viernes, 17 de febrero de 2017

¿Hay futuro?


Montado en un oxidado navío tiznado de herrumbre en cuyo puente de mando veo a ociosos voluntarios que juegan a capitanes, abandonándose a peleas intestinas y provocando el descontrol y la incertidumbre en una sala de máquinas en la que va menguando la marinería mientras ellos gozan de la seguridad que otorga el no depender económicamente de su trabajo. Así me encuentro. En cualquier momento los oficiales podrán guiar la maltrecha nave hasta un puerto cualquiera y regresar a sus quehaceres remunerados sin remordimiento alguno. Pero... ¿y la tripulación?, ay amiguitos, nosotros, los que de verdad mantenemos el buque a flote corremos el peligro de encontrarnos varados en el dique seco, sin barco y sin posibilidad de zarpar en un plazo más corto del que sería de esperar. Y así estoy, un viernes de febrero más, manchado de grasa y hollín en el vientre de la nave, mirando con ojos angustiados hacia la superfície temeroso ante el incierto futuro que me aguarda, mientras el acompasado vaivén de las olas me lleva quién sabe hacia dónde.