domingo, 20 de noviembre de 2016

I am wrath


Amiguitos, ya os aviso que la reseña de hoy es de bajo nivel. Y no es que me refiera al análisis que haré de la película protagonista de la entrada –eso no sería noticia ya que SIEMPRE hago críticas de escaso rigor en las que la subjetividad se impone al conocimiento– sino a la calidad de la cinta en cuestión. Eso es porque hoy os quiero hablar de I am wrath, la última película del norteamericano Chuck Russell –el de Eraser, The Mask o The Scorpion king– en un proyecto menor protagonizado por John Travolta en un trabajo meramente alimenticio al lado de Christopher Meloni. La acción transcurre en Columbus, Ohio, donde el gobernador John Meserve tiene entre manos el proyecto de un oleoducto en el que Vivian, la mujer de Stanley Hill –un ingeniero que trabajaba para Chrysler–, supervisa la parte presupuestaria. Una noche en la que Stanley regresa en avión de una entrevista de trabajo y su esposa ha ido al aeropuerto a recogerlo, sufren un atraco y ella es asesinada. Los detectives Gilmore y Walker de la policía de Columbus se ocupan de la investigación, pero cuando Stanley reconoce a uno de sus agresores, ambos dejan la investigación de lado. Así que, lleno de ira y sed de venganza, Stanley decide tomarse la justicia por su mano convirtiéndose –con la ayuda de su amigo Dennis– en una mezcla del Punisher de Marvel y el Paul Kersey de la bronsoniana saga Death wish. Y es que Stanley tiene un pasado secreto. 


Lo malo, piltrafillas, es que desde los primeros minutos, Russell ya nos muestra sus cartas y nos da pistas más que evidentes sobre la verdadera razón de la muerte de Vivian Hill. En fin, que esta I am wrath es una típica película de sofá de domingo por la tarde que pese a estar bien hecha no es comparable al resto de trabajos del realizador. De hecho, tal como comentaba The Columbus Dispatch en su edición del pasado 28 de abril, pasó directamente al circuito de vídeo sin proyectarse en salas. Así que, ya sabéis, no puedo deciros que sea una basura a la que no debáis dedicar vuestro tiempo, pero estamos ante un producto de usar y tirar, de aceptable factura, guión simple e intérpretes que cumplen sin más y donde Meloni resulta más creíble que Travolta y su injerto de pelo nicolascageniano.