viernes, 13 de febrero de 2026

Agnetha Fältskog – Eyes of a woman (Polydor, 1985)


Hoy voy a rivalizar a blandenguer con Dani... y eso sin que haya fallecido la artista de la que os voy a hablar, ojo. Parte de la banda sonora de mi infancia estuvo marcada por ABBA –mi madre era muy fan– y lo cierto es que actualmente respeto mucho a ese grupo y opino que un buen número de sus canciones son temarrales y composiciones imprescindibles de la música de todos los tiempos. Pero os soy sincero. En aquellos años no sentía por ellos el mismo reconocimiento que ahora y si algo llamaba mi atención de los suecos era la voz excepcional, los cabellos dorados y esas piernas embutidas en pantalones y mallas ajustadas de la diosa nórdica Agneta Fältskog
 

Esa nostalgia fue en gran parte la que a principios de año me obligó a sacar de la cubeta de una tienda este disco y –previo pago, claro– llevármelo a casa. Pero es que además, el álbum es una muestra de tonadas alegres caracterizadas por la voz cristalina de Agnetha y una producción ochentera llena de teclados en la que participaron compositores como Justin Hayward de los Moody Blues, John Wetton y Geoffrey Dawnes de Asia o el mismísimo Jeff Lynne de la E.L.O. Tenía que ser mío. 
 

Cantante y compositora desde la preadolescencia, cuando Agnetha se casó con Björn Ulvaeus antes de que ABBA existiese ya tenía una carrera musical propia y había editado varios elepés y numerosos singles en su país, además de haber interpretado a María Magdalena en el montaje sueco del musical Jesucristo Superstar. Sin embargo, no sería hasta la disolución de ABBA que retomaría su carrera, esta vez cantando en inglés y con trabajos enfocados al éxito más allá de las fronteras de su Suecia natal. Y Eyes of a woman fue su segundo intento de petarlo internacionalmente, sin el paraguas de sus excompañeros de grupo. 
 

Grabado en los Polar studios de Estocolmo con el líder de la última formación de la banda británica 10cc Eric Stewart a la producción –que también metió coros, percusión y piano eléctrico–, además de Agnetha a las voces y coros, contó con la participación de Rutger Gunnarsson al bajo, que realizó numerosos arreglos en casi todos los temas. Gunnarsson era un gran amigo de Agnetha porque había tocado en los álbumes de ABBA y había sido músico de gira con ellos. A la batería estuvo Jamie Lane, que venía de Sniff’n the tears, a la guitarra Rick Fenn y a los teclados y sintetizadores Vic Emerson, ambos –sobre todo Fenn– parte importante de los 10cc de Stewart. Además, el disco contó con la colaboración del reputado saxofonista Mel Collins (King Crimson, Camel, Alan Parsons Project y otros) y los suecos Anders y Karin Glenmark, dos hermanos gemelos integrantes del dúo Gemini. Por cierto, mi copia es alemana y las fotos de Agnetha corrieron a cargo de Tony McGee
 



¿Y qué se puede esperar de un álbum así?, pues obviamente una versión descafeinada de ABBA en lo musical –aunque eso no signifique que no tenga calidad, simplemente no encontraréis ahí las melodías de Björn y Benny– y casi un calco en lo vocal. Así, inaugura el disco One way love, una composición de Jeff Lynne con sintetizadores, teclados y una melodía pegadiza al servicio de la voz limpia e inconfundible de Agnetha que, como en todo el disco –Frida ya no está a su lado– se dobla y hace los coros ella misma con el apoyo puntual de Karin Glenmark. Le sigue Eyes of a woman en el mismo estilo, tonada con marcada presencia de sintetizadores aunque con algunos guitarrazos tímidos aquí y allá y un bajo con especial protagonismo en la base rítmica. Es el único tema con Per Allsing a la batería, quien poco después se convertiría en miembro de Roxette. Just one heart tiene cierto regusto a melodías caribeñas, alegre y sin pretensiones y es otro tema en el que –obviando a la vocalista– destaca especialmente la interpretación de Gunnarsson al bajo. 
 



I won’t let you go es producto de la colaboración directa de Stewart y Agnetha. Se lanzó como primer single del álbum y en él la sueca borda un tema muy de su estilo en el que su estupenda voz encaja como un guante. Llega entonces The angels cry, escrita por Justin Hayward que también mete guitarras. Es un medio tiempo etéreo, donde bajo y teclados destacan sobre una batería electrónica que, como en todos los temas del disco, suena demasiado limpia. Para mi gusto, es otro exponente de tema sin mácula, de agradable escucha y factura, pero sin alma. La cara finaliza con Click track, un tema ochentero a tope, con teclados, batería electrónica, guitarras pasadas por sintetizador y ritmo sincopado. Es en mi opinión el menos agnethiano en lo que llevamos de disco, que hasta el momento transitaba por una senda que bien hubiesen podido seguir los ABBA
 


Y si la cara anterior finalizaba con un tema que se alejaba del estilo habitual de Agnetha, We should be together –incluso por el tratamiento de su voz– me parece un funky disco destinado para ser cantado por Madonna, un pop ochentero de manual en el que la vocalista sueca parece buscar modernez. I won’t be leaving you es un tema sencillo, con total protagonismo de la voz de la Fältskog y sin demasiados arreglos –exceptuando un solo de guitarra– al que en mi opinión le falta un poco más de ampulosidad e instrumentación. Que sí, que ya sé que la obra debe servir para el lucimiento de la vocalista y su especial voz pero a las canciones se las tiene que dotar de atractivo para que sean éxitos, aunque qué sabré yo. 
 



Le sigue Save me (Why don’t ya), con más ritmo y guitarreo, que provoca que le vengan a uno ganas de mover los pies, aunque carece de un estribillo que la haga pegadiza y acaba resultando monótono. Por lo menos tiene un solo de guitarra final que le salva a uno del sopor. I keep turning off lights es un tema correcto, sin más, que como punto a favor tiene que precede a un temazo, We move as one, escrita por Wetton y Dawnes, una canción sencilla aunque con una bonita melodía, bonitos coros y arreglos grandilocuentes como corresponde a sus autores y una interpretación vocal a la altura con la que se pone el punto final al track list del álbum. 
 

En resumen, una obra elegante, de producción inmaculada, sumamente melódica, con tonadas atractivas y una voz que enamora, extremadamente ochentera tanto para lo bueno como para lo malo... pero sin nada que destaque especialmente para convertirla en un álbum histórico. Sin embargo, es de fácil digestión para todos los estómagos y me sirve para decir –he tardado años– que ya poseo en mi colección de un pedacito de mi crush de adolescencia. No hay más preguntas, señoría. 
 
¡Feliz viernes! 
@KingPiltrafilla
 
Entrada publicada simultáneamente en ffvinilo.blogspot.com 

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