domingo, 25 de marzo de 2018

Lurkers (1988)


Pues sí, piltrafillas, no hace mucho os hablé aquí de Prime evil, una cinta dirigida por Roberta Findlay en 1988. Hoy os traigo otra que rodó el mismo año con Christine Moore haciendo doblete como protagonista y varios intérpretes haciendo horas extras en ambas producciones, caso de Ruth Collins o Gary Warner. Escrita también por Ed Kelleher y Harriette Vidal y con un presupuesto igual o menor –lo que os da una idea del resultado final–, encontramos en esta Lurkers otra historia de horror aliñada con erotismo light, rodada con mucha voluntad y escasos medios. El argumento nos cuenta como a los diez años, la pobre Cathy vive con una madre que la agrede física y psicológicamente. El trato que le dispensan las niñas del vecindario tampoco es mucho mejor. Y si a eso le sumamos que la niña sufre alucinaciones en las que unos extraños se le aparecen de noche, convendréis en que su infancia no está siendo lo feliz que debería. Quince años más tarde, la joven Cathy es una intérprete de violonchelo a punto de casarse con un fotógrafo de modelos, que sigue teniendo alucinaciones y a la que atormenta la visión de su padre asesinado por su madre. 


Un día, el novio de Cathy la lleva hasta una fiesta que tiene lugar en el edificio en el que vivía de pequeña junto a su desquiciada madre. Sin embargo, una misteriosa mujer, un ángel de la guarda que ha acompañado a la joven desde su infancia, anda cerca con la intención de que no se dirija a ese lugar, un verdadero infierno en el que reinan la muerte y la lujuria y se esconde un secreto. En resumen, amiguitos, otro exponente de la vertiente de Findlay como realizadora de cine de horror y violencia low cost –en mi anterior reseña se me olvidó, pero también es autora de la interesante Tenement, de la que os di cuenta en este espacio– al margen de su dedicación al porno, faceta por la que también es reconocida. La verdad es que Lurkers –que se podría traducir por merodeadores– tiene un argumento enrevesado, una música pésima –el compositor es el productor de la cinta, no os digo más– y unas actuaciones forzadas. En el aspecto técnico la cosa no mejora, destacando en negativo el horroroso sonido, sobre todo en las escenas de calle en las que el ruido ambiental es tan alto que casi no deja escuchar los diálogos. Pese a todo, la película destila cierto encanto, con protagonistas que defienden tal despropósito como si de una obra de Bergman se tratase. Así pues, con una botella de bourbon a mano, resulta incluso entretenida.

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