domingo, 6 de noviembre de 2016

Enemy gold


Tal y como ya os he comentado, mi segunda entrada de la tarde también tiene a Julie Strain como protagonista, esta vez con mayor presencia que en el caso anterior. Y es que con Enemy gold añado una reseña más a mi colección particular –ver lista completa aquí– dedicada a las producciones de Andy Sidaris. Dirigida por su hijo Christian como la siguiente The Dallas connection, la acción comienza en el fragor de una batalla de la Guerra Civil norteamericana y vemos como un par de soldados sudistas huyen del lugar con unas alforjas llenas de oro que entierran en el bosque. Ya en nuestros días –bueno, en los años 90 claro– la acción se traslada a Dallas, en donde se encuentra la tapadera de Chris y Mark, agentes de la agencia LETHAL (Legion to Ensure Total Harmony And Law) y hasta donde llega la agente Becky Midnite, antigua instructora de Chris. Los agentes se encuentran bajo el mando de Dixon, un agente corrupto que está en nómina de un narcotraficante al que llaman Santiago. Nuestros amigos no reconocen su autoridad y siguen fieles a la agente Ava Noble, su antigua jefa en la actualidad destinada en Washington. Pero Dixon logra suspender las actividades del grupo mientras investiga la muerte de dos delincuentes en el transcurso de una operación que tuvo lugar en una propiedad privada en la que se almacenaban drogas. En realidad, todo es una treta de Santiago con el fin de quitarse de encima a LETHAL y que no interfieran en sus planes. 


Pero el trío de agentes sigue empeñado en ir tras el traficante por lo que este contrata a Jewel Panther, una asesina a sueldo, para que acabe con ellos definitivamente. Casualmente, los agentes se encuentran con el tesoro escondido al principio de la película y cuando Santiago se entera, se propone robárselo antes de asesinarlos. En fin, piltrafillas, un argumento en el que nada tiene sentido y que sólo sirve para mostrarnos desnudas a Tai Collins, Suzi Simpson y Julie Strain. Enemy gold es la primera de las cintas producidas por Sidaris que no dirigió él mismo sino su hijo, al igual que su –podéis llamarla secuela o copia, porque el argumento era parecido y sus protagonistas casi los mismos– siguiente The Dallas connection. Y es que era normal que en estas películas, además de Bruce Penhall y Mark Barriere, apareciesen Julie Strain o Rodrigo Obregon en papeles similares aunque con nombres diferentes o –como en el caso de Strain– pasando incluso de villana a agente de la ley. Así pues, estamos ante un nuevo producto con el sello Sidaris en el que lo importante no es el guión ni las dotes interpretativas de las actrices que aparecen en escena y que es un simple vehículo para mostrarnos culos y tetas femeninas con un aderezo de explosiones y disparos. Tan simple y entretenido como eso. 


A modo de bonus y ya que ella es el leitmotiv de la tarde, adjunto una imagen de Andy presentando el vhs de la película al principio de la misma con Julie meneando las tetas a su lado. Junto con el gran Russ Meyer, no me negaréis que el tipo era el puto amo.