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La entrada de hoy está dedicada en su mayor parte a otro de los puntos
de interés de Oslo, el parque Vigeland –en realidad, forma parte del
enorme Frognerparken– que toma su nombre del escultor
Gustav Vigeland, autor de las estatuas que otorgan fama mundial a este lugar y que
representan diferentes aspectos de la vida humana. A mi me parecieron todas
de una belleza sublime a la hora de transmitir movimiento, energía y
emociones.
Es sin duda, con el Ayuntamiento, lo más recomendable de Oslo, una
ciudad que, aún teniendo sus atractivos, no resulta especialmente memorable.
Del parque destacan el Monolitten de gránito y –al menos sobre el
papel, ya que a mi me impresionaron más otras obras– el niño con rabieta o
Sinnataggen, que hay quien quiere identificar como símbolo de la
ciudad a modo del bruselense Manneken Pis.
Completan la tanda las vistas desde la terraza superior del edificio
de la ópera y un Cadillac aparcado ante un Domino’s Pizza en
Grunerlokka.
En la tanda de hoy os muestro numerosas imágenes del Radhuset o
Ayuntamiento de Oslo, con sus dos torres caracteríticas, sus relieves
policromados representando episodios de la mitología escandinava y sus
espacios interiores profusamente decorados.
En los muelles de su exterior destaca por el contraste la moderna
estatua Dykkaren, una escultura plateada que representa a un submarinista
mirando al mar.
Y para terminar, una selección de fotografías del moderno barrio de la
marina de Aker Brygge, donde finalizamos la mañana y dimos cuenta de una
suculenta hamburguesa.
Pues sí, un año más he tenido la satisfacción de poder pasar unos días
de vacaciones en el extranjero y –como ya es tradición– voy a contarlo en
este espacio por si puedo ayudar a alguno de vosotros y porque también me
gusta enseñaros mis fotos, qué narices. Como habréis visto en el título, en
esta ocasión he visitado Oslo y Estocolmo por lo que el reportaje gráfico
comienza con una primera toma de contacto en el área de la estación central
con el monumento contra el nazismo –con una especie de Mjölnir haciendo
pedazos una esvástica–, la escultura de la Plaza Christian Frederiks y el
edificio de la Ópera desde la orilla opuesta, bañada por el olor de la
madera ardiendo en las saunas flotantes.
Le siguen algunas imágenes del barrio de Grunerlokka, donde nos
alojamos y de la catedral luterana de Oslo, que estaba cerrada y
visitaríamos más adelante, con el monumento dedicado a la memoria de las
víctimas del atentado de Utoya. Completa la serie una instantánea del
Parlamento y de un par de flamantes coches eléctricos chinos, un NIO EP9 y
un Voyah Free. Además de porque me gustan los coches, os los muestro porque
las calles de Oslo están llenas de vehículos eléctricos. Y es que Noruega,
que es un país petrolífero, es paradójicamente el que más coches eléctricos
matricula. De los diez coches más vendidos, ocho son vehículos cero
emisiones. Eso se ha conseguido porque en su adquisición no se paga IVA ni
impuesto de matriculación. Tampoco se les aplican impuestos sobre el
carburante, además de no pagar peajes o abonar el 50% o incluso nada en los
aparcamientos. Si a eso le sumamos que la renta per cápita es más del doble que la de España, por ejemplo, los beneficios están claros.
Por último, en esta entrada os muestro en primer lugar a la
estatua Cecilie de Hakon Anton Fageras, que con el objeto de dar visibilidad
al cáncer de mama, representa a Cecilie Flatval una mujer que falleció tras
ser diagnosticada a los 42 años. Para finalizar, adjunto imágenes del
Palacio Real y sus jardines.