wives


Mi primera reseña cinematográfica del día se la dedico a la estupenda The yakuza wives, una película dirigida por Hideo Gosha que nos regala un retrato oscuro, crudo, casi desprovisto de violencia, en el que –pese a todo- muestra perfectamente los entresijos del implacable código yakuza y de la felonía que toda lucha por el poder lleva implícita. El acierto de la cinta –que en su momento se convirtió en todo un éxito de crítica y espectadores en su país- es que asistimos a la acción de la mano de una mujer jefa de clan, exponente del mito de la Onna-oyabun, algo así como la versión femenina de la figura del padrino mafioso. Así, The yakuza wives nos cuenta la historia de Tamaki, la esposa del jefe del clan Awazu, quien ha formado el club de las Prison Wives, mujeres que cada cierto tiempo se reúnen para bailar, cantar, beber y divertirse para olvidar por unas horas que sus maridos están cumpliendo condena. En una de esas fiestas, Tamaki –que se ha convertido en una jefa que controla con mano firme la organización de su esposo- y sus amigas reciben la visita de la esposa del jefe supremo del grupo Domoto, clan yakuza con tentáculos que abarcan toda la región de Kansai. La mujer les transmite palabras de aliento de parte de su marido, que sabe que es duro para ellas seguir con su día a día pero que deben tener claro que un hombre no es nada sin el apoyo de su esposa. En ese –como en otros aspectos-, tal código de comportamiento no difiere demasiado al que la mafia norteamericana siguió durante años. Mientras, Makoto –la hermana menor de Tamaki, que vive con su padre enfermo- trabaja como camarera en un club de alterne y está agobiada por las deudas. Desaprobando el modo de vida de su hermana, en un principio rechaza su ayuda pero finalmente acepta el regalo de un anillo y de unas vacaciones en Guam mientras su hermana mayor se ocupa de prepararle una cita con un joven pretendiente al que no conoce. 


En esas, el líder del grupo Domoto fallece repentinamente de un ataque al corazón. En la organización suenan varios nombres para sucederle: Masahiro Kurakawa, su mano derecha desde la fundación del grupo, Akimasa Koiso –uno de los cerebros del clan- y el más radical y joven Tatsuo Kakinuma. Y es precisamente este el que –por designación expresa del fallecido líder- hereda la jefatura. Sin embargo, una de sus primeras actuaciones consiste en crear el grupo Horyu y darle la capitanía del mismo a Kurakawa, una inteligente manera de tenerle contento. Pero Koiso no está dispuesto a dejar pasar tal afrenta y pone su ojo en Tamaki, quien en ausencia de su esposo ha doblado la fuerza de su clan, pidiéndole que le ayude a deponer a Kakinuma prometiéndole la jefatura del grupo Horyu para su marido. Sin embargo, Koiso no está por la labor de dejar demasiadas cosas al azar y encarga a su hombre de confianza que busque un asesino para que elimine a Kakinuma. Así mismo, comienza a hostigar a algunas de las familias de las mujeres de club de la prisión. Mientras, durante su estancia en Guam, Makoto es violada por un hombre con tres dragones tatuados en su espalda que no es otro que el lugarteniente de Koiso. A su regreso, los acontecimientos se suceden. Por un lado, Makoto –sin explicarle la verdad a su hermana- le dice que ha conocido a alguien en Guam y por ello no puede casarse con el novio que le ha buscado. Por otra parte, Kakinuma sufre un atentado y todos piensan que se trata de una venganza del grupo Horyu de Kurakawa. La verdad es que Sugita, el violador de Makoto, ha sido el ejecutor del plan de Koiso y cuando ella se entera, el yakuza la obliga a casarse con él. Con Kakinuma fuera de combate, el poder de Koiso se incrementa a fuerza de sangre y la fría Tamaki, involucrada en la guerra por el control del clan Domoto, tendrá que escoger entre la lealtad a la organización que representa en ausencia de su marido y sus sentimientos fraternales. Amiguitos, si os gustan las películas de familias mafiosas, no os podéis perder esta fantástica película de Gosha –de quien Takashi Miike es un declarado admirador- que tuvo tanto éxito en Japón a mediados de los 80 que se convirtió en la primera de una larga serie de cintas. 


La mayor parte del mérito se lo lleva Shima Iwashita -reputada actriz de la que el crítico Mark Schilling afirmó que era Bette Davis con kimono-, que interpreta a una jefa yakuza con una feminidad semioculta, mezcla de elegancia, dureza implacable, frialdad y compasión maternal que convierte a su personaje en una figura distante a la vez que próxima.

3 comentarios:

Alex Palahniuk dijo...

Genial película para los que piensan que Asia es sólo Kurosawa. Me encantó, la vi a recomendación de un profesor de Universidad y me encantaron los entresijos de los Yakuza. Increíble. Un abrazo, King: un placer leerte siempre.

ÁNGEL dijo...

Genial crítica de la peli.

King Piltrafilla dijo...

Gracias a ambos... aunque, más que crítica, lo que me ha salido es un resumen. Eso sí, recomendada a tope.