lunes 19 de marzo de 2012


Y esta es la joven fotógrafa bielorrusa Elle Muliarchyk, hija de un diplomático y una periodista, que creció en Vietnam y la República Checa, tuvo un breve paso por el mundo de la moda como modelo de Patrick Demarchelier –algún día os volveré a hablar de él- y un buen día decidió colocarse al otro lado –en realidad, a ambos lados- de la cámara. Reside en los Estados Unidos y la crítica ha dicho de ella que se mueve en la línea distintiva que define a una realizadora, una fotógrafa de moda y una artista. Trabaja también en publicidad y para diversos magazines, habiendo publicado en W, Vogue, The New York Times o V magazine.

Hoy ha comenzado una nueva edición de la Volta a Catalunya, otra de esas citas anuales con el ciclismo por etapas, un deporte cansino que me aburre a más no poder pero que cada año me ofrece varias oportunidades para mostraros imágenes de bellas jóvenes ligeras de ropa junto a sus bicicletas.

domingo 18 de marzo de 2012


Fabuloso, fantástico, impresionante, genial... se me acaban los calificativos y el espacio a la hora de presentaros al interesantísimo pintor e ilustrador barcelonés Guim Tió Zarraluki, uno de esos artistas que me enamoran y de los que me encantaría mostraros toda su obra y –por supuesto- poseer alguna de ellas. A buen seguro que sus impactantes trabajos con ceras no gustarán a todo el mundo, pero precisamente por ello me llaman mucho más la atención. Y es que uno –ya lo sabéis- es un poco rarito. Lo dicho, que me encanta y supone una manera perfecta de finalizar la semana afrontando el lunes. Un abrazo a todos.

Por último me he decidido por afrontar una de las películas con peores críticas que he leído de las que se han estrenado recientemente. Amiguitos, a veces la crítica es dispar y mientras una parte de ella pone una cinta por las nubes, la otra la deja a la altura del betún. Pero no es el caso. Con Trespass –aquí titulada Bajo amenaza- la crítica ha sido peligrósamente unánime: al parecer, la susodicha película, el guión y sus intérpretes principales son una mierda. Siendo así, ¿cómo se me ha ocurrido coronar el fin de semana con su visionado? Pues ni más ni menos que por honradez piltrafillas, porque si creo que mis reseñas pueden interesarle a alguien –iluso de mi- no puedo ir escogiendo únicamente películas que imagino de antemano que me van a gustar. No señor, tengo que ver aparentes bazofias para certificar que realmente lo son –al menos para este que escribe- evitando así que perdáis tiempo y dinero viéndolas. Pero me dejaré de preámbulos pomposos e iré al grano. Bajo amenaza nos cuenta la historia del matrimonio formado por la arquitecta Sarah, el tratante de diamantes Kyle y su hija adolescente Avery, una familia adinerada que vive en su lujosa mansión a la orilla de un lago una existencia aparentemente tranquila y feliz hasta que un día entran en su hogar unos delincuentes que tornan la paz en violencia y fuerzan a Kyle a defender con uñas y dientes a su familia, sus propiedades y su estatus acomodado... o quizás no es todo como parece.


Y bien amiguitos, en mi modesta opinión Bajo amenaza no es ni mucho menos la basura que la inmensa mayoría de críticas aseguran. Cierto es que no estamos ante una obra capital de la historia del cine –los protagonistas son Kidman y Cage, ¿qué esperábais, Ciudadano Kane?-, pero estamos ante una cinta palomitera que sabe mantenernos en tensión aunque el desarrollo sea más que previsible. No hay mucho diálogo –los gritos y las frases estereotipadas en situaciones de este tipo vistas antes en diversas películas toman el protagonismo de la acción-, ni efectos especiales, ni bonitas localizaciones, ni persecuciones, ni intrigas, ni erotismo, ni misterio... pero a mi me ha parecido distraida. En fin, que yo lo siento mucho pero opino que si queréis pasar una tarde de palomitas y refresco sin tener que pensar mucho, esta Trespass está mucho mejor que algunas de las bizarradas que os recomiendo a veces y –por supuesto- superan en calidad cualquier propuesta televisiva para las tardes de domingo.

Amiguitos, en este día marcadamente sensual en cuanto a las entradas del blog no os voy a engañar –de hecho, nunca lo hago- por lo que ya os aviso que la cinta que os voy a comentar ahora dista mucho de tener la calidad o el interés de la que consideréis la peor película de cuantas os haya podido presentar en este blog, y eso que ya van varios centenares. Sin embargo ha caído en mis manos esta producción independiente rodada en vídeo y no me he podido resistir a cederle un espacio. Ha despertado en mi cierta simpatía, qué queréis. La cinta en cuestión se titula Blood and sex nightmare y nos cuenta la historia de Amy, una chica que quiere permanecer virgen, y su novio Nick -que ya no quiere esperar más para follarse a su chica- tiene la feliz idea de invitarla a un camping en el bosque, una especie de retiro sexual con vistas a que Amy cambie de idea y se muestre proclive a perder la virginidad con él. Al principio, a la joven no le hace ninguna gracia la idea pero no tarda en aceptar. Cuando la pareja llega al camping conocerán a Walter y nosotros –sufridos espectadores- a Felix. Resultará que Felix es un sádico asesino mutilador, que Amy es una especie de medium a la que asaltarán pesadillas y que casi todos los protagonistas de esta historia bizarra y sangrienta –mucho- salpicada de erotismo perderán la vida violentamente.


Total piltrafillas, lo que os he dicho al principio, que Blood and sex nightmare es un infumable producto de serie Z -con duración de telefilm- sin pies ni cabeza que mezcla gore con sexo soft y que si hubiese sido rodado en los 60 tendría cierto interés entre nostálgico y arqueologico-cinéfilo. La pena es que aunque tiene esa apariencia, se trata de una producción barata de 2008, y no cuela. Además, hay muchas escenas que se desarrollan en la oscuridad, por lo que no se ve muy bien lo que ocurre. A resaltar –por lo friki de la situación- la visión en la que Felix se aparece a Amy mientras esta le hace un trabajo oral a su novio y –por lo desagradable- escenas como el acuchillamiento de la vulva de la amante ocasional de Nick o cuando Felix se masturba eyaculando sangre sobre una aterrorizada Amy. En resumen, una película simpática para “raritos” como este que os lo cuenta... y poco más.

Comienzo mis recomendaciones cinematográficas de hoy con la japonesa Cold fish, una película del realizador Sion Sono que se llevó el premio Casa Asia en la edición de 2010 del festival de Sitges. La acción tiene lugar en una población de la prefectura de Shizuoka -una comarca al sur del monte Fuji a medio camino entre Tokyo y Nagoya- y nos cuenta la historia de Shamoto y su pequeño comercio de peces tropicales –de ahí el título-, un tipo apocado casado en segundas nupcias, que vive con su esposa y su hija Mitsuko, quienes no se llevan bien entre ellas. Un día la joven Mitsuko es pillada al robar en unos grandes almacenes. El encargado llama a su padre y amenaza con denunciarla a la policía. Pero la aparición de un tal Murata –que casualmente, además de poseer un Ferrari, también regenta una tienda de peces y que intercede por ella ante él- la salvará de ser castigada. Este hecho aparentemente casual provocará que la familia de Shamoto conozca la tienda y a Aiko, la mujer de Murata, y que entre el amable hombre de mediana edad y la adolescente rebelde nazca la amistad. De hecho, Murata se ofrece para alojar en su casa a Mitsuko ofreciéndole un trabajo de dependienta en su tienda de peces. Sin embargo –como supongo que ya imagináis todos a estas alturas- el solícito Murata esconde una oscura personalidad bajo su sonrisa engatusadora.



Piltrafillas, Cold fish lleva la etiqueta de basada en hechos reales, lo que –en situación normal- acostumbra por echar por tierra la credibilidad que una cinta pueda despertar en mi. Sin embargo, la sociedad nipona es tan friki que yo ya me creo cualquier cosa de ellos. En esta película vemos como la aparente vida anodina de la familia de Shamoto está salpicada de violencia, angustia e insatisfacción, y en ese escenario, la aparición de un tipo como Murata y el descubrimiento del secreto que esconde cuestiona la moralidad de Shamoto. Amiguitos, Cold fish dura casi dos horas y media –podéis creerlo- y es muy pero que muy oriental en su desarrollo, es decir, de ritmo pausado, que ya sabéis que para mi no es para nada -al menos a priori- sinónimo de lentitud. Así pues, si queréis llenar media tarde con buen cine japonés rozando lo bizarro y os gustan las historias que se apartan de lo normal, los retratos de la parte oscura de la naturaleza humana y las historias de pusilánimes puestos al límite con pinceladas de sangre y sexo, os recomiendo que la disfrutéis. Si lo que buscáis es una película para pasar el rato en el sofá, entre cabezadita y cabezadita, ni se os ocurra escogerla.