
Amiguitos, el protagonista de esta película italiana con participación española es un tal
Alberto Amarilla, joven actor al que conocía de su paso por diversas series de televisión y que –pobre chaval- me cae de lo más antipático. En mi humilde opinión, creo que el pobre es bastante mediocre y que sólo posee un registro –el de llorica histriónico-, del que abusa hasta la exasperación. Entre esto y que la película se hace lenta, esta rodada con poca gracia y el argumento no se sostiene ya podéis imaginar que no os voy a recomendar su visión. Además
Imago Mortis parece que pretenda ser intemporal –aunque el estilismo y diseño de vestuario tiene guiños a la actualidad, sobre todo en el caso de la pareja de estudiantes asiáticos-, porque de no ser así no me explico que no aparezca en la cinta ni un sólo teléfono móvil, ni un reloj, ni un
iPod... ni una cámara digital, pero el resultado es pobre. Por cierto, que Bruno tiene la manía de sacarse una foto cada mañana con su cámara
reflex y vemos como inmediatamente la cuelga de la pared, como si se tratase de una
Polaroid –aunque no lo es- mientras que en una escena toma una instantánea de la pared con la misma cámara y en cambio esa vez se va a laboratorio para revelar el negativo. Incongruente amiguitos. Por otra parte, si obviamos que el centro, más que una escuela de cine parece una prisión abandonada o un vetusto sanatorio mental del periodo de entreguerras, podemos encontrarnos en
Imago Mortis con pequeños detalles que dejan mucho que desear. Por ejemplo, con un protagonista llamado Bruno, un amigo de este llamado Mateo, la directora Orsini, el director de fotografía Astolfi, una profesora Montenegro... y basándose todo en el invento de ese tal Fumagalli no se entiende que las anotaciones en la pizarra de clase se hagan en inglés y que en la enfermería haya un letrerito en el que pone
surgery. En fin piltrafillas, que de salvar algo sólo destacaría al efectivo
Álex Angulo y a la siempre inquietante –aunque en su papel habitual, que ya cansa un poco-
Geraldine Chaplin. En resumidas cuentas, una obra de supuesto terror bastante malilla. Pobre elección para iniciar el fin de semana.