Y acabo este fin de semana en el que comenzamos mes con el trabajo del danés Sune Czajkowski, un fantástico fotógrafo que creció a caballo entre Copenhagen y Ciudad del Cabo y que en 2004 se estableció en París para trabajar en el mundo de la moda. Ha participado en diversas exposiciones y colabora habitualmente con Vogue, GQ, L’Officiel, Tush o Qvest.
domingo, 2 de octubre de 2011
Red State
Finalmente piltrafillas, os voy a hablar de la mejor de las películas que he visto este fin de semana -todo un estreno-, ni más ni menos que Red State, la última del realizador norteamericano Kevin Smith, sí amiguitos, el mismo de Cop Out, una bazofia con Bruce Willis de protagonista de la que ya os hablé hace un año. Sin embargo, la de hoy se nos presenta como una obra de terror y acción con el trasfondo de esas organizaciones ultracatólicas norteamericanas llenas de hijoputas que son capaces de poner bombas en clínicas abortistas y matar a médicos y pacientes como vía para defender la vida de fetos. En fin, que entre eso y los carteles que había podido ver, se me ocurrió que le podía dar a Smith una segunda oportunidad. Y he hecho bien. La cinta comienza con Travis camino del instituto cruzándose con la escena de una familia destrozada saliendo de su casa con el féretro de Jacob, su hijo adolescente asesinado –el último de una ola de crímenes que azota la población-, mientras unos anormales insensibles al dolor ajeno les insultan y obsequian con pancartas del tipo Vete al infierno, El cielo odia a los homosexuales o Penetración anal = condena eterna. Total, que Red State prometía, aunque sólo fuese por la denuncia de grupos pseudo religiosos de ese tipo. Cuando Travis llega tarde a clase y cuenta la razón de su retraso, la profesora aprovecha para sacar el tema de los derechos individuales y la iglesia de Abin Cooper, un tipo que al parecer no cae bien a nadie pero que sin embargo tiene seguidores en el pueblo. Al salir al patio, Jared le cuenta a Travis y a Billy Ray que ha recibido por teléfono la invitación de una chica que quiere montárselo en grupo con los tres. Esa misma noche Travis le pedirá el coche a su padre y junto a sus dos compañeros del instituto abandonará los límites del condado para tener sexo con una treintañera, o al menos eso es lo que se imaginan.
Amiguitos, para que quede claro desde ahora, os recomiendo que no os perdáis esta película. Así de claro. Interpretaciones creíbles y una historia de las que dejan mal cuerpo, en Red State veréis como jóvenes sanas, niños angelicales y matrimonios bendecidos por la gracia siguen embobados las palabras aparentemente reconfortadoras del reverendo Cooper –a quien sus acólitos llaman abuelo cariñosamente- a la vez que son capaces de volcar el tremendo odio que albergan sus corazones contra aquellos a los que creen merecedores de la condena y el castigo divino. Da miedo pensar que tus amables vecinos, esos que se ofrecen para ayudarte con las bolsas de la compra, te invitan a barbacoas, cuidan de tus hijos cuando tú te ausentas o te regalan pasteles de manzana, pueden ser capaces de matarte si descubren un día que eres ateo, has abortado, tienes amigos gays... o votas al partido demócrata. Algo irregular en su desarrollo, la película tiene pasajes como el sermón de Cooper –genial Michael Parks en su papel de lobo con piel de cordero- que a algunos se les puede hacer largos, pero en mi opinión es un ejemplo más de que a veces, para provocar miedo no hacen falta demasiados efectos de sonido ni imágenes escabrosas. No amiguitos, ver a ese tipo hablando del temor a Dios, mientras identifica a los homosexuales como los enviados de Satán en la Tierra ante pequeños de dos o tres años que dejan que sus palabras alimenten sus cerebros tiernos ante los ojos orgullosos de sus progenitores da más miedo que mil Godzillas. De todas formas, no hay que preocuparse porque el tercio final de la cinta se convierte en una orgía de violencia sin ápice de contención. Y como me gustaría que me hiciéseis caso y viéseis Red State no os voy a contar absolutamente nada más del argumento. Vosotros diréis lo que queráis, pero sin efectos especiales ni litros de sangre, esta película -¿en serio el guión y la dirección es del mismo tipo que perpetró Cop Out?- es de lo más terrorífico que he visto en tiempo, más que nada porque todo cuanto pasa es de lo más verosímil.
The devil’s rock
Y ahora amiguitos, otra cinta de serie B pura y dura. Esta vez se trata de la reciente The devil’s rock, una película de 2011 cuyo argumento tiene lugar en plena Segunda Guerra Mundial, la víspera del Día D, cuando comandos aliados se dedicacaban a realizar sabotajes en instalaciones nazis de las islas del Canal de La Mancha con el fin de distraer la atención de los alemanes de las playas de Normandía. En particular el argumento se centra en Ben y Joe, dos soldados altamente especializados que al entrar en una fortaleza son sorprendidos por dos detalles. Primero, exceptuando una playa minada, no han tenido que hacer frente a resistencia enemiga alguna y segundo, aunque el lugar parece desierto, se escuchan unos gritos en lo más profundo de aquel enorme y aparentemente solitario castillo. Por supuesto, los valientes soldados acudirán al rescate de la que imaginan que es la desdichada víctima de algún tipo de tortura... y no os cuento nada más porque os esperan varias sorpresas en el desarrollo de la trama.
Piltrafillas, lo primero que nos llama la atención de esta The devil’s rock es que se trata de una producción neozelandesa, una cinematografía de la que no es que conozcamos gran cosa, al menos en mi caso y lo segundo es que pese a tratarse de un producto de presupuesto ajustado, lo cierto es que visualmente está muy lograda la ambientación. Así que tenemos una cinta bélica sin cañonazos, nazis, vísceras y un sanguinario demonio con tetas que tiene el poder de transfomarse en conocidos de los humanos a los que ataca. Si a tal historia le sumamos unas interpretaciones aceptables, un envoltorio de calidad y un ritmo que sabe mantener la tensión del espectador, el resultado –que confieso que no era el que me temía al iniciar su visión- es una palomitera y notable película de buena serie B muy recomendable para una tarde de Otoño.
99 women
Piltrafillas, comienzo el domingo con una nueva obra del director de culto de este blog, Jess Franco, Jesús Franco o como queráis llamarle de entre sus múltiples pseudónimos, aunque sus adoradores siempre podemos llamarle cariñosamente Tío Jess. Pero me voy a dejar de tonterías y os voy a presentar una coproducción anglo-franco-hispano-germana de finales de los 60 titulada Der heisse Tod (La muerte caliente) o Les brûlantes o 99 women o Island of despair... o lo que sea. Como es natural en producciones europeas de la época, los títulos y las versiones con diferentes montajes de una misma película estaban a la orden del día. De hecho, la versión que que he visto ha sido la francesa sin censurar, que básicamente es la española en la que se insertaron toscamente –es el apelativo más benévolo que se me ocurre para calificar despropósitos tales como que una pelirroja de pelo corto que habla con un tipo a la luz del día tras el muro de una factoría se convierta un segundo más tarde en una rubia de ondulados cabellos que lleva a cabo una felación en la penumbra de una estancia cerrada en semi oscuridad- varias escenas pornográficas. La historia que nos cuenta la película es la de un penal ubicado en una isla de Panamá –en realidad el alicantino Castillo de Santa Bárbara, escenario de una infinidad de cintas del realiador madrileño- dirigido por Thelma Díaz, una alcaide cruel de la que se insinúa un lesbianismo reprimido. La isla entera se encuentra bajo el mando del Gobernador Santos, preocupado por el nombramiento de un nuevo Ministro de Justicia molesto por las numerosas muertes que se producen en la prisión de mujeres. Cuando Nathalie Mendoza –joven acusada de tráfico de drogas- fallece a causa de unas fiebres, el doctor encargado de visitarla envía un informe al Ministerio.
Es entonces cuando llega a la isla Leonie Caroll, una nueva funcionaria de prisiones para hacerse cargo de la dirección del centro. Evidentemente, Santos y Díaz unirán sus fuerzas para deshacerse de Caroll. Mientras, un día en el que trabajaban en el exterior, Helga y Rosalie –dos de las reclusas de la cárcel de mujeres- avistan a unos hombres, prisioneros del penal masculino que hay en la isla y la segunda entabla contacto con un tal Juan Diego, que le propone quedar al amanecer en un pueblo de pescadores para escapar de allí. De regreso en sus celdas, las dos mujeres le proponen a su compañera Marie huír juntas. Para ello deberán atravesar 30 kilómetros de selva. En fin piltrafillas, no os cuento nada más. 99 women está bien rodada –de hecho tiene más calidad de la que imaginaba-, no es nada casposa –a excepción de las mencionadas escenas hardcore de la edición gala que no aportan nada a la obra al ser de dudosa calidad estética- y en mi opinión se trata de una cinta más que aceptable en los parámetros del género women in prison que además cuenta con la presencia de Maria Schell o Mercedes McCambridge, por lo que el nivel interpretativo del conjunto se eleva algo sobre la media de la mayoría de películas de este tipo. A destacar en el papel de Zoé a la guapísima Rosalba Neri, de la que ya os hablé en una reciente entrada dedicada a La bestia mata a sangre fría. Palomitera, amena y poco más.
Cabezas de Hidra
Ha llegado el momento de fomentar la lectura, aunque sea de una de mis obras. Mañana inicio la anunciada publicación de Cabezas de Hidra, la historia de unos cuantos hombres y mujeres de edades variopintas, distintas nacionalidades y situaciones familiares diversas que buscan romper con su pasado y darse una nueva oportunidad para ser felices, aunque el viaje sea traumático. Las existencias de esas personas se cruzarán gracias al azar mientras –en un hilo argumental paralelo que acabará impactando contra las diferentes historias- seremos testigos de la llegada a este mundo de un ángel exterminador sin piedad ni moral. Si alguno de vosotros se siente tentado por leerla, lo que sí os pido es que seáis condescendientes y no la juzguéis con demasiada dureza. Pensad que soy de Ciencias y escribí a primera versión –reescrita en varias ocasiones, siempre a bolígrafo- hace casi veinte años. De Richardus –mi segunda novela en la que un escritor español establecido en Alemania buscaba a su padre desconocido y entraba en contacto con el mundo del espionaje, los asesinatos políticos y la creación del estado de Israel, ya publicada en este blog por entregas- no obtuve demasiado feed-back que digamos, por lo que no sé por qué me empeño en repetir la experiencia. Pero bueno, aquí estamos. Lo dicho piltrafillas, la cita es mañana.
Stephen Shub
Continúo ahora con la obra de un pintor híperrealista norteamericano llamado Stephen Shub, enamorado de los coches y las flores, a quien no conocía hasta hoy y del que he sabido que estudió en la neoyorquina High School of Art and Design e inició su dedicación a la pintura tras un accidente que le obligó a permanecer inmovilizado 8 meses.
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