miércoles, 23 de julio de 2014

Frenazo


Queridos piltrafillas, debo deciros –por si no lo habéis advertido ya- que desde ahora y durante el próximo mes de agosto va a haber una importante reducción del número de entradas en este espacio artístico. Llegan las vacaciones estivales, tanto para la mayoría de los potenciales lectores de este blog –al menos aquellos que comentan- como para su humilde y sacrificado autor, por lo que se impone un descanso más que merecido haciéndose necesario y saludable bajar el ritmo. Así pues, no dejaré de escribir... pero será algo más espaciado en el tiempo. Supongo que sabréis comprenderlo. En el fondo, si atendemos al contador de visitas, tampoco le va a importar a demasiada gente que digamos.

lunes, 21 de julio de 2014

Follow the King


Josan González


Inicio la semana con una selección de obras de Josan González, un ilustrador catalán del que no poseo demasiada información que digamos. Eso sí, sin temor a errar, advierto en su estilo fuertes influencias de los clásicos del cómic de los 80, ¿o no creéis vosotros que algunos de sus trabajos son como una mezcla de Moebius y Enki Bilal?

domingo, 20 de julio de 2014

John Pusateri


Y finalizo el día con John Pusateri, artista norteamericano licenciado summa cum laude con honores en Bellas Artes por la Syracuse University que en la actualidad reside en Auckland, Nueva Zelanda. Además de sobrarle talento, es un enamorado de las aves.

The hazard city aka The city of lost souls


Piltrafillas, si con mi anterior cinta admitía sinceramente haber pinchado en hueso, con The city of lost souls –pese a ganarle por puntos- tampoco es que haya acertado mucho que digamos. Y es que esperaba mucho más de Takashi Miike, sinceramente. A priori, el argumento hacía presagiar una obra maestra de violencia y acción con ese toque gore marca de la casa del realizador nipón responsable de un buen número de cintas, varias de las cuales ya han pasado por este espacio. Sin embargo, las cosas no siempre salen como esperamos. La historia que Miike nos cuenta es la de Mario, un brasileño de origen japonés al que un año después de asesinar en Sao Paulo a una banda rival encontramos cerca de Saitama ayudando a Kei –una joven china- a escapar de las autoridades. La pareja acaba en pleno Shinjuku –escena inverosímil que ya nos anuncia que lo que vamos a ver no transitará al 100% por los caminos de la realidad- en donde deben recoger unos pasaportes que les sirvan para dejar el país. Pero la pareja se topará con Ko –líder de un grupo criminal chino que se prenda de Kei- y a resultas del incidente perderá sus documentos. Entonces, para hacerse con un nuevo juego de pasaportes se ven obligados a conseguir más dinero por lo que Mario y Kei deciden dar un atraco. Con la ayuda de un cómplice, roban a Ko mientras estaba realizando una transacción de drogas con Fushimi, hombre fuerte de una banda yakuza rival. 


Pero el atraco no sale bien y la pareja tendrá tras sus pasos tanto a los chinos de Ko como a los japoneses de Fushimi, quien acabará secuestrando a Carla –hija adoptiva ciega de Lucía, prostituta ex amante de Mario- provocando que el brasileño y Kei regresen desde su escondite en Okinawa –donde estaban a punto de zarpar rumbo a Taiwan- para rescatar a la cría. The city of lost souls es enrevesada, violenta -mucho- y grotesca... además de una inverosímil historia de amor con tintes surrealistas y de tragedia griega. Pero también es humor, peleas de gallos, ping-pong, triadas chinas establecidas en subterráneos, policías escondidos, la TV Piranha y sus programas en portugués para inmigrantes brasileños y diálogos con referencias a luchadores casados con actrices míticas o tortugas del Misisipi y su impacto frente a la población autóctona de quelonios. En definitiva, rara y bastante caótica, The city of lost souls ha supuesto una pequeña decepción para este que os escribe. Y es que el resultado -pese a ser más que aceptable, entretenido e incluso recomendable –siempre que seas seguidor de Miike y su tipo de cine-, no es ni mucho menos uno de sus filmes más redondos.

Transcendence


Amiguitos, lo cierto es que debo esmerarme en encontrar rápido alguna de esas películas casposas que tanto me divierten, cintas que quizás no tengan tantas pretensiones como las últimas de las que os he hablado pero que definitivamente resultan mucho más entretenidas. Y es que esta reseña se la dedicaré a la primera película que he visto este fin de semana, Transcendence. Debut de Wally Pfister, el director de fotografía de El caballero oscuro o Inception -se entiende que Christopher Nolan esté entre los productores ejecutivos del filme-, nos cuenta como el científico Will Caster –reputado investigador del campo de la Inteligencia Artificial- recibe un disparo por parte de un grupo activista radical anti tecnología. A consecuencia de ello, Evelyn y Max –mujer y amigo de Will, también investigadores- deberán tomar una arriesgada decisión que –además de ser éticamente cuestionable- podría suponer un riesgo para la humanidad de grandes proporciones. 


Si os digo la verdad, piltrafillas, he afrontado la visión de esta Transcendence sin conocer en absoluto su argumento. La participación de Johnny Depp, Rebecca Hall, Morgan Freeman y Cillian Murphy me daba suficiente confianza en el proyecto para lanzarme de cabeza a su disfrute. Estúpido error. Sí amiguitos, porque Transcendence me ha parecido estereotipada, repetitiva, soporífera, mal explicada y vacía a más no poder. Una vez más, se nos muestran los supuestos riesgos a los que nos aboca el desarrollo tecnológico en una visión pesimista y negativa de un futuro mezcla de Matrix, Terminator y la televisiva Revolution mientras para ello se gasta el presupuesto en efectos especiales posibles gracias a la tecnología. Así mismo, se lanzan subliminales mensajes contra el supuesto interés de algunos científicos por jugar “a ser dioses”, que es el mismo argumento que esgrimen aquellos que están en contra de la investigación en el campo de -por ejemplo- la genética que –sin ir más lejos- puede suponer la curación de enfermedades que ahora son causa de mortandad asegurada. En fin, una pérdida de tiempo en la que sólo se salva Rebecca Hall. Ni se os ocurra verla.

Richard Tuschman


Os presento hoy al norteamericano Richard Tuschman, un fotógrafo formado en la University of Michigan interesado en el diseño y la pintura que comenzó a experimentar con las técnicas digitales a principios de los 90 desarrollando un particular estilo que le ha llevado a elaborar un estilo propio muy poético apreciado por coleccionistas y empresas como Adobe Systems, The New York Times o Sony Music. Es –como puede verse en una de sus series más aclamadas- todo un enamorado del trabajo de Edward Hopper.