viernes, 18 de abril de 2014

PierLuigi Macor


Despido el Viernes Santo con una selección de trabajos del fotógrafo PierLuigi Macor, un profesional afincado en Zürich que se dedica a la publicidad y a los editoriales de moda para publicaciones como i-D, Das Magazine o Vogue.

Shy - Excess all areas (1987)


Otra vez gracias a Rockodium, vinyl dealer que compartimos algunos de los colaboradores de este fantástico e imperdible blog –quizás está mal que lo diga, pero es así-, os traigo uno de los álbumes que durante más años guardé en mi memoria y hasta hace bien poco no he conseguido. Me refiero a este Excess all areas de los británicos Shy. Caracterizados por la voz chillona de su vocalista Tony Mills –y los teclados de Paddy McKenna-, los Shy habían conseguido cierto éxito con su Brave the storm de 1985 –antes habían grabado un prescindible primer álbum- que les había llevado a ser los niños mimados de Kerrang! –un magazine que siempre se caracterizó por encumbrar, a veces alabándolas en exceso, a las bandas que consideraba merecedoras de ello- e incluso Metal Hammer. Tal apoyo llevó a estos chicos de Birmingham a grabar en 1987 para RCA el fantástico Excess all areas, todo un exponente de Hard AOR de los 80 que seguramente os encantará si no lo hizo ya en su día. 


Para ello contaron con la ayuda inestimable de Neil Kernon –que les produjo, grabó y mezcló-, con quien tras unos días de ensayos en Los Angeles, se trasladaron hasta los Soundpush studios de Blaricum, los mismos estudios holandeses en los que se grabó parte del cedé que os comenté la semana pasada en ZRS. La banda la formaban Tony Mills a las voces, Steve Harris –no, el que pensáis no, otro- a la guitarra, Roy Stephen Davis al bajo, Alan Kelly a la batería y Paddy McKenna a los teclados. Por cierto, no se nos puede escapar que el gran Mutt Lange también se pasó por Blaricum en esas sesiones, algo que –sin duda- fue provechoso para este elepé al que Kernon dio sus últimos toques en Londres. Con una portada con diseño de The leisure process fotografiada por Paul Cox, Shy nos regalaron un elepé con el siguiente track list

A 
Emergency 
Can’t fight the night 
Young heart 
Just love me 
Break down the walls 

B 
Under fire 
Devil woman 
Talk to me 
When the love is over 
Telephone 


A modo de breve repaso os diré que Emergency es estupenda, una canción que ha perdurado en mi memoria por décadas, lo mismo que Can’t fight the night. De Young heart y Just love me –preciosa esta segunda- no me acordaba, es cierto, pero Breakdown the walls es otra joya de este álbum, un tema escrito por Don Dokken, Kernon y la banda que se convirtió en el distintivo de Harris y el resto. Under fire es otro reivindicable tema y Devil woman –una versión del tema homónimo del eurovisivo Cliff Richard- es una canción resultona que suena muy fresca en la voz característica de Mills. Talk to me no me dice demasiado y When the love is over me parece un tema pasteloso que incluso me sobra de este disco. Por suerte, la alegría llega con Telephone, otro de mis temas preferidos del álbum y un dignísimo punto final para este imprescindible vinilo ochentero. 

Para muestra, aquí tenéis la grabación completa. 


¡Feliz viernes! 
@KingPiltrafilla

Entrada publicada simultáneamente en ffvinilo.blogspot.com

jueves, 17 de abril de 2014

Sígueme, nazareno


Lee Jeffries


Os presento hoy, vigilia avanzada de festivo, los extraordinarios retratos de Lee Jeffries, un fotógrafo de Bolton que –sobre todo- se recrea en la mirada de sus modelos y los claroscuros de los surcos de la piel de diversos homeless y ancianos. Poco más os puedo decir de su fantástico trabajo.

EPÍLOGO

El cubículo apestaba a orines y a moho. Sus paredes estaban jalonadas de desconchones más o menos profundos y de manchas resecas de sangre de las chinches y cucarachas aplastadas a lo largo de casi treinta años por aquellos que habían pasado un tiempo en aquel lugar oscuro e inhóspito, lo que incluía los últimos meses. Pese a que había sido clausurada no hacía mucho, esa celda de la prisión albana de Drenovë había servido para mantener recluido lejos del amparo de las autoridades a Melquíades Paradís, un tipo menudo y esmirriado, de unos sesenta y pico años, en cuya cara destacaban un bigote canoso con las puntas amarilleadas por la nicotina y unas enormes gafas de gruesos cristales y montura pasada de moda. Ese hombre se hallaba sentado en un taburete de Ikea de impronunciable nombre, encorvado sobre un pequeño escritorio –en realidad un antiguo pupitre robado de un instituto en las afueras de Korçë- con los ojos clavados en una cuartilla de papel a medio rellenar, cuando de pronto la puerta de la estancia se abrió de sopetón. 

Un hombre moreno, enjuto y de duras facciones, vestido con un traje de camuflaje que llevaba distintivos de la UÇK se plantó a un paso del prisionero y comenzó a vociferar visiblemente contrariado, tan cerca de Melquíades que este notaba como partículas de saliva del kosovar se estrellaban en su nariz. En realidad, el energúmeno aquel estaba más que enfadado mientras blandía unos cuantos folios en su mano izquierda. Un par de pasos tras él, una pelirroja joven y bajita a la que faltaba un brazo, que vestía uniforme de enfermera de un blanco inmaculado, traducía a duras penas la perorata nerviosa del hombre vestido de guerrillero, poniendo especial énfasis en utilizar las palabras correctas. 

-Pablo, Marko, Luisa, Pawel, Katharina, Helga, Arsenio, Daniel, Arthur Schnabel y su puto diario... ¿se puede saber qué es todo este caos?, ¿qué coño te crees que estás haciendo? 
El kosovar tiró los papeles al suelo, justo a los pies de Melquíades, que escuchaba con atención las palabras de la chica sin quitar ojo a la mirada encendida de aquel hombre que escupía al gritarle cosas sin sentido para él. 
-¿Y qué se supone que debía escribir? –preguntó sin mostrar temor alguno, aunque sí un insoportable hartazgo-, ¿qué es lo que esperabas de mi?, hace semanas que nadie me dirige la palabra. Os limitasteis a pasarme papel y un bolígrafo y a gritarme “¡roman!, ¡roman!”. ¿Acaso me habéis visto cara de adivino? 

La joven tradujo en voz muy bajita las palabras que aquel pobre diablo acababa de pronunciar, un hombre que meses atrás había sido introducido a la fuerza en una Chevy Express después de recibir un fuerte golpe en la cabeza mientras paseaba por los alrededores de su hotel en Dubrovnik, al que había sido invitado por una editorial croata. 


-¡Tú eres el gran Paradís, el escritor de éxito autor de best sellers internacionales! ¿tan difícil era crear para nosotros una novela a la altura de tu reputación? 
Melquíades sonrió con desprecio. 
-¿Y quiénes se supone que sois vosotros? 

No tenía que haberlo preguntado. 

Casi sin necesitar oír la traducción –de hecho, la voz trémula de la pelirroja vestida de enfermera cada vez era menos audible, por lo que tampoco ayudaba demasiado-, el guerrillero sacó de su cinto una Zastava CZ99 nuevecita y disparó a bocajarro en la frente del escritor, llenando la pared del fondo de la celda de sesos y trocitos de hueso antes de abandonar la habitación profiriendo improperios mientras la intérprete se quedaba allí, inmóvil, temblorosa... y cabreada. Ahora le tocaría limpiar a ella aquel desaguisado y con un brazo le iba a ser difícil utilizar la fregona y acabar el trabajo con rapidez. Lo sabía porque ya hacía meses que allí nadie se preocupaba de sus necesidades. Llevaba tiempo realizando las labores más desagradables de la prisión sin que ni sus jefes –Karel y un comando de guerrilleros- ni las cinco prostitutas engreídas que vivían con ellos en la antigua cárcel de Drenovë le hubiesen dedicado ni una sola palabra amable ni una sonrisa de agradecimiento. Engracia –tal era su nombre- maldecía desde hacía tiempo la mañana en la que había salido de su Cuenca natal en dirección a la Europa del este. 

Esta vez, sin embargo, no tuvo tiempo de complacerse en su desgracia. En medio de un ruido ensordecedor, el techo de la celda desapareció de pronto como aspirado por una fuerza invisible mientras una luz cegadora bañaba la estancia y un viento arremolinado levantaba en el aire los folios manuscritos de Melquíades Paradís, cuyo cuerpo sin vida seguía en el suelo, yaciendo en medio de un charco de sangre viscosa. 
Engracia protegía sus ojos con la mano que le quedaba mientras gritaba “¡Llevadme, sacadme de aquí!” sin saber en realidad si estaba elevando su plegaria a una nave vulcana o un Apache de Blackwater. Entonces, como si hubiesen entrado todos ellos en la TARDIS del Doctor Who, Engracia, el cadáver de Melquíades, los kosovares y sus putas, desaparecieron por ensalmo del penal de Drenovë sin dejar rastro antes de que el lugar entero quedase bañado por la oscuridad. Luego, el silencio. La nada. 

Para el resto del mundo –que seguía con su cotidianidad sin imaginar lo ocurrido- el proyecto secreto de Karel y su comando de la UÇK, la historia sin pies ni cabeza de Pablo Gil, Helga, Leopold Stern, el impresentable de Crisanto Valdemoro García de la Cruz o los descendientes de Josef Mengele sería para la eternidad un secreto que ignoraría de por vida, algo que –a la vista de los resultados- quizás era lo mejor para todos. 

miércoles, 16 de abril de 2014

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Maria Suckert


Nos adentramos en la semana con una selección de trabajos de la alemana Maria Suckert, una ilustradora freelance afincada en Weimar que poco a poco se está haciendo un nombre en medios editoriales de su país.

Vandenberg – Best of Vandenberg (1988)


Amigos, los seguidores de Whitesnake recordaréis ese impresionante álbum homónimo también conocido como 1987 –fabuloso John Sykes- y su sucesor, el para unos fantástico y para otros fallido Slip of the tongue. El culpable de ambas cosas fue Steve Vai, guitarrista que fue fichado por David Coverdale cuando Adrian Vandenberg –con quien había coescrito el álbum- sufrió un accidente que le impidió grabar las guitarras en el disco. Pero ¿quién era ese tal Adrian Vandenberg? Pues resulta que su verdadero nombre era Adrianus Van den Berg, había nacido en La Haya y a principios de los 80 había formado un grupo bajo su propio nombre –Vandenberg-, algo natural tratándose del compositor de la música y letras de todos los temas de su carrera. Así, en 1982 editó Vandenberg, un año después Heading for tomorrow –ambos grabados en los británicos SOL studios y producidos por Stuart Epps y el mismo Adrian- y en 1985 el tercer y último elepé de Vandenberg, Alibi, producido esta vez por Jaap Eggermont en los Soundpush studios de Holanda y con portada –como su predecesor- del mismísimo Adrian Vandenberg, que como podéis ver es todo un artista. Tras eso, Adrian fue contactado por David Coverdale, quien lo fichó como músico de sesión para el 1987


Y fue precisamente después de la gira de dicho álbum, cuando Adrian se convirtió en miembro oficial de Whitesnake –aún no había llegado Vai- y ATCO decidió aprovechar la ocasión editando este Best of Vandenberg que recopilase lo mejorcito de Adrian con su antigua banda. Eso sí, en la portada pusieron una fotografía actualizada para que a nadie se le escapase la conexión Whitesnake/Vandenberg. Total, que con Adrian en guitarras, teclados y coros, Bert Heerink a las voces, Dick Kemper al bajo y coros y Jos Zoomer a la batería y coros, en 1988 llegó a las tiendas este cedé que hoy os presento con el siguiente track list

Your love is in vain 
Nothing to lose 
Rock on 
Burning heart 
Wait 
Welcome to the club 
Prelude mortale 
Alibi 
Different worlds 
Pedal to the metal 
Fighting against the world 

El cedé se inicia con la estupenda Your love is in vain, una cancioncilla rockera con un riff simple pero efectivo en la que Adrian no destaca demasiado en el solo. Sin embargo, a veces son las cosas sencillas las que nos llaman la atención. Una acústica nos introduce entonces en Nothing to lose que rápidamente se convierte en una de mis preferidas del álbum, esta vez sí, con un solo de Vandenberg un poco más resultón. Rock on es un tema que también me gusta y en el que –como en la mayoría de los de este cedé- el protagonismo se lo llevan la voz de Bert Heerink y la guitarra de Adrian, que –pese a no ser un guitar hero ni un virtuoso- cumple a la perfección a lo largo de todo el álbum aportando lo necesario a cada canción. Burning heart es una balada preciosa –otra en la que el guitarrista utiliza acústica- con un solo que me recuerda el sonido de los primeros álbumes del Michael Schenker Group. Y entonces llega Wait, un temazo –más acústicas- de los imprescindibles de la banda. Welcome to the club no es de las que me entraron a la primera –y su solo es algo rarillo- pero es pegadiza y tiene un estribillo repetitivo que se te mete en la cabeza. Prelude mortale es una instrumental con acústica –a estas alturas ya ha quedado claro que Adrian es un enamorado de ellas- que sirve de introducción a Alibi, tema homónimo del último disco de la banda antes de su desaparición. Tiene unos coros leppardianos y una producción con claras diferencias con los anteriores elepés del grupo que lo convierten en otro de mis favoritos de la recopilación. Different worlds es otra bonita balada llena de acústicas que tiene un solo estupendo. Y para el final del cedé están los temas más hard rock del álbum, con un Pedal to the metal muy recomendable –bonita melodía, coros y gran solo- y Fighting against the world, en el que destaca exactamente lo mismo. En resumen, una inmejorable manera de hacerse una idea del talento de Adrian Vandenberg, de quien –pese a formar parte de Whitesnake desde 1986- solo podíamos conocer su faceta como compositor de parte de los temas de la serpiente blanca o –algunos privilegiados- como músico en directo al lado de un Steve Vai que -era inevitable- eclipsaba al holandés. 


Años después, Adrian coescribió los temas del Restless heart de Coverdale –presiones de la discográfica obligaron a editar el trabajo como de Whitesnake- y ahí sí que tocó por fin las guitarras. Pero a esas alturas yo ya había perdido el interés en Coverdale y su carrera. No obstante, dejando el tema serpens albus a un lado, os recomiendo que –si no lo habéis hecho- conozcáis a Vandenberg y su banda. A modo de resumen, os adjunto clips de Your love is in vain, Different worlds, Wait, Prelude mortale con Alibi y Fighting against the world, aunque todo el disco es aprovechable al máximo. 

Y sí, para los observadores, eso de la parte inferior de la portada es un feo trozo de celo. Es lo que pasa con los cedés, que pese a ser de plástico son más frágiles que el cartón fino de las fundas de vinilo. Aquí, si la solapa que unía la carátula a la carcasa se rompía, ya nos podíamos despedir de un cierre correcto. Lo del adhesivo no es muy elegnte, lo sé, pero he preferido no ocultarlo en aras de la autenticidad.






¡Feliz fin de semana! 
© King Piltrafilla

Entrada publicada el pasado viernes en zeppelinrockon.com

martes, 15 de abril de 2014

Princess birthday


Hoy es el cumpleaños de mi princesa adolescente, así que me permitiréis el mensaje privado. Felicitats filla, t’estimo moltíssim.

Scott Lickstein


Al igual que me ocurrió ayer, tampoco hoy os puedo contar demasiado sobre Scott Lickstein, un artista afincado en Nueva York, formado en Maryland y propietario de la galería NOWhere Ltd que utiliza la pintura, la fotografía, el vídeo y el collage para expresar su creatividad. Sin embargo, me ha llamado la atención lo suficiente como para no dejar pasar la ocasión de presentaros parte de sus obras.