Pues sí, hoy –que he comido una ensalada de escarola con tomates cherry, atún y queso feta– traigo otra de mis recetas, en esta ocasión un Arroz caldoso de pulpo que hice ayer y –quizás está mal que yo lo diga pero es la verdad– me quedó de rechupete. Eso sí, es muy fácil de preparar y no resulta caro. Lo primero que hay que hacer es cortar dos patas de pulpo cocido –de esas que van envasadas– en rodajitas gruesas y dorarlas un poco en una sartén con aceite de oliva. Luego se reservan y en el mismo aceite impregnado de los jugos que ha desprendido el pulpo se sofríen tres dientes de ajo rallados, una cebolla rallada y pimiento verde y rojo cortados en brunoise –vamos, en daditos muy finos– hasta que se pochen los ingredientes. Entonces se tira una cucharada de pimentón ahumado y después de removerlo todo, se añade tomate troceado y se cocina hasta que el líquido reduzca, quedando una salsa untuosa.
Hecho esto, se tira el arroz a la sartén y se integra en el sofrito un par de minutos antes de apartar del fuego y dejarlo todo preparado hasta que llegue la hora de echar el agua. Llegado el momento –que en esencia, ayer fue cuando mi esposa regresó de su baño con las amigas en la piscina municipal– puse el arroz al fuego y le eché tres partes de agua caliente por cada una de arroz, removiendo un poco y dejándolo cocer a fuego medio. Un par de minutos antes de acabar, añadí el pulpo y lo integré en el arroz. Luego, lo de siempre, sacar del fuego y dejar reposar cinco minutos tapado con un paño limpio de cocina. Como no sé comer arroz con cosas sin pan, lo acompañé de unas rebanadas crujientes de un pan de horno comprado dos días antes. Y para beber, una botella de prosecco millesimato que me había sobrado del anterior fin de semana. Lo dicho, un plato de lo más sabroso.




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