sábado, 2 de enero de 2010

Mapa de los sonidos de Tokyo







Y ya por la tarde, acompañado por los acostumbrados cortadito y copa de ron añejo, he disfrutado de Mapa de los sonidos de Tokyo, la última cinta de la realizadora catalana Isabel Coixet. La película –a la que me enfrentaba atraído por su ambientación en Japón pero escéptico ante la temática- me ha gustado mucho piltrafillas, y la recomiendo a todos los amantes del cine y la fotografía. Mapa de los sonidos de Tokyo es –como su propio título indica- un compendio de sonidos, apartado en el que Coixet ha puesto especial cuidado, pero es sobre todo una sucesión de imágenes de impresionante belleza por cuenta del genial Jean-Claude Larrieu, habitual director de fotografía en las obras de la realizadora. Así pues, visualmente la película es una pequeña joya y dado que mis temores –me la imaginaba aburrida y pretenciosa en cuanto al argumento- no se han cumplido en lo más mínimo, os puedo decir que la sesión de cine ha salido redonda.





El argumento comienza con el suicidio de Midori, la hija de un poderoso empresario, quien tenía una relación sentimental con David, un catalán que regenta una vinoteca en Tokyo. El señor Nagara –padre de Midori- le echa la culpa a David de la muerte de su hija y trastornado deja en manos de su secretario –enamorado de Midori- la contratación de un asesino para que acabe con la vida del español. Lo que nos cuenta esta cinta es la historia triste de dos seres que en un determinado momento de sus vidas se encuentran. De uno de ellos, David, sabemos lo que le pasa. Sin embargo, de Ryu, la solitaria joven que trabaja en el mercado del pescado de Tokyo y a su vez tiene una doble vida como asesina a sueldo nada conocemos, no se nos explica la razón por la que lleva esa existencia apagada. Es quizás ese el único pero que le pondría a Mapa de los sonidos de Tokyo. También he echado de menos –por ponerle un segundo pero a la película- algo más de imágenes tipo postal de Tokyo, pero claro, quizás no se trataba de hacer un reportaje pagado por el departamento de turismo de la capital nipona. Lenta en su desarrollo y de ritmo pausado –sin que ello sea una calificación negativa, sino todo lo contrario, es una cinta muy asiática en ese sentido- nos retrata la relación entre la enigmática y callada Ryu y el atormentado y desconcertado –quizás desubicado- David.




Además, la película está trufada de pequeñas informaciones sobre la sociedad nipona que sin afán aparente de docencia dan las claves suficientes para que los que se sientan interesados puedan buscar información, cosas como ¿qué son los mochi a los que Ryu es adicta?, ¿qué tipo de hotel es ese en el que las habitaciones tienen esos diseños tan raros?, ¿por qué en el metro hay vagones sólo para mujeres?, ¿qué es un pachinko?, ¿es un rasgo de buena educación hacer ruido al sorber los fideos de ramen? Por otra parte, y obviando la conciudadanía, he encontrado diversos puntos en común con Coixet, el gusto por Japón, la fotografía, el wasabi, cierta música –la escena de David cantando en el karaoke el Enjoy the silence es preciosa- y en el apartamento del ingeniero de sonido –aunque no se hasta que punto no es una casualidad- hay un vinilo de Night Ranger, banda de los 80 que me encantaba y aún escucho en ocasiones. Ah y me he reencontrado con esas botellas de medio litro de cerveza Asahi que tanto servicio me hicieron en mi segunda visita a ese país, allá por 1993. Por último y sin buscarlo, al ver esta película ha regresado a mi el recuerdo amable de mis profesores de japonés, el escritor Tazawa Ko –un tipo natural de Kobe que acabó dominando el catalán muchísimo mejor que yo mismo- y Nakamura Toshiko, una mujer voluntariosa que sin embargo no colmó las expectativas de los que aquel año fuimos sus alumnos. A ambos un saludo, estén donde estén. Total amiguitos, una cinta recomendable al 100% que ha sido una agradable sorpresa.

Lo strano vizio della Signora Wardh (1971)








Bueno amiguitos, si había inquietud por conocer cual iba a ser la primera crítica cinematográfica del año, aquí tenéis la respuesta. Esta mañana he pasado un buen rato de relax con Lo strano vizio della Signora Wardh, una coproducción italo-española de principios de los 70 dirigida por Sergio Martino, un especialista en el género giallo. Lo que nos cuenta la historia es la angustia de Julie, quien regresa a Viena desde Nueva York con su marido, el empresario Neal Wardh justo cuando las autoridades están desbordadas por los asesinatos de mujeres que un psicópata está llevando a cabo. A Julie la está acosando Jean, un antiguo amante que disfrutaba pegándola, y que se acerca tanto a ella que una noche incluso es sorprendido por Neal. Mientras, el apuesto primo de su mejor amiga se convierte en el nuevo amante de Julie. Pero los asesinatos siguen produciéndose en Viena y cuando la que fallece es su amiga Carol, Julie –que sospecha de Jean- comienza a temer por su vida. Una noche, alguien armado con una navaja la ataca. No le quedan dudas, ella es la próxima víctima del asesino maníaco. Asustada, acepta acompañar a su marido a casa de Jean pero una vez allí sufre un desvanecimiento al encontrarse con el cadáver de su antiguo amante.




Turbada por lo ocurrido, Julie decide abandonar a su marido y se marcha de vacaciones con George a la costa española. Mientras, lo periódicos dan la noticia del fallecimiento del asesino psicópata en Viena, un tipo que no tiene nada que ver con el difunto Jean. Pero la tranquilidad de la mujer dura poco y cuando recibe un ramo de flores de parte de Jean, el terror la atenaza de tal manera que cae enferma. Piltrafillas, Lo strano vizio della Signora Wardh se trata de un buen ejemplo de giallo de suspense con muy poca sangre y apenas un par de escenas de cierto erotismo light que centra su planteamiento en mantener en vilo al espectador, con un desenlace que si bien no es demasiado original, está bien resuelto. En resumen, que la cinta ha sido menos casposa que lo que cabía esperar. Buen cine friki para comenzar el año.

Giada Ripa








Es el momento de Giada Ripa, fotógrafa británica que creció en Bruselas y se licenció en ciencias políticas y relaciones internacionales por la Universidad de Milán. Así es amiguitos, nada relacionado con la carrera que emprendió a finales de los 90 cuando se trasladó a Nueva York. Desde entonces Giada ha realizado diversas exposiciones en Estados Unidos, China e Italia y publica regularmente sus trabajos en las páginas de Vogue, Amica, Vanity Fair o Corriere della Sera.

Gonzalo Sicre






Y este es el gaditano Gonzalo Sicre –otro artista nacido en 1967, el año de los genios-, un artista que ahonda en la relación entre pintura y fotografía. Sus obras melancólicas y de luz suave y triste son deudoras del ambiente que impregna ciertas obras del maestro Hopper.

Max Cantrell





Le toca ahora a Max Cantrell, pintor nacido en Sudáfrica a mediados del siglo pasado que actualmente reside y trabaja en Mallorca tras pasar 30 años –locos, en sus propias palabras- viviendo en Madrid. Se dedica a pintar mujeres desde un punto de vista renacentista, aunque ubicando a sus modelos en un contexto moderno y actual no exento de erotismo. Ha realizado exposiciones por diversas galerías que le han llevado de Nueva York a Palma de Mallorca o de Londres a Perth.

Be a follower

Be a Piltrafilla

viernes, 1 de enero de 2010

Follow the King

Gregory Colbert









Y si el primer fotógrafo del año ha sido uno consagrado al glamour y el erotismo, de segundo plato tenemos una sublime delicatessen, ni más ni menos que el canadiense Gregory Colbert. La historia de este artista es peculiar. En 1992 inauguró una exposición en Suiza que recibió grandes elogios... y desapareció del mapa. Los siguientes diez años se dedicó a viajar por diferentes países del Índico fotografiando todo tipo de animales y no fue hasta 2002 en que dio a conocer en Venecia su obra cumbre Ashes and Snow, un compendio de instantáneas que documentaban todas sus expediciones. Preciosas imágenes amiguitos, el trabajo de un enamorado de la fotografía y el mundo animal.

Bronk Landers












Mi regalo de año nuevo para todos los piltrafillas amantes de la belleza y la sensualidad, una pequeña parte de la obra de este fotógrafo londinense llamado Bronk Landers que se dedica al erotismo y el glamour y del que nada os puedo contar. Una vez más se trata de otro de esos profesionales maltratados por la vida que se dedican –pobres desdichados- a tomar instantáneas de modelos desprovistas de ropa en un ambiente de lo más cordial. Qué pena amiguitos, que enorme tristeza.

Feliz Año Nuevo