domingo, 28 de abril de 2024

Sorority house massacre (1986)


La reseña de este mediodía es para Sorority house massacre, un truñaco como una catedral que me ha aburrido soberanamente. Hay películas buenas, otras que de tan malas resultan imperdibles y existe un último grupo que recoje las que merecen ser quemadas. Pues bien, en mi seguramente desautorizada y subjetiva opinión, la protagonista de la presente entrada pertenece a la última categoría. Escrita y dirigida por Carol Frank, se trató de una apuesta de la productora de Roger Corman al rebufo del éxito comercial de The slumber party massacre, estrenada pocos años antes y en la que Frank había trabajado como asistente de dirección. Protagonizada por Angela O’Neill, Wendy Martel, Pamela Ross o Nicole Rio entre otros actores del mismo (bajo) nivel interpretativo, la historia que cuenta es la de Beth, una universitaria que se aloja en la residencia de una hermandad sin recordar que se trata de la misma casa en la que de pequeña su hermano mató a sus padres e intentó hacer lo mismo con ella. Pese a sufrir extrañas alucinaciones y pesadillas, Beth no tiene ni idea de lo que le está ocurriendo pero su hermano –recluido en una institución psiquiátrica– nota su presencia en la casa y escapa de su celda dispuesto a finalizar lo que dejó inconcluso años atrás. 
 

Como veis, esta Sorority house massacre puede ser muchas cosas excepto original. De hecho, en su momento ya se la acusó de estar más que inspirada en Halloween de John Carpenter. Lo que ocurre es que, a pesar de usar de forma zafia los tópicos del slasher con jóvenes, aquí no encontraréis imágenes de desnudos salvo una escena ridícula que rompe el clima –si es que en algún momento se ha conseguido crear un clima que no sea el de la vergüenza ajena– en la que se atisban un par de tímidos y rápidos topless. Y aunque en la escena de la supuesta party del título en la que se debe producir la masacre se juntan universitarias y sus novios, tampoco se nos muestran las relaciones carnales entre ellos. Por supuesto, lo de aliñar todo con la necesaria dosis de gore tampoco entraba en los planes de Carol Frank. Sumadle unos diálogos insulsos y el resultado resulta obvio. Así que... ¿qué interés puede tener esta enorme boñiga? La respuesta está clara, ninguno. Siendo sincero, he publicado esta reseña porque hacía tiempo que no le había dedicado una entrada a una película pero de ninguna manera os la puedo recomendar. A ver si tengo más suerte con la próxima elección.

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